La muerte del Cónsul: un crimen sin resolver

Durante la mañana del 27 de marzo de 1982, D. Alfonso Martínez Saura, propietario del Hostal El Cónsul, fue visto por última vez en las inmediaciones de aquel tétrico edificio, de muy difícil acceso y construido en lo alto de una colina. Su asesinato fue uno de los horribles crímenes sin resolver acaecidos durante la España de la transición, uno de tantos que, si bien es cierto que su investigación parece haber quedado olvidada en lo alto de una estantería polvorienta, jamás se ha dejado de hablar de ello en Los Camachos, pedanía de La Unión (Murcia). D. Alfonso fue asesinado de una forma misteriosa, mezquina y violenta, y así fue encontrado aquel mismo anochecer por D. Antonio Mata, amigo y agente de la Policía Local, que había acudido hasta allí tras el aviso de uno de los camareros: esa tarde, el local permanecía extrañamente cerrado, por lo que, tras llamar a la puerta en numerosas ocasiones, D. Antonio rompió una ventana con su linterna hasta percatarse de la presencia del cuerpo sin vida del Cónsul junto a la barra del bar, rodeado por un charco sangre, con todas las puertas y ventanas cerradas desde dentro. Tras certificar su muerte, se contabilizaron un total de 63 puñaladas realizadas con un pequeño objeto punzante, el cual no había alcanzado ninguno de sus órganos vitales.

Las pesquisas policiales no fueron capaces de aclarar nada: si bien es cierto que se practicaron algunas detenciones, nadie consiguió aportar pistas. El arma del crimen no fue localizada, la víctima tenía un mechón de pelo cogido de la mano y su cartera apareció algunos días más tarde en un camino cercano, con su contenido intacto. Eliminada la hipótesis del robo, el crimen quedaría sin resolver, rodeado de un profundo halo de misterio y con dos únicas pistas: un edificio, frío y alejado de toda civilización, completamente cerrado desde el interior, y una muerte lenta y agónica.


En el momento de su muerte, D. Alfonso era un hombre separado y muy diferente al resto de la población: sus excentricidades eran demasiadas, tantas como las bromas que hacía con respecto a la presencia de fantasmas en su día a día. En su juventud, viajó por África y alcanzó el cargo de diplomático en Costa de Marfil, donde consiguió cerrar algunos negocios de éxito; sin embargo, a su vuelta, comenzaría a vestir largas y coloridas túnicas, extravagantes y típicas vestimentas africanas como reflejo de una nueva obsesión que había empezado a crecer en él. En 1974 adquirió unos terrenos ubicados en una complicada localización donde, finalmente, inauguraría su negocio en julio de 1977, tres años más tarde: al final de un camino agrícola, en lo alto de una colina, se ubicaría el Hostal El Cónsul, en un entorno rodeado de naturaleza, alejado de la civilización y bien comunicado. Aquel edificio disponía de numerosas habitaciones, bar, restaurante, zonas deportivas y otros tantos servicios bajo una decoración más propia del continente africano: artesanía y arte de aquella zona culminaban un ambiente pintado de negro, amarillo y naranja.


Las habladurías de las gentes de la zona tienen un nexo común. Concretamente, los vecinos llevan barajando sus propias hipótesis todos estos años en base a una serie de eventos que se celebraban en el hostal a puerta cerrada: fiestas privadas, timbas de cartas, circulación de coches de alta gama en su aparcamiento, tráfico de drogas, prostitución, apuestas, tráfico de valiosos objetos africanos, etc. Además, se dice que, tras regresar de África, D. Alfonso se había aficionado a la santería: pocos días antes de su muerte, en una de esas fiestas, comentó que alguien había llamado a su puerta y que, cuando abrió, no había nadie.

Actualmente, del Hostal El Cónsul tan sólo quedan vestigios de la escena de un crimen atroz que todavía sigue en el aire: tras más de treinta años, el gamberrismo y la búsqueda de fantasmas han acabado con la esencia de lugar cargado de enigmas, como el hecho de que su estructura general tenga una forma de ojo de cerradura. La investigación jamás arrojó ni un solo ápice de luz sobre el crimen, por lo que sería interesante establecer una serie de hipótesis, algunas de ellas, no manejadas anteriormente.


