domingo, 26 de abril de 2015

Villa Giacomina de La Malladeta

Encontramos esta localización de casualidad, ojeando un diario cualquiera hace un par de meses... En aquel momento, una noticia nos llamó la atención: el Ayuntamiento de un conocido municipio quería recuperar la Villa Giacomina, abandonada desde los años 60 y que a duras penas se mantenía en pie. Pues resulta que este palacete rural constituye uno de los casos más destacados y, a la vez, más tardíos de la arquitectura de estilo historicista de la provincia. De hecho, el edificio posee una rica decoración arquitectónica relacionada con la masonería, además de estar vinculado con episodios clave de la historia reciente, de los cuales hablaremos muy adelante.


Aquella mañana de domingo, un maravilloso azul celeste nos mostraba unos cielos tan despejados que sentimos la estricta necesidad de poner rumbo hacia la playa... Pues una cosa teníamos clara: las vistas desde la Villa Giacomina debían ser espectaculares gracias a su más que excelente ubicación sobre el pueblo y la playa, rodeado del aire puro de mar y montaña. El sol y el viento fluían casi al compás, lo que implicaba una buena mañana de fotografías... Y así fue: no tardamos en localizar nuestro destino, ni tampoco en comenzar a reconstruir la historia de un edificio que nos invitaría a imaginar los cuentos de Las Mil y Una Noches. 


Allá por el año 1905, esta maravilla comenzó a construirse en el cerro costero de La Malladeta, de ahí su nombre completo. Su propulsor fue el médico Alfonso Esquerdo, levantándola en una parte de los terrenos adquiridos a finales de la década de 1870 por su tío, el psiquiatra  introductor de la Psiquiatría Moderna en España y jefe del Partido Republicano Español José María Esquerdo, para construir tanto el Sanatorio Psiquiátrico Dr. Esquerdo (hoy ya desaparecido, y que se levantó en la inmediata Playa del Paraíso) como una torre-estudio de estilo neomedieval (simulando una torre vígía de las del Siglo XVI), que aún existe sobre la cumbre del cerro.


Según cuentan, el Dr. Alfonso Esquerdo era natural del municipio, aunque sabemos que se fue a trabajar a Argentina (Tandil) en 1898. Allí enviudó de una primera esposa, que le dejó tres hijos y se casó en segundas nupcias (1904) con Giacomina Bellani de Borgi, hija de un importante constructor (especializado en construir hospitales), que pertenecía a la masonería, al igual que el propio Alfonso. Poco después vinieron a España a ocupar el palacete, que recibió su nombre en honor a su actual esposa, pasando en él temporadas cada dos años, coincidiendo con el invierno austral. 


Alfonso falleció en 1921 y Giacomina regresó a Argentina, para no volver a jamás a estas tierras. Después de ello, la casa quedó al cuidado de unos caseros y, al final de la Guerra Civil, el Ayuntamiento decidió alojar allí al Dr. Bastos, el célebre traumatólogo jefe del Hospital de Guerra Sueco-Noruego de Alcoy, que tras los bombardeos de la aviación italiana a esa ciudad (septiembre de 1938), se trasladó con esa sección del hospital a al municipio, en concreto, al Colegio Dr. Esquerdo, donde montó un quirófano, episodio que quedó muy marcado en la memoria colectiva de los vileros. Tras la guerra, el palacete fue ocupado por la División Italiana Littorio, que provocó los primeros daños en el edificio.


Su estructura nos recuerda, a simple vista, a un pequeño palacio árabe, pero no lo es: comenzó a construirse en 1905, para acabarse allá por el año 1920 en un tardío estilo historicista, más propio de las últimas décadas del Siglo XIX o comienzos del XX. La fachada oeste imitaba los palacios andalusíes con una estrella de David en cada ventana, introduciendo con ello una simbología de la religión hebrea. La fachada opuesta (la principal), así como la arquería del patio imitaban el gótico flamígero, con líneas y contralíneas curvas, arcos conopiales y elementos de decoración arquitectónica característicos de ese estilo. La mezcla de las tres religiones del Libro (islámica, cristiana y judía), el ajedrezado de baldosas blancas y negras de la entrada principal y otros detalles arquitectónicos se han puesto en relación con la masonería.


La casa se articula en torno a un único patio con un aljibe central rodeado de la mencionada galería perimetral con arquería gótica, salvo el ala oeste, que reproducía, tanto al exterior como al interior, las grandes puertas con frisos de ataurique policromado (estilo mudéjar) de los palacios islámicos andaluces. A todo ello, hay que sumar el eclecticismo (mezcla de estilos típica de esta época) llevado a su grado extremo, con detalles de los tres estilos combinados con otros modernistas. Por último, diremos que el edificio está circundado por una gran explanada delimitada por un murete almenado (torre) que sirve de mirador y que refuerza su carácter neomedieval. En la actualidad, y por desgracia, todo ello aparece en ruinas. 


