domingo, 28 de junio de 2015

La Casa del Crimen

Hoy queremos retroceder en el tiempo... Echar la vista atrás y llegar hasta agosto de 1977, mes donde, por motivos de fuerza mayor, me veo obligada a hacer una parada. La desarticulación del GRAPO por parte de las fuerzas de seguridad españolas o la muerte de Elvis Presley marcaron un antes y un después en la vida terrenal... Una serie de cambios que obligaron a la población a adaptarse a una nueva vida: la que quedaba por delante a todos aquellos que amaban el rock o la historia misma. Aún hoy en día recordamos esas fechas... Sin embargo, ¿somos capaces de hacer memoria de aquel crimen atroz que sucedió en la misma fecha y que marcó para siempre a cierto municipio alicantino? Echemos un vistazo al siguiente recorte de prensa... ABC, 18 de julio de 1982:


Según datos policiales, hace casi 38 años, un inspector jubilado del Cuerpo Nacional de Policía de 62 asesinaba de un tiro a su esposa de 39 en la casa que ambos compartían, ocultando su cadáver en un barranco cercano. Este hecho tuvo lugar en presencia de la hija de ambos, de 5 años y adoptada poco tiempo antes, cuando el matrimonio ya pasaba por serias dificultades en su convivencia. Desde entonces, la historia ha tomado diversas vertientes... La Casa del Crimen encierra, pues, uno de los secretos mejor guardados, un misterio sin resolver que el director de cine Pedro Costa quiso resucitar en La Casa en las Afueras, allá por el año 1995.


Antes de dirigirnos hacia este escenario, necesitábamos una buena sesión de documentación: investigaciones parapsicológicas, testimonios e, incluso, cine de calidad, un drama policíaco en el que Juan Echanove y Emma Suárez se meten a la perfección en sus respectivos papeles. Si bien es cierto que la historia no encaja perfectamente con la real, sí se intenta reflejar la relación entre dos personas totalmente diferentes: un hombre maduro, obsesivo y frustrado, y una mujer mucho más joven, ilusionada y capaz de aceptar cualquier cosa en tal de ser feliz.


Localizar la Casa del Crimen no fue tarea fácil... Como bien dice la película, se encontraba totalmente a las afueras del municipio, alejada de la civilización, sin más compañía que una galería de tiro (seguramente, reciente) y las ánimas solitarias de un cementerio municipal. El camino, largo y desolado, aparecía seriamente perjudicado por el paso del tiempo: las piedras dificultaban el acceso de cualquier vehículo, por lo que el recorrido debe hacerse a pie y con calzado cómodo.


Al final del camino, lejana y solitaria, encontramos la Casa del Crimen: cuatro paredes como único testigo de un suceso que marcó a la población durante años. Allí nada podía escucharse... Nada salvo su historia, la cual parecía querer gritar a los cuatro vientos. Podemos afirmar que, en la actualidad, no es más que una casa en ruinas, de muy reducido tamaño pero moderna para la época, de fachada ladrillo caravista y con las estancias justas para una familia de dos o tres miembros como máximo. Sin embargo, en su época fue el escenario de un crimen real, suceso del que se han establecido diversas versiones, cada cual más variopinta y las cuales compartiremos con vosotros, al igual que nuestras sensaciones.


Tomamos aquellos derruidos escalones con sumo cuidado, temerosos de remover las cenizas de una historia que nunca ha llegado a resolverse con claridad. Nos paramos durante varios segundos en aquel pequeño porche, sin querer perturbar la paz de aquel desierto lugar... No había nadie a nuestro alrededor... Nada ni nadie podía interrumpir nuestra visita ni nuestras sensaciones, rodeados de aquel paraje de secano, de toda aquella naturaleza moribunda que no conoce más que la luz del sol para sobrevivir.


Cuando pusimos un pie dentro de aquella inquietante casa, fuimos capaces de percibir los peligros que conlleva vivir tan alejados de la vida humana, y así quiso representarlo Pedro Costa cuando trató de reproducir un hecho real que conmocionó al país, a pesar de que casi cuarenta años más tarde nadie lo recuerde. Allí dentro, todo había caído, gracias al paso del tiempo o a los mismos vándalos, que podrían haberse dedicado a derribar los tabiques en busca de respuestas... Aportando cada uno de ellos su propia versión, de su puño y letra, en las pocas paredes que quedaban en pie.


A pesar de que aquello sólo era un cuadrilátero sin interés, todavía podían distinguirse las viejas estancias: la cocina, el cuarto de baño o las pocas habitaciones, todas ellas con ventanal hacia el exterior y unas vistas centradas única y exclusivamente en panteones, lápidas y tumbas. El silencio que allí habitaba sólo podía ser quebrado por nuestras pisadas sobre los montones de escombros... Ladrillos, hormigón y cerámica... Nada de cobre, nada de plomo... Nada de nada.