Para empezar, existe la posibilidad de que el presunto asesino fuese alguien conocido de D. Alfonso, una persona de mucha confianza al que autorizase a entrar. De ahí que todas las puertas y ventanas estuviesen cerradas desde dentro y ya no sólo eso: que este sujeto conociese cada rincón para poder escapar sin dejar rastro tras el suceso. Este hecho se confirma con algo tan nimio como la presencia de un patio central al cual sólo se tiene acceso desde el exterior: la planta superior e inferior del hostal tan sólo se comunican a través de una serie de escaleras exteriores, inclinadas y retorcidas, en absoluto a través de escaleras interiores. Por ello, y teniendo en cuenta que el cuerpo de D. Alfonso fuese encontrado en la zona de restauración de la planta superior, el presunto criminal pudo, perfectamente, huir por los tejados, sin necesidad de ser una persona extremadamente fuerte ni tampoco precisar una escalera, pues los techos no son excesivamente altos. Por tanto, también es posible que el perpetrador entrase a través de este patio, llevase a cabo su objetivo y saliese de la misma forma, sin mediar ni un sólo ápice de confianza entre ambas partes. Por supuesto, también existe la posibilidad de que fuese tanta la confianza que el sujeto tuviese una copia de las llaves del hostal.

En los últimos tiempos, también se ha barajado la hipótesis de la existencia de una serie de desniveles en el suelo de la planta inferior. Esos desniveles ocultarían un conjunto de túneles subterráneos que podrían comunicar el interior con el exterior del edificio y que, hasta la fecha, no hubiesen sido descubiertos. No obstante, y a pesar de que a priori resulte necesario descartar esta opción, sí existen algunos desniveles en el terreno, resultantes tras el derribo de algunos tabiques y corregidos con piezas de suelo original. Por tanto, y teniendo en cuenta que la construcción el edificio se llevó a cabo desde cero en unos terrenos adquiridos, ¿por qué derribar tabiques posteriormente? ¿Cuál es el motivo que obligó a D. Alfonso a corregir la estructura interior tras la construcción? ¿Puede que esas correcciones se realizasen después, tras su asesinato?


En el año 2009, la SEIP llevó a cabo una de sus investigaciones parapsicológicas tras estos muros, y obtuvieron una serie de interesantes psicofonías de voces masculinas y femeninas, las cuales recogían palabras y frases malsonantes, como fruto de una discusión. Con ello, y una vez suprimida la motivación del robo o sustracción de pertenencias, la probabilidad del ajuste de cuentas o del crimen pasional cobra un mayor protagonismo como parte de una investigación policial repleta de notables carencias. Puede que la mayoría de las pistas fuesen borradas de forma intencional por el autor (o autores), pero se reconoce la presencia de un mechón de pelo sobre la mano de D. Alfonso, cuando yacía muerto a los pies de la barra del bar, el cual no fue analizado, ni mucho menos se trató de averiguar cuál fue el objeto que provocó la muerte de la víctima tras 63 puñaladas. No son pocos los investigadores que consideran que algo de paranormal existe tras este crimen, uno de los más misteriosos de la historia de Murcia. Sin embargo, la escasez de medios técnicos de la década de los ochenta desembocó en la desaparición de la posibilidad de obtener respuestas, ahora ya, un reto imposible, por el paso del tiempo y por la gran cantidad de personas que, a diario, se desplazan hasta el edificio.

Tras barajar numerosas hipótesis en base a una serie de circunstancias, todo apunta que, fuera por la razón que fuere, no se pusieron en marcha todos los mecanismos policiales y de justicia necesarios para dar respuesta a la gran cantidad de secretos que, aún a día de hoy, oculta la muerte de D. Alfonso Martínez Saura. D. Alfonso era un ser singular y extravagante, pero fue encontrado muerto y desangrado junto a la barra del bar de su propio hostal, una barra que pudo ser testigo de numerosos acontecimientos que jamás podrán ser desvelados.


Cano Alarcón V (2017). La muerte del Cónsul: un crimen sin resolver, en Todo Paranormal [Internet]. Disponible en: http://www.todoparanormal.net/2017/01/09/la-muerte-del-consul-crimen-sin-resolver/.

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