martes, 19 de julio de 2016

La Casa del Tío Chispa

"(...) Harta de (sus) infidelidades (...) y de sus malos tratos psíquicos e incluso físicos, (...) planificó la forma de poner fin a la situación. En la noche (...) suministró a su marido somníferos (...) para dejarle indefenso. Luego, pese a que sabía que horas después llegarían los dos sicarios contratados para asesinarle, se quedó dormida (...)"

Ese aparente final sólo era un comienzo... El comienzo de la historia de un crimen real que mantuvo en jaque a las autoridades durante varias semanas, comprobando las distintas coartadas hasta descubrir, gracias a las pesquisas, que la presunta inductora chantajeó a su padre para reunir la gran suma de dinero que pagaría a los presuntos sicarios: un total de seis millones de las antiguas pesetas. La Casa del Tío Chispa se convertiría, por tanto, en una parte indispensable de aquel crimen cuando los tres individuos, a la mañana siguiente de la noche de autos, trasladaran, presuntamente, el cadáver a esta vieja casa en ruinas, para después prenderle fuego.


La Casa del Tío Chispa todavía recuerda aquellos hechos... No los ha olvidado. En la actualidad, poco queda de ella: ubicada en un promontorio muy cerca de una transitada vía, esta enorme vivienda ya presentaba esta deplorable estampa a finales de los 90, cuando se produjo el crimen. Montones de veces hemos pasado junto a ella, la hemos observado desde la lejanía, pensando en cómo sería utilizar aquel largo camino de subida, hasta alcanzar los arcos que componían el calcinado porche. Fue largo... Y costoso: las piedras y las malas hierbas habían devorado por completo el único camino de acceso.


Sólo muros de piedra medio derrumbados: eso era lo único que quedaba, insertos en un terreno muy amplio, abandonado pero enorme, cubierto de pinos y secano. Un perjudicado sendero permitía rodear una pequeña parte de la edificación, pero sin demasiada fortuna: la zona estaba completamente derruida, los restos de lo que un día fuese una enorme casa de campo ubicada en un lugar privilegiado se amontonaban unos encima de otros, como fotografías en un baúl... Como recuerdos al fondo de la mente humana. No daban lugar a la imaginación, sólo a la nostalgia.


Siguiendo los pasos de la hemeroteca, este atroz crimen fue descubierto gracias a que, de forma paralela, el director de una oficina bancaria denunció que un cliente suyo estaba siendo extorsionado por una serie de desconocidos, quienes le exigían seis millones de las antiguas pesetas: si no los pagaba causarían, presuntamente, graves daños a su hija y a sus nietos. Este cliente no era otro que el padre de la inductora, quien, aconsejado por su ella, obtuvo un préstamo de tres millones para hacer frente a una extorsión que creía provocada por su yerno, que no era otro que el asesinado.


Una llamativa piscina se ubica dentro de la propiedad: con dos niveles de profundidad y hoy en día totalmente cubierta de pintadas, junto a ella se ubicaba una especie de zona de recreo (posiblemente, una barbacoa) y unos vestuarios subterráneos, con su propia escalera de acceso excavada en la tierra. Este hecho nos invitó a imaginar que, quizás, la propiedad no era tan vieja como aparentaba ser, que era posible que hubiese sido la mano humana la que, principalmente, la hubiese obligado a envejecer, condenándola al abismo de la nada.


Tras los arcos, el mundo era totalmente diferente: la luz, las sensaciones e, incluso, la temperatura, tomaban otro cariz, como para adaptarse a su propia realidad. Todo estaba negro, calcinado e, incluso, si uno cerraba los ojos, era capaz de percibir ese olor que emiten los cuerpos al carbonizarse, al ser devorados por unas llamas involuntarias o intencionales. Era imposible no hacer ruido: cada paso sonaba ensordecedor, caminando sobre tal cantidad de escombros, mientras una helada brisa en pleno verano se colaba por cada agujero. Esa brisa helaba la sangre, acallaba los sentidos y lanzaba miles de preguntas... Preguntas, evidentemente, sin respuesta. 


Ante nosotros se hallaba la antigua fórmula para ascender a las plantas superiores: las escaleras, totalmente derruidas y desparramadas en bloques. Por desgracia, sólo fue posible rodearlas y tratar de introducirse en todos los rincones posibles de esa planta inferior, observando cada rincón con detenimiento, con la angustia propia de aquel que va con prisas y que no conseguirá llegar a tiempo a su primera cita. Fuimos capaces de captar alguna que otra llamativa instantánea, con la esencia de un paraje desolador, tan triste como solitario, donde un viejo patio central y algunos corrales son algo de lo poco que todavía se atreve a mantenerse en pie.


Según cuentan, la policía logró identificar su cadáver tras localizar el establecimiento donde había adquirido un reloj hacía tres meses... Reloj exclusivo, que contenía una numeración y el cual dejarían abandonado a su suerte en un cuerpo todavía humeante. La esposa, en esos días, había faltado a su trabajo, lo que acabó por determinar quienes eran, realmente, los sospechosos. Si bien es cierto que la acusada cambió su versión, finalmente, el jurado la declaró culpable del delito de asesinato, al igual que a uno de los jóvenes, aunque ambos negaron en todo momento su participación.


Estos hechos marcarían para la Casa del Tío Chispa... Como el fuego y el hierro marcan la piel de un tierno cordero. Tanto es así que montones son las historias que se cuentan... Y más los ruidos que, de noche, dicen que pueden escucharse. Nos cuentan que alguien habita aquellos viejos muros, y que ese alguien no está en nuestro mundo... Puede que esté algo más allá, que no podamos verle pero sí sentirle, percibir su presencia e, incluso, su olor... Un aroma triste, melancólico y perdido, más propio de aquellos que no pudieron despedirse.