Desde el interior se puede acceder a una especie de patio trasero, tan amplio como la vivienda en sí. Allí, un viejo corral, seguramente para animales, permanece devorado por las malas hierbas... Al igual que la derruida caseta del perro (que también jugó un papel muy importante en esta historia, según cuentan). Por último, tenemos el aljibe (que no pozo), también el patio... Por su apariencia, estamos seguros de que han sido muchas las personas que han descendido por él, en búsqueda de respuestas...


Muchas son las traducciones que vecinos y curiosos le han dado a esta historia... Algunas de ellas, con un giro de guión más propio de una película de Spilberg. Esas interpretaciones se podría decir que han recorrido España, en los últimos cuarenta años, tanto que, finalmente, se podría reconstruir una historia matrimonial entre un atormentado criminal y una presa escogida con una frialdad matemática, un maduro de bien y una joven sin ambiciones... Una pareja muy peculiar que, desde el principio de los tiempos, funcionaba también de una manera muy peculiar.


Según nos cuentan algunos grupos de investigación, se piensa que la mujer recibió dos disparos de escopeta de caza un día que intentó escapar de las garras de su opresor, y su cadáver fue ocultado en el pozo de la vivienda, por la gran cantidad de actividad paranormal que se puede obtener alrededor del mismo. Si bien es cierto que la hija, que presenció el crimen, fue recluida en un internado para que no contara lo sucedido, con el tiempo la llevó a casa y la incomunicó, según cuentan, en el sótano, durante varios años. El cadáver del perro de la familia también fue ocultado en el pozo, cuando descubrió el cadáver de la esposa... Dicen que, en la noche, todavía pueden escucharse sus ladridos.


En 1982, la hija, ya con 11 años, logró escapar hasta la carretera del pueblo, donde haciendo auto-stop, alcanzó la casa de unos familiares de su madre... Allí les contó lo sucedido, que pusieron el hecho en conocimiento de la Policía para que el asesino pusiese fin a sus días recluido en prisión. Su hija nunca más volvió a verle...


Tras recorrer la vivienda, fuimos capaces de darnos cuenta de algo muy importante que otros ya habían comentado: a pesar de que se decía que la hija había sido recluida en el sótano durante varios años, no existía acceso alguno a ningún sótano... El garaje tenía el espacio justo para almacenar un vehículo, y muchos ya habían intentado derribar la pared del fondo, en aras de localizar una habitación secreta que, a simple vista, no éramos capaces de identificar. El aljibe no parecía albergar un espacio demasiado amplio, y el pozo había sido sellado voluntariamente a base de hormigón... Entonces, ¿dónde estaría aquel sótano del que todos hablaban? ¿Por qué bajo nuestros pies podíamos percibir que había un espacio al que era imposible acceder? ¿Algo que ocultar, quizá?


Antes de marchar, intenté algo que llevaba tiempo queriendo poner en práctica: me senté en los escalones de entrada, disfrutando del silencio, tratando de meterme en la piel del agresor y de sus víctimas, intentando revivir aquella historia en primera persona... Y hubo algo que me llamó muchísimo la atención... Algo que preferí convertir en letras, en un relato corto:


"(...) El camino, lleno de piedras y hundido por el paso del tiempo, se me hizo cuesta arriba... De hecho, parecía que esa era la sensación que quería generar aquél psicópata cuando mandó construir esa pequeña casa, a las afueras de todo núcleo urbano, invisible desde la mayoría de los ángulos, alejada del mundanal ruido (...). En cierto modo, esa mañana me sentí testigo de aquellos brutales sucesos, rodeado por los misteriosos brazos de un ser inexplicable, poderoso y manipulador, capaz de hacer vibrar el suelo con sus pasos (...). Sí, había escuchado pasos... Y había osado a volver a entrar, arrastrado por aquellos brazos espirituales y una curiosidad más allá de lo humano. (...). Intenté una y otra vez imaginarme aquellas escenas, y hasta me pareció percibir una conversación fuera de tono entre un hombre y una mujer, mientras contemplaba embobado unas tétricas vistas hacia el cementerio municipal (...)."

jueves, 18 de junio de 2015

La Discoteca de la Nostalgia

Las cosas pueden cambiar de la noche a la mañana... Cuando menos te lo esperas. Por eso, me atrevo a decir que el cielo y el infierno están separados por una delgada línea, apenas imperceptible, que divide la más extraordinaria gloria del más oscuro fracaso, y ambos están al alcance de cualquiera de nosotros, seres mundanales y osados, capaces de cometer los más mínimos errores que nos conducirían, inevitablemente, al olvido y la perdición. Digamos que algo así sucedió a la Discoteca de la Nostalgia, todavía recordada por la gente joven de la zona por el escaso tiempo que permaneció abierta, recibiendo adolescentes sedientos de bebida desinfectante y música a todo volumen. 