En la cima del cerro todavía podemos encontrar la famosa torre construida a finales del siglo XIX por el Dr. José María Esquerdo (tío del Alfonso) para utilizarla como biblioteca y estudio privado. Alrededor de ella todavía pueden discernirse las ruinas del Santuario de la Malladeta, un yacimiento íbero y romano creado hacia 350 aC y abandonado hacia 75 dC. Cinco campañas de excavación (2005-2009) han sacado a la luz un complejo religioso, probablemente dedicado a la Diosa Marte, construido a mediados del Siglo IV aC y con dos grandes reformas hacia 100 y el 25 aC. 


Por su parte, el doctor José María Esquerdo (1842-1912) "(...) estaba plenamente convencido del beneficio terapéutico de la sensación de libertad y el buen clima, y con este criterio abrió una sucursal del manicomio de Carabanchel (Madrid) en la Playa del paraíso del municipio. Allí llevaba a los enfermos a pasar largas temporadas cerca del mar, lo que le permitió explorar los efectos de los contrastes geográficos y climáticos sobre sus pacientes; (...) de tal manera que se podría decir que fue impulsor de un cambio ideológico fundamental para el desarrollo de la psiquiatría española y que el tratamiento natural y libre experimentado en El Paraíso fue revolucionario en su momento."


Por el momento, el palacete está en estado evidente de ruina tras más de medio siglo de abandono. Desde la Universidad de Alicante se está elaborando un diagnóstico de su estructura para apuntalar los elementos que corren más peligro, y ya se ha procedido al un vallado de seguridad para evitar riesgos para las personas. Además, los arqueólogos de Vilamuseo (de reciente apertura) se encargarán de realizar su reconstrucción virtual, esperando con todo ello poder servir en bandeja un bonito proyecto de rehabilitación para algún inversor que también quiera poner el edificio en uso (una obra que requerirá un presupuesto enorme).


Si tratamos de imaginar su historia, lo recordaremos como lujoso y encantador... Rodeado del mar Mediterráneo, que luce aquí en toda su plenitud, en un incomparable color azul. De los pabellones psiquiátricos ya no encontramos nada, pues sobre sus restos se alza ahora un enorme camping... Según cuentan, su terreno estaba esmeradamente cultivado, y descendía hacia la playa sombreado por apretadas palmeras: naranjos, granados, limoneros, almendros o melocotoneros contribuían a darle ese aire de vida tranquila y reposada en unas condiciones climáticas sin igual. Por su parte, el palacete no hacía más completar un entorno de cuento de hadas que ojalá dentro de poco podamos ver renacer... 

domingo, 12 de abril de 2015

El Colegio de la Nostalgia

En ocasiones, cuando dejamos volar nuestros recuerdos, somos capaces de sentir una especie de desasosiego que no cabe en nuestro interior... Es verdad: hay lugares con los que hemos crecido, con los que estamos acostumbrados a convivir y, en cierto modo, creemos haber realizado con ellos una especie de pacto indestructible hacia la eternidad. Sin embargo, a veces, el pacto se rompe por causas ajenas a nosotros, y es entonces cuando nos invade esa sensación de nostalgia... Ese presentimiento que hoy se atreve a dar nombre a un lugar especial, ya no sólo para mí y para mi compañera Sara C. (a la que debo la idea, el material fotográfico y gran parte de esta información), sino para muchas personas que espero lleguen hasta aquí para rememorar parte de su historia... Esa fracción de su vida que creían olvidada. 


El Colegio de la Nostalgia hace referencia al antiguo Colegio Público Carlos III de Elche (Alicante), ubicado en el Barrio San Antón, al lado de la carretera que une Elche con Santa Pola. El barrio no es más que es una promoción de edificios de vivienda barata que se construyeron en 1970, separado completamente del casco urbano de la ciudad, cuyo objetivo era dar cabida a los inmigrantes nacionales que llegaban a Elche (sobre todo, del sur) en busca de trabajo en su industria. A pesar de que en las últimas décadas parte de la población original se ha sustituido por inmigrantes extracomunitarios llegados a la ciudad, cuando Elche se encontraba en su máximo apogeo necesitó de mano de obra exterior, a la que debía dar cabida y, por supuesto, servicios. 


