sábado, 15 de abril de 2017

El Tren Fantasma Teruel - Alcañiz

164 kilómetros de ruina, de promesas y de sueños rotos... 164 kilómetros de desilusiones. Esos son los conceptos que mejor podrían describir el proyecto turístico que, hace alrededor de 90 años, se convertiría en la gran oportunidad de unir las localidades de Teruel y Alcañiz a través de una línea ferroviaria que, finalmente, quedó en la más absoluta nada. Circular por la N-420 ofrece una imagen desoladora de lo que pudo y no fue... De las ruinas de multitud de infraestructuras que bajo ningún concepto hubiesen quedado aisladas: según el historiador Serafín Aldecoa, la línea Teruel-Alcañiz hubiese formado parte de un corredor que partía de Baeza (Jaén, Andalucía) y que hubiese llegado hasta Saint Girons (Francia), uniendo tramos muy separados en la distancia bajo un compromiso de prosperidad. 


Las obras se iniciaron hace 90 años, en 1927 y bajo la dictadura de Primo de Rivera, bajo el Plan Preferente de Ferrocarriles de Urgente Construcción, que abarcaba unos 275 kilómetros. La línea Teruel-Alcañiz pasaría por las localidades de Tortajada, Villalba Baja, Cuevas Labradas, Peralejos, Alfambra, Perales del Alfambra, Orrios, Fuentes Calientes, Cañada Vellida, Mezquita de Jarque, Valdeconejos, Escucha, Palomar de Arroyos, Castel de Cabra, Cañizar del Olivar, Gargallo, Los Olmos, La Mata de los Olmos, Alcorisa, Foz Calanda, Calanda, Castelserás y Alcañiz, de la mano de las ideas del ingeniero Bartolomé Esteban. Si bien es cierto que las obras se paralizaron en 1930, se reanudaron poco después hasta 1932 y bajo la Segunda República, nueva interrupción que, al no ser definitiva, permitió mantener la esperanza de empleo de los más de 2.000 trabajadores. En 1935, la carencia de recursos económicos, la llegada de la Guerra Civil y el desinterés político generalizado frenaron un proyecto que quedaría calificado como poco rentable. 


Hoy en día, una procesión de estaciones y tramos ferroviarios permanecen en ruina... El paso del tiempo se ha cebado con los restos de un naufragio muy anterior al estallido de la burbuja inmobiliaria, transmitiendo una sensación melancólica y desasosegada. Gran parte de la traza de la vía, sus desmontes, trincheras, túneles, andenes y muelles ya son historia. Cientos de asalariados que habían emigrado hasta tierras turolenses para dejarse la piel en la construcción de aquella línea se quedaron en la más absoluta miseria: pasaron de ser víctimas del sistema laboral republicano a ser víctimas de una pobreza empeorada por el rastro amargo de la guerra. Esperanzas rotas, edificios a medio construir y trenes sin destino en un entorno del que sólo quedan vestigios y batallas de viejo por contar.


En los últimos años, algunos municipios parecen haber ido contemplando la posibilidad de rehabilitación de las viejas instalaciones: a partir del año 2002, un proyecto de recuperación se centró en la limpieza de túneles y caminos, eliminando piedras y basuras acumuladas en una idea de vía verde, a sabiendas de que, jamás ningún tren, había circulado por aquellos lugares. Se trata del municipio de Alfambra que, desde aquel momento, comenzó a promover la creación de un proyecto que permitiese comunicar Teruel y Zaragoza, aproximando todas aquellas poblaciones que jamás olvidan el nonato ferrocarril Teruel-Alcañiz.


No hay viajero que, aún hoy en día, no continúe preguntándose los motivos por los cuales aquella obra civil de gran envergadura, intercomarcal e interprovincial, con sus trazados de vía y sus estaciones, jamás pudo ver la luz, a pesar de haber prometido una dinamización del turismo y, con ella, el deseo innato de crear otras actividades económicas, que permitieran un nuevo aprovechamiento de los recursos disponibles y, por qué no, dejar atrás la extendida idea de ruralidad. La mayoría de esas estaciones, de estilo modernista y exactamente iguales entre sí, se vienen abajo por sí mismas... Por suerte, no todas: el municipio de Perales de Alfambra ha trabajado duro en su rehabilitación como albergue juvenil, respetando el estilo de la época y la arquitectura industrial de principios del siglo pasado.


En la cercana localidad de Alfambra, con tan sólo girar la cabeza, es posible observar varias esculturas, situadas muy próximas a las ruinas de su estación: un grupo de personas, talladas en metal, esperan llegar el ferrocarril, otra escultura, que se encuentra unos tres kilómetros más adelante, sobre el puente de La Venta. Son sólo huellas de un sentimiento común, de una gran pérdida... De un tren fantasma en toda regla resultado del inútil esfuerzo de cientos de trabajadores, de los sueños rotos de una población que, aún a día de hoy, se siente completamente abandonada.

2 comentarios:

  1. ¡Muy interesante! ¿Dónde fue tomada la última foto? Gracias.

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    1. ¡Muchas gracias! La última fotografía pertenece a la estación abandonada de Villalba Baja, en Teruel. Es otro plano del mismo lugar que aparece en la primera de las fotos publicadas, :)

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