Las Caras de Bélmez: ¿más de 45 años de fenomenología paranormal?

Parece que fue ayer cuando María Gómez Cámara, hasta ese momento, una completa desconocida y vecina del Bélmez de la Moraleda (Jaén), descubriese en su casa el primero de los muchos rostros que todavía estaban por ver la luz. Sin embargo, más de 45 años han pasado desde que, el 23 de agosto de 1971, se percatase de que, en el suelo de su cocina, comenzaba a emerger lo que, claramente, parecía un rostro humano: un varón con bigote, grandes ojos y boca abierta se atrevía a observarla mientras cocinaba, aunque no tardaría a ser tapado con yeso. Pocos días más tarde, nuevos rostros se añadieron a los de este varón, apareciendo y desapareciendo a su antojo, tomando la vivienda de María como suya propia.


Desde que, en noviembre de ese mismo año, un diario local se hiciese eco de aquel extraño fenómeno, numerosos investigadores de mayor o menor prestigio se han desplazado durante cuatro décadas hasta Bélmez de la Moraleda, en busca de respuestas. Curiosamente, aún a día de hoy, el fenómeno carece de una solución definitiva: las diversas hipótesis oscilan entre la autenticidad de un suceso calificado de paranormal y el fraude que permitió a Bélmez pasar de ser un pueblo sin pena ni gloria a un gran receptor de turismo. En realidad, ambas conjeturas podrían gozar de la misma credibilidad, sobre todo si se tiene en cuenta que, durante un determinado período de tiempo, el fenómeno pareció paralizarse para resurgir de la mano de investigadores y periodistas de renombre, como Pedro Amorós, presidente de la SEIP, o Iker Jiménez, del programa Cuarto Milenio. A su vez, y poco después de la primera aparición, en unas excavaciones también fueron localizados restos óseos, además de corrientes de agua subterránea, lo que podría explicar de forma normal o paranormal un suceso que, independientemente de su causa, ha continuado en boca de muchos durante años. 


Es posible que el turismo del misterio o turismo paranormal tuviese su origen en las famosas Caras de Bélmez: si bien es cierto que las caras que resurgieron gracias a la investigación más reciente eran extremadamente diferentes a las originales, todo apuntaba a que aquello contribuiría a aumentar el negocio de la hostelería o el alojamiento como hiciese en su día, durante la década de los 80 y principios de los 90. Sin embargo, la realidad ha sido muy diferente, y lo que podía haber resurgido, ha ido en detrimento con el paso de los años: parece que no es oro todo lo que reluce, ni caras todo lo que aparece en las paredes de la casa de la ya fallecida María, pues ni visitantes, ni alojamientos ni restaurantes… Nada parece quedar en Bélmez de la Moraleda, nada salvo los 1.646 habitantes que, en el año 2016, registró el Instituto Nacional de Estadística. Incluso la casa que, algún día, habitó María Gómez Cámara se ha ido deteriorando notablemente, mientras un viejo cartel luce en su puerta, con día y horario de visita. 


En febrero de 2013, y en un intento de mantener con vida los más de 45 años de fenomenología, el Ayuntamiento de Bélmez inauguró el Centro de Interpretación de las Caras, financiado por la Unión Europea. Afortunadamente, y a pesar de toda la controversia que generó, el centro no valora el origen de las caras, ofreciendo una perspectiva social e histórica que permite al turista extraer sus propias conclusiones en base a unos hechos expuestos. Sin embargo, y como era previsible, entre semana suele estar cerrado por falta de público: parece que las Caras de Bélmez han pasado a mejor vida. Todo ello obliga a formular una pregunta: después de todo lo vivido, ¿el fenómeno de las caras seguirá su curso habitual, tal y como comenzaría hace 45 años? ¿Seguirán tomando esos tétricos rostros la vivienda de la fallecida María, burlando la presencia de notarios, investigadores y periodistas? ¿O todo ha quedado en el más absoluto olvido? 

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