domingo, 25 de octubre de 2015

El Panteón de Los Guijarro

Llevo varias semanas preparando el trabajo que hoy quiero ofreceros: no quería que le faltara detalle alguno que pudiera alterar su historia. No se trata de una entrada cualquiera, y es que muy pocos han sido los grupos de investigación que han logrado adentrarse en este lugar para obtener material, ya sean psicofonías, vídeos o algunas fotos... Es un lugar privado, totalmente cerrado al público y que apenas ve la luz del sol una vez al año, más concretamente, el día del Homenaje a los Mártires de la Libertad. En el siglo XIX, este lugar fue testigo de una serie de fusilamientos que, aún hoy en día, se recuerdan... Ya no sólo por la fecha, sino por las experiencias fantasmales que los vecinos de la zona relatan haber vivido en sus alrededores.


Hoy nos desplazamos hasta el Panteón de Los Guijarro, ubicado en un montículo entre dos conocidísimos barrios de la ciudad donde nos hallábamos, y el cual llevábamos contemplando desde hacía años, preguntándonos cuándo sería el día en el cual pudiésemos adentrarnos en un emplazamiento tan peculiar como aquél. Ese día llegó y, gracias al grupo de investigación Otra Realidad, conseguimos pasar un par de horas en su interior, tomando fotografías a diestro y siniestro, con la única intención de captar alguna de esas almas que vagan sin rumbo por su interior, con la esperanza de que alguien escuche esos mensajes que quieren transmitir.


Dicho panteón fue levantado entre 1799 y 1803, proyectado por el arquitecto A. Jover; sin embargo, fue Màrius Bevià el encargado de su restauración hace ahora casi veinte años, en 1997. En la actualidad representa un icono, un elemento esencial del paisaje para todos aquellos que conocemos la zona y recorremos la Autovía del Mediterráneo con asiduidad, sobre todo si tenemos en cuenta que, con el desarrollo de la civilización, ha quedado aislado, como en medio de la más absoluta nada, entre campos sin cultivar y derrochando elegancia, la misma que en tiempos pasados. Allí, nada puede romper el silencio... O casi nada.


A partir de las 7 y media de la tarde, con poca luz debido a la tormenta que estaba por llegar, nos hallábamos ante aquella pequeña capilla-panteón, de estilo neoclásico, no vinculada a ningún cementerio (esta práctica se prohibió en 1805, poco después de su construcción, por motivos de salubridad). Es un edificio único, ya no sólo por sus características generales, si por ser el único recinto funerario de carácter civil ubicado fuera de un cementerio en toda la provincia.


Inicialmente, este panteón estuvo integrado en un edificio exento, rodeado por una tapia de mampostería repleta de detalles ya desaparecidos. Por desgracia, en 1985, el panteón sufrió varios saqueos, robando sus asaltantes hasta varios cráneos de la familia Guijarro e, incluso, colgando un esqueleto decapitado del muro del panteón. Macabro, ¿verdad?


En la actualidad dispone de una ermita circular, con un volumen cubierto por una cúpula semiesférica con teja curva. Además, podemos comprobar que tiene un cuerpo adosado en su parte trasera y una cripta de planta octogonal en el semisótano. Por su parte, el acceso se encuentra por el lado norte y, frente a él, existe un pequeño altar... En los restantes lados se encuentran, por tanto, los nichos de enterramiento. En el nivel superior, al cual se accede por una escalera exterior de dos tramos, encontramos la capilla... Además de una especie de museo dedicado al Liberalismo en España, al que se asciende a través de una escalera metálica.


Fuimos de los primeros en cruzar el umbral de aquel mausoleo familiar levantado a expensas del noble que fuera Regidor Real de la ciudad: el ilustre Don José Guijarro de Espinosa. La circulación de energías se hizo patente desde un primer momento, sobre todo a partir de que las cercanas luces (favorecidas por los bajos techos), contribuyeran a crear un ambiente calorífico, ardiente... Impropio de un lugar rodeado de mármol. Los techos, llamativos por su ostentosa decoración, parecía que fueran a caer sobre nosotros en cualquier momento... Al fondo, los restos de cinco lápidas todavía resistían, sobre el altar... Mientras, en el centro de aquella angustiosa estancia, todavía se albergaba la entrada a una especie de fosa subterránea.


