lunes, 23 de marzo de 2015

El Hotel del Mar

Un total de tres visitas y numerosas baterías han sido las culpables de que, en en este momento siga dudando de si las fotografías que hoy figuran en esta entrada recogen todo cuanto quiero mostrar... Cientos de instantes y multitud de estancias son todavía perfectamente identificables en este enorme complejo hotelero de cuatro estrellas, el cual hemos denominado El Hotel del Mar, con la única intención de preservar la poca dignidad que le queda en los tiempos que corren, en los que resulta de vital importancia ser amigo de lo ajeno para sobrevivir o, simplemente, con la única intención de realizar actos vandálicos. 


Nos hallamos ante un hotel localizado en una localidad costera, un verdadero referente para turistas vacacionales y de negocios al que nunca dejaban de lloverle las mejores críticas. Su ubicación era estratégica, próxima tanto al centro como a la estación de tren de los pueblos colindantes, y sus instalaciones, inmejorables: un total de 100 habitaciones con teléfono, televisión, caja fuerte, minibar, calefacción, secador de pelo y aire acondicionado. A su vez también contaba con spa, jacuzzi, parking, solárium, business center, gimnasio, piscina, bar, restaurante, sala de conferencias, recepción las 24 horas y fax. 


Se podría decir que hemos conseguido marcar nuestro propio itinerario para perdernos en sus entrañas... Un itinerario que comienza en el sótano, en los almacenes y el viejo gimnasio, por llamarlo de alguna manera. Los pasillos son de colores vistosos, pero la alegría se ha perdido: todo cuanto había se amontona por todas partes, la enfermería todavía conserva los uniformes profesionales en sus respectivas taquillas y las plantas de plástico yacen más inertes que nunca... Algunas vastas estancias todavía albergan botellas de alcohol a medio consumir, donde en su día fueron abandonadas, mientras el archivo ha sido saqueado y la documentación abarrota ciertos rincones. 


Totalmente aislados, es posible encontrar los últimos vestigios de los cuartos de limpieza y áreas destinadas al personal del hotel. Sus bajos techos obligan a caminar agachado y muy lentamente, porque todo está por medio, hasta documentación que, curiosamente, todavía no ha sido tocada por nadie... Por nadie excepto por aquel que, en su día, decidió tomar fotografías en esta habitación y dejar abandonadas las pilas en el suelo. En la lavandería, a su vez, encontramos almohadas... 


Las