Ubicada en el interior de un complejo que, en su día, era tan enorme como cerrado, la Discoteca de la Nostalgia resucitó, por decirlo de alguna manera, aquel antiguo almacén textil desde el que se podía escuchar (y ver) los cercanías de RENFE una vez cada hora. Allá por el 2008-2009, tras más de 48 años en funcionamiento, esta fábrica cerró sus puertas y dio paso a la discoteca que estuvo en activo cerca de 2, tras colorear sus paredes y ventanas de una tonalidad rojo sangre, lo que provocaba un efecto claustrofóbico, agobiante y angustioso, sobre todo para todos aquellos que decidían tomar una copa en sus dominios una noche de sábado cualquiera. 


En la actualidad, poco queda de aquel efecto laberíntico... Tras dos años de actividad aún conservando absolutamente todo lo que los trabajadores del antiguo almacén abandonaron a su suerte (material textil, libros, documentación sensible, etc.), el sueño de su dueño se fue a pique: mantener aquello en activo debía ser muy costoso... O quizá se encontraba alejado de cualquier otra zona de ocio... El caso es que, finalmente y tras probar suerte como terraza de verano, echó el cierre definitivo. Con el paso del tiempo, paredes interiores volvieron a su blanco original... Y el exterior fue cubierto por un color negro mate, lúgubre y aterrador, embalsamador de las miradas de todos aquellos osados que nos atrevemos a observarla a diario desde las carreteras colindantes. Su antiguo propietario quiso reflejar su muerte definitiva... Y lo consiguió. 


Aún hoy en día, se conserva parte de su nombre en la fachada... Seguramente, por falta de pintura. Desde fuera, ya se puede comprobar que todas las ventanas son sólo huecos hacia ninguna parte, en un complejo invadido por el expolio y el graffiti vandálico. Nada queda de aquella terraza al aire libre de más de 600 metros cuadrados... Tampoco de los más de 400 cubiertos y, ni mucho menos, del parking de 2000: ya ningún coche aparca allí... Ya no se escucha música... Tampoco el tintineo de los vasos de tubo. Aquel 27 de junio de 2010, fecha de su inauguración como terraza de verano, ya no va a volver. 


El interior es verdaderamente desolador: una vez dentro podemos comprobar como la recepción, la cual nunca fue reformada y parece el acceso a una vivienda de la década de los 60, está completamente destrozada. Los antiguos maceteros son un cúmulo de basura, los viejos azulejos están más que reventados y la escalera de acceso a plantas superiores ya no tiene barandilla ni mármol. El banco de estilo valenciano, revestido de azulejos, está viejo y triste... Tanto como nosotros al ver en qué clase de personas se está convirtiendo nuestra sociedad. 


Una vez cruzamos la recepción, el tamaño de aquel complejo era... Según el blogger de Lugares Olvidados (donde también podréis ver unas fotografías bestiales), parece que el edificio se avergüenza de esa parte de su pasado, la cual ha querido borrar a base de brocha y expolio... Sencillamente devastador. De una manera muy curiosa, nada quedaba de su reciente pasado como discoteca... Absolutamente nada: ni una barra, ni restos de vasos ni botellas... Tampoco restos de iluminación. 


Nos empapamos de todos sus rincones... De todos sus detalles y de todos sus graffitis. Sus ventanas, muchas de ellas destrozadas a golpe de piedra, todavía presumen de rojo sangre... De rojo amor. Los cuartos de baño, verdaderamente afectados, tampoco nunca fueron reformados... Sencillamente me viene a la cabeza cómo una discoteca que presumió de ser una completa modernidad podía conservar absolutamente la herencia de la industria textil, sin modificar más que la pintura de las paredes para hacerla más llamativa. 


La planta superior no ha sufrido mejor suerte... Las antiguas oficinas de la empresa textil ya no son tal cosa: ventanas, puertas, armarios... Todo ha desaparecido. Podría decir que hasta el revestimiento de las paredes ha sido arrancado, supongo que con la finalidad de averiguar si alguien guardaba dinero tras las paredes... Evidentemente, no era así. Tampoco se albergaba nada de valor en los fondos de armario, que también han sido destrozados, al igual que los baños... 


Por desgracia, nuestra visita fue corta... Tanto como la vida de esta discoteca. No le quedaba nada más por ofrecernos: negrura, desasosiego y la inspiración justa para este relato que espero os guste:  


"(...) El negro es un color que embalsama las miradas... Y quizá eran esas las intenciones de su último propietario, que decidió cambiar el rojo sangre de interiores y exteriores por el negro vacío, lúgubre y opaco (...), capaz de hacer resurgir la nostalgia de todos aquellos que la han visto morir y renacer (...) para volver a morir, a desaparecer de cada una de nuestras mentes poco a poco, como el recuerdo de un primer amor adolescente (...). ¡Qué poco queda de todo aquello! De la música alta, del tintineo de los vasos de tubo o de los cigarros furtivos en los baños (...). La luz, valiente y audaz, todavía se atreve a colarse por las ventanas, transformándose en reflejos tan rojos como nuestros corazones. Ya nadie deja el abrigo en la entrada... Ya nadie roba besos por las esquinas."