Cada año, este lugar es testigo de un homenaje a los Mártires de la Libertad, en recuerdo a los militares liderados por Pantaleón Boné que sublevaron contra Isabel II, siete de los cuales fueron fusilados allí mismo, un día tan especial como es el 14 de febrero de 1844. De hecho, todavía encontramos algunas coronas y símbolos que nos recuerdan estos homenajes, abandonados a su suerte en el exterior del edificio... Víctimas del olvido y la ruina. Los encargados de esta tarea son los miembros dela Comisión Cívica Panteón de Guijarro, que tras lograr la restauración del monumento, cada año reivindica el papel de aquellos que apostaron por la libertad.


Por desgracia, en la actualidad, el panteón recibe un inexistente mantenimiento... Si bien es cierto que está cerrado, permanece abandonado a su suerte, ante la humedad y el vandalismo. Pero ello no impidió que nos dirigiéramos a la planta superior, a disfrutar la capilla... ¡De aquella vistosa y llamativa capilla! La espectacular combinación de colores conspira casi a la perfección con la ausencia de símbolos cristianos. A pesar de este hecho, podemos ver diversos altares, dedicados a Santa Catalina, a San Juan Bautista y a la Virgen de los Dolores, rodeados de detalles que culminan en una fantástica cúpula, horadada por ocho pequeñas ventanas enmarcadas por pilastras.


El púlpito, hoy en día, está inaccesible, pero sí se pueden tomar unas escaleras metálicas, hasta acceder a la zona destinada a museo... Si bien es cierto que la humedad está haciendo estragos y devorando todo cuanto encuentra a su paso, varios tablones nos muestran reproducciones de textos originales, escritos a puño y letra... También postales, fotografías y mapas, todo relacionado con una etapa bélica... Parte de nuestra historia. Las noticias ocupan parte importante del espacio, y nos trasladan a una época de conflictos y disparos. Quizá todo ello contribuyó a crear una atmósfera compleja, asfixiante, donde parecemos sentirnos observados en medio de una bajada brutal de las temperaturas...


Recuerdo que, en un momento dado, los detectores de movimiento comenzaron a sonar sin ton ni son en esa zona, a pesar de que, todos los presentes, nos hallábamos en el interior de la capilla... Fue en ese momento cuando subimos a tomar, nuevamente, algunas fotografías, captando en algún momento pequeños orbes en la escalera... Sí, esos fenómenos en forma de círculo luminoso que suelen aparecer en las fotografías digitales y cuya existencia genera tanta polémica. ¿Qué opináis vosotros acerca de este curioso fenómeno? ¿Se trata de pequeños orbes, o sencillamente motas de polvo?


La noche cayó sin piedad sobre todos nosotros... Y podemos afirmar que fue muy provechosa. Algunos compañeros fueron capaces de captar algunas psicofonías y otras curiosidades en sus cámaras de vídeo o grabadoras... De hecho, queremos compartir con vosotros un vídeo-montaje realizado por la compañera de Enigmas de Medianoche, con la mayoría del material que se pudo recopilar aquella noche. Hoy soy yo la que aprovecho para narraros algo de su historia y mostraros fotografías, algunas de ellas, con elementos que no debemos pasar por alto.


Por desgracia, de su primitivo patio no queda absolutamente nada: ni la portalada neoclásica, ni la cruz del patio, ni los cipreses ni los azulejos representativos... Nada salvo un muro de hormigón, ubicado seguramente en el lugar aproximado donde fueron fusilados aquellos siete pobres mártires.


Aquella noche disfruté al máximo del silencio exterior, utilizando algunas piedras a modo de trípode, tratando de captar el aura de todas esas almas que conocieron la muerte en aquella zona, que cada año honra aquel suceso con todo el cariño. Las primeras gotas de lluvia ensuciaron mi objetivo, mientras un aire gélido totalmente ajeno a la época estival erizaba nuestras nucas... Quizá fue todo aquél entramado de sucesos los cuales, combinados con aquel siniestro entorno, irrespirable y sofocante, los que acabaron por inspirar estas letras que hoy compartimos: 