Uno de los servicios más destacables fue la construcción de este colegio, con la única finalidad de ofrecer una educación pública a todos aquellos niños "arrastrados" por sus padres a una ciudad desconocida en busca de un futuro mejor. Corría la década de los 70 cuando se inauguró y comenzó a recibir a los primeros niños... Seguramente temerosos de su primer día de escuela en un lugar totalmente desconocido, sin amigos y sin nadie a quién recurrir. Sin embargo, pronto comenzaría a cobrar vida... Pensemos: una pista deportiva llena de criaturas de varias edades; dibujos de papás, mamás y casas, profesores llenando el encerado de borrones de tiza... ¡Una nueva forma de vida comenzaba a emerger en Elche! 


Como era de esperar, la crisis económica alcanzó la ciudad varias décadas más tarde... El colegio estuvo activo durante varios decenios, pero la falta de liquidez del gobierno valenciano se hizo patente, confesando que no podía permitirse el lujo de albergar a unos pocos alumnos que podrían ser ubicados en otros centros educativos del municipio. Sin embargo, las presiones sociales y las necesidades de las familias no tardaron en sugerir la rehabilitación de uno de sus edificios, ya no sólo como Centro Social para los vecinos de la zona, sino para todos aquellos niños de entre 4 y 6 años que debían esperar a que construyeran su colegio durante unos dos años. 


Hace ya mucho de aquello... Casi diez años desde que comenzaran las primeras manifestaciones a favor de su utilización durante, al menos, ese tiempo limitado. ¡Todos esos niños necesitaban un centro educativo! Y así fue durante varios años... Más de dos, por supuesto: querubines corriendo y jugando, aulas repletas, y enseñanza pública. Sin embargo, el tiempo pasa... Y, en ocasiones, demasiado rápido: el pasado 19 de febrero comenzó la mudanza por parte del personal del Ayuntamiento, mientras el alumnado colaboraba en todas las tareas de traslado de material hacia su siguiente destino: el Colegio Público Princesa de Asturias. Nuevamente, y como decía Fon Román... Un colegio vacío. 


Es cierto que, el barrio, actualmente sufre un grave proceso de degradación: los edificios sufren de esa lesión llamada aluminosis que hace que este con el paso del tiempo (y, sobre todo, en condiciones de humedad), pierdan su resistencia. También es verdad que los proyectos llevados a cabo para rehabilitar los distintos bloques no han surtido el efecto deseado por los elevados costes que generan... Pero, ¿qué hacer con este edifico de carácter público? Debido a su estado, poco más se podrá hacer por él... Todo apunta a que su abandono va a ser totalmente definitivo. 


Si nos movemos por sus alrededores, el tremendo aroma de melancolía nos invadirá de un latigazo... La tristeza será perceptible desde el primer momento en el que veamos los restos de los últimos dibujos realizados por los niños el día de la despedida, que permanecieron colocados en las rejas de entrada hasta que la lluvia y el viento osaron a retirarlos. Por suerte, nuestra compañera fue capaz de realizar estas fotografías antes de que el edificio perdiera su último hilo de vida... Antes de que yaciera apagado, esperando tan sólo que el paso del tiempo le robe su esencia. 


Igual que formamos parte de los recuerdos de alguien, formamos parte de los recuerdos de los lugares... Y, estos lugares, también forman parte de nuestros recuerdos. En concreto, éste aparece cargado de reminiscencias: los edificios se llenan de sentimientos... Sus paredes, esas ventanas para ver y ser visto o los encerados están cargados de información... De ortografía, de historia o de geografía. Están repletos de vida... Y esa vida nunca nada ni nadie se la va a poder arrebatar. 


Imaginemos tan sólo el silencio de esos largos corredores... Y pensemos en cómo han cambiado las cosas en apenas unos meses: soledad y tristeza, sentimiento que esperamos no se transformen en vandalismo desconsiderado de aquí a unos años. Partidos políticos incipientes comienzan a exigir su habilitación como centro social y cultural, sobre todo cuando estamos hablando de un barrio que vio desaparecer su único centro social a manos de una excavadora hace exactamente cuatro años... Pero, ¿sería una propuesta que verdaderamente desarrollaría el partido que alcanzase el poder?


Desde Excursiones para Normales deseamos con todas nuestras fuerzas que este colegio no se concierta en el primer foco de inexplicable destrozo del casco urbano de Elche. No queremos hoteles olvidados, ni preventorios, ni tampoco ermitas perversas... Queremos vida... Y esa vida la damos las personas. ¿Por qué no aprovechar los recursos que tenemos? ¿Qué motivo hay para no darle el uso que verdaderamente se merece? ¿Un centro sociocultural para realizar multitud de actividades? ¿Sedes para las diferentes asociaciones? ¿O un centro de personas sin hogar? Sea cual sea el uso que se le de... Esperamos que sea en realidad el uso y no el paso del tiempo el que malogre sus estructuras... 


Gracias una vez más, Sara... Por demostrarme que existe vida mucho más allá de donde creemos encontrarla...