"(...) Sentir esa sensación de curiosidad, cual niño pequeño, era algo que no podía controlar: los nervios a flor de piel y más de cinco sentidos activos acompañarían, aquella tarde, mi estancia en un lugar nuevo... Totalmente desconocido (...). Cada uno de aquellos colores quedarían grabados, para siempre, en mi retina, siempre celosa de aprender... De conocer (...). Como bien dice una amiga, incluso varios minutos después de fallecer seguimos aprendiendo... ¿Cómo no vamos a aprender, si ponemos todo de nosotros ante cada situación vivida... Ante cada momento irreemplazable? (...). Muchas eran las preguntas que me lanzaba aquella noche... Tantas... Que no fui capaz de darme cuenta de qué era aquello que, en la parte más elevada de aquél panteón, hacía subir la temperatura, aún a sabiendas que el aire exterior comenzaba a ser gélido... Tampoco fui capaz de entender por qué, en varias ocasiones, las baterías de mi cámara se agotaron sin razón para volver a funcionar una vez fuera del recinto... Y, ni mucho menos, en qué consistiría, exactamente, aquello que hizo saltar el detector de movimiento más alto... Cuando las luces se encontraban apagadas y y ya nadie se hallaba en su interior (...)."

sábado, 17 de octubre de 2015

Pantano de Crevillente

Aquella lluviosa tarde teníamos una cosa clara: la tormenta no iba a frenar nuestras ansias de disfrutar de bellos rincones. La Cuesta Mágica de Crevillente tan sólo sería la primera parada de las varias que haríamos a lo largo de nuestro trayecto... Pues, a pesar de que los nubarrones avanzaban hacia nosotros a pasos agigantados, creaban a su paso bellas imágenes, dignas de ser inmortalizadas por el mejor pintor al óleo. Hoy os mostramos el resultado de los distintos descansos en torno al Pantano de Crevillente (Alicante), embalse ubicado en un barranco que, en cierto modo, nos recuerda a los lagos artificiales de los cuentos de hadas.


Construido en el año 1985 en el cauce del conocido Barranco del Bosch, ocupa una superficie total de 108 hectáreas y cuenta con una capacidad máxima aproximada de 13 hectómetros cúbicos. A diferencia de la mayoría de los pantanos, éste no dispone del aporte más o menos continuo de un río, lo que lo ha convertido, más bien, en un embalse donde se deposita el agua procedente del Trasvase Tajo-Segura para, posteriormente, ir distribuyendo tan preciado bien según las necesidades de la población. Por tanto, podemos afirmar que su nivel de agua no depende de las precipitaciones ni de la época del año: se debe a las condiciones del río Tajo y de los trasvases permitidos por el Gobierno.


A día de hoy, el pantano rezuma agua, y es que su capacidad de almacenamiento oscila el 85%, motivo principal de tan bella instantánea. Lo más curioso es que la carretera que lo rodea va descendiendo cada vez más, hasta prácticamente tocar el agua con la punta de los dedos. ¿No es maravilloso? De hecho, hasta se puede apreciar cómo, en algunos tramos, los viejos caminos van naufragando en las aguas del embalse, agrietándose los restos de asfalto y desmoronándose poco a poco... En sus orillas, se puede observar casi sumergidos árboles que, en ningún momento, son especies acuáticas.


En nuestra primera parada, fuimos capaces de comprobar cómo aquellas negras nubes se reflejaban en el agua, dando lugar a unos espectaculares destellos... Una especie de realidad completamente paralela, pero exactamente igual a la que estábamos viviendo. Parecía como si, de un momento a otro, aquel cielo oscuro nos fuera a absorber sin piedad, devorándonos hasta pasar a formar parte de aquella imagen. Es en este momento cuando pienso que no podíamos haber escogido un mejor día para realizar aquella visita tan especial...


Por su parte, el Pantano de Crevillente cuenta con una presa de gravedad de unos 54 metros de altura y 360 de longitud, aunque no es tan vistosa como la del Pantano de Elche. La anchura de su corona oscila los 12,5 metros, y se intuye que su profundidad total desde el fondo del barranco está cerca de los 55 metros. ¡Qué brutalidad! 55 metros de agua que cubren todo aquello que no podemos ver... ¿Qué secretos esconderán las profundidades de este embalse? ¿Qué gran cantidad de objetos habrán visto la misma cara de la muerte bajo tanta oscuridad? ¿Puede que, también, alguna persona?


Si bien es cierto que existe una carretera que conduce directamente a la presa, queda totalmente prohibido el paso a toda persona ajena a la misma. Por ese motivo, continuamos haciendo paradas, divisando carteles que prohíben el baño (lógicamente) y comprobando la gran cantidad de maravillosos rincones que nos puede brindar este lugar: sendas, zonas de vegetación terrestre y acuática, pequeños brazos de tierra inundados y convertidos en islas y, sobre todo, agua limpia y transparente. Incluso, es posible distinguir la ruina de alguna vieja edificación o algunos eucaliptos que tratan de sobrevivir a la inundación.


Entre los habitantes de los pueblos colindantes circula la leyenda de que, cuando el pantano reduce su caudal, es posible divisar restos de vehículos sumergidos al fondo de sus aguas... De hecho, ésto se lleva diciendo desde que, hace alguna que otra década, se produjese este curioso suceso o, al menos, eso es lo que cuentan. Por supuesto, desconocemos si es o no cierto, pero las habladurías continúan.


A veces me pregunto... ¿Sería un curioso lugar para realizar algún tipo de investigación? ¿Qué pensáis al respecto? Y, sobre todo, ¿qué esconderán esas profundas aguas? 

lunes, 12 de octubre de 2015

La Cuesta Mágica de Crevillente

¿Nunca habéis pensado que, en algunas situaciones, el mundo gira al revés? ¿Que es totalmente incompatible lo que sucede con lo que, en realidad, debería suceder? Sed sinceros y pensad cuántas veces se os ha pasado esa idea por la cabeza... De hecho, hay ciertos lugares repartidos por este amplio mundo en los que parece que el tiempo se para, que las agujas del reloj giran en sentido contrario y que, en definitiva, las cosas suceden al contrario de como nuestra cabeza nos dice que deberían ser. Hoy nos movemos cerca de casa, en concreto, hasta la más que conocida Cuesta Mágica de Crevillente (Alicante), un lugar conocido a nivel nacional e internacional por su curiosa forma de regalarnos unos momentos increíbles.


Hasta este lugar han llegado investigadores de todo el mundo, programas de televisión archiconocidos... Siempre con una única finalidad: dar explicación a un fenómeno que, incluso hoy en día, mantiene en vilo a la mayoría de los que lo conocen. En esta pendiente, los vehículos en punto puerto, en lugar de bajar... ¡Suben! Curioso, ¿verdad? Sobre todo para todos los que vivimos cerca y que, en nuestra juventud, hemos osado a acercarnos hasta este lugar, bien sea en coche, en moto o en bicicleta, sólo para disfrutar de aproximadamente 20 metros de contradicciones.


Aquella tarde, las amenazas de lluvia se transformaron en realidad, sorprendiéndonos en el ascenso de aquella carretera que tan bien conocíamos, en forma de un cielo oscuro y de una brisa que mojaba. Un par de rayos de sol trataban de asomar tímidamente tras los negros nubarrones, y apenas dejaban distinguir la vegetación de las montañas del fondo de aquel verde paraje. De hecho, y como si ya estuviese pensado, justo al inicio de aquel tramo, a la derecha, un pequeño hueco en el que cabe un vehículo nos permite bajar y acercarnos físicamente a nuestro objetivo... Así como echar algunas fotos.


Toda aquella nubosidad esponjosa estaba a punto de descargar toda su furia sobre nosotros, pero ello no impidió que nuestra cámara reflejase el momento... Por suerte, aquella tarde, la carretera apenas estaba poco concurrida, pudiendo haber pasado un par de vehículos y ciclistas. Todas las hipótesis se ciñen en torno a dos aspectos: bien nos hallamos ante un importante campo magnético, bien se trata de un efecto óptico provocado por su peculiar situación geográfica.


Si nos centramos en la hipótesis magnética, podríamos afirmar que existen muchos lugares en los que la distribución de la tierra circundante produce una curiosa ilusión óptica: una muy ligera pendiente hacia abajo parece ser una ardua pendiente hacia arriba. ¡A veces, incluso los ríos parecen fluir contra la gravedad! Por supuesto, esta hipótesis también está muy relacionada con la segunda, en la que un efecto óptico provocado por el entorno (en este caso, la ubicación entre montañas, el juego de luces, etc.), pueden provocar que todo fluya en sentido contrario al esperado.


En realidad, nos hallamos ante un curioso efecto óptico, que incluso se puede valorar en persona, con la típica aplicación de nivel de vuestros smartphone. Evidentemente, realizamos todos los experimentos posibles, siendo el primero de ellos el colocar el vehículo en punto muerto hasta dejarnos arrastrar por lo desconocido. ¡Y sí, así fue! El coche se desplazaba en el sentido contrario al previsto, poco a poco, hasta coger la inercia propia de la velocidad... ¡Qué sensación aquélla! Y, sobre todo, qué sensación la de ver las gotas de lluvia que iban subiendo... ¡O bajando, según la perspectiva! Lágrimas de agua que se desplazaban a la vez que provocaban nuestra contradicción. ¡Qué efecto tan curioso!


Nuestro recorrido, aquella tarde, no acabó ahí... En unos días, veréis dónde nos llevó la lluvia, pocos minutos después... ¡Sed pacientes!

domingo, 4 de octubre de 2015

La Casa de la Torreta

¡Qué curioso! A veces pensamos que conocemos a la perfección una zona cuando, en realidad, apenas tenemos constancia de lo mucho o poco que hay cinco metros más allá de su fachada... Quizá sea eso lo que nos ha sucedido con el lugar al que hoy nos desplazamos, especial y diferente, totalmente vallado y vigilado, pero con un estilo especial, que lo convierte en diferente a todo lo que hemos visto hasta la fecha. Estoy hablando de la Casa de la Torreta, también denominada Casa de la Troneta o Torre Thador por su especial fachada, la cual se ubica en un municipio que conocemos a la perfección pero que, por lo visto, sólo necesitaba una pizca más de exploración urbana y ruta senderista.


Aquella calurosa mañana, pusimos rumbo a una zona que dominábamos... Hasta descubrir la belleza de un lugar oculto ante los ojos de los curiosos, de aquellos que sólo valoran la fama más o menos reconocida de ciertos lugares que, en realidad, sólo constituyen uno más de un conjunto más grande... Mucho más de lo que nunca hubiésemos imaginado. Aquella ruta albergaba montones de secretos, en un paraje embriagador, donde la naturaleza nos sorprende con su especial protagonismo y su maravilloso color verde.


La denominada Casa de la Torreta se erige como una villa exclusiva e íntima, alejada de la civilización pero muy próxima a los municipios más cercanos, a los que apenas se llega en tan sólo quince minutos. Esta finca histórica posee, a su vez, una amplia parcela de 270.000 metros cuadrados, desde la que se puede disfrutar de unas bonitas vistas tanto del mar como de la montaña. ¿No es maravilloso? Tan tranquila, tan privilegiada, en plena naturaleza y con una gran variedad de vegetación mediterránea, entre la que podríamos destacar pinos, olivos y almendros, entre muchos otros.


Según el comercial inmobiliario que promociona su venta, la casona cuenta con un total de unos 2.000 metros cuadrados edificados, compuestos por varias construcciones, algunas más recientes que otras (algo que se nota a simple vista). De hecho, la finca es conocida como la Torreta porque, en su fachada principal, cuenta con dos enormes torres de estilo medieval. A pesar de haber visto fotografías de su interior de la mano de este comercial, de antemano sabíamos que no podríamos acceder, pero no quería perder la oportunidad de rodearla y, al menos, divisar todos sus detalles desde la lejanía... Una lejanía que mantiene su especial aura perfectamente activa.


De camino a nuestro destino, el paisaje nos sorprendía con hermosos detalles, entre ellos, una singular construcción, que simulaba ser una especie de ermita o, en su defecto, un panteón propiedad de alguna muy pudiente familia. Sin embargo, ante nosotros se alzaba la famosa Font de La Cogolla, una fuente manantial resguardada por un curioso edificio que, como mínimo, causa una siniestra impresión. Según cuentan, se trataba de un surtidor natural, que emitía agua termal a una temperatura de casi 38 grados, y al que acudían muchos de los pacientes del hospital próximo a beberla por sus propiedades minero-medicinales... Tanto fue así que el manantial se agotó... Nada queda de su importante caudal.


Dicen que, por sus galerías, discurría el agua que brotaba... Agua cálida y curativa. Tal era nuestra curiosidad que descendimos por esas galerías, en busca de ese agua que ya nunca volverá y, cuya ausencia, ha dejado esta construcción con tejado a dos aguas en ruinas, totalmente vacía, en medio de una soledad que casi duele. Sus corredores, tan estrechos y reducidos, convierten la experiencia en un cúmulo de sensaciones ansiosas, casi claustrofóbicas, hasta que se es capaz de comprobar que el final del camino está cerca...


Y seguimos el sendero, adentrándonos en la pinada... ¡Un verdadero pulmón verde! Encontramos un mirador, y una estupenda zona de recreo... Maravillosa, digna de un verdadero reportaje fotográfico. Y, más arriba, una ermita, dedicada a la Virgen del Carmen, pintada en la pared trasera del altar... De hecho, cada mes de julio, todo el pueblo sube en romería para conmemorar su santo, empujados por la devoción y la tradición. De hecho, algunos creyentes, desde el pueblo, alzan a hombros una imagen de esta virgen hasta el interior de esta ermita, ubicada en lo alto de la colina.


Finalmente, al fondo de nuestra perspectiva, se hallaba la Casa de la Torreta, totalmente vallada. A simple vista, nos llamó la atención su peculiar estilo medieval, con dos hermosas torres ubicadas a cada lado de su fachada principal. Su distribución, en dos plantas y buhardilla, rodeada de anexos más recientes, ocupaba toda nuestra atención. Poco antes de llegar hasta el muro, una especie de cenador se alza en lo alto de un pequeño montículo... Tejado a dos aguas, maderas nobles... Todo un ejemplo de buen gusto que, por desgracia, ya se está empezando a expoliar.


Según nos cuentan, toda la planta baja de esta enorme construcción estaba destinada a ser una clínica médica, con una serie de dependencias muy espaciosas que, aún hoy en día, reúnen muchas posibilidades. De hecho, es en este momento cuando pensamos cómo sería esa zona y por qué no aparece en las fotografías del grupo inmobiliario que asume su venta. ¿Quedará parte del mobiliario propio de un recinto hospitalario? ¿Material quirúrgico, quizás? Nos sentíamos enormemente atraídos por aquella extravagante propiedad.


La vivienda principal se encontraba en la primera planta, que según cuentan, ha sido parcialmente reformada, pero conservando su encanto y detalles originales: altísimos techos, pinturas decorativas al fresco, suelo original de cerámica o decorativas chimeneas se erigen como elementos diferenciales, que la convierten en especial, destacando todos esos enormes y amplios ventanales que, aunque tapiados, sabemos a ciencia cierta que ofrecerían una estupenda iluminación y unas muy mejores vistas. Además, su maravilloso patio interior y su gran buhardilla de techos de madera la convierten en un emplazamiento idílico, increíble... Que proporciona, sencillamente, una gran sensación de tranquilidad.


Resulta evidente que no conseguimos entrar... Al menos, de momento. Trataremos de gestionar una visita para poder ofreceros unas mejores fotografías, innovadoras... De un lugar desconocido para muchos de vosotros y que esperamos poderos acercar a la comodidad de vuestros hogares. Mientras, os dejo con unas letras... 

"(...) Aquella mañana, el sol provocaba ardores en la psique... El calor se hacía insoportable, causando, incluso, estragos y nerviosismo entre los insectos, que buscaban un lugar donde cobijarse en un vuelo sinsentido (...). Pero, finalmente, logré encontrarla, a un lado del sendero... Frente a un hermoso mirador (...). ¡Qué curiosa construcción! Quién me iba a decir que aquel casi derruido edificio, parecido a un panteón, no era más que un surtidor natural que emitía agua termal a una temperatura de más de 37 grados... Dicen que, hasta aquí, llegaban los pacientes del hospital cercano, hasta que agotaron el manantial (...). No pude evitar colarme por aquellos túneles, cuyas paredes, en su día, rezumaron agua pura (...). Por un momento, el frío se apoderó de mí, mientras la oscuridad comenzaba a tomar protagonismo y se hacía con todo el ambiente (...). Agazapado, seguí caminando... Hasta arrastrarme por aquella estrecha galería en busqueda de un haz de luz que guiase mi salida (...).  Y lo encontré... Y conseguí volver a respirar aire puro, sin haberme podido imaginar lo que, verdaderamente, se escondía tras los árboles (...). Allí estaba, oculta tras toda aquella naturaleza... Tan hermosa como siempre la imaginé. El camino había sido arduo, pero todos aquellos infortunios habían merecido la pena (...). Poco importaban ya mis magulladuras en las manos... Tampoco aquella herida en el tobillo, ni todo el cansancio acumulado en mi expedición: lo importante era que, tras aquellos frondosos árboles, se hallaba mi destino... Aquella enorme finca repleta de secretos de los que tanto había oído hablar (...), repleta de sonidos y susurros que estaba deseando escuchar (...). Algo totalmente desconocido comenzó a arrastrarme hacía su fachada, como una voz que solicita auxilio a todo aquél que roza su presencia (...). Dicen que, cuando la miras de frente, sientes la extrema necesidad de conocerla, de vivir su historia en primera persona... Hasta que no hay vuelta atrás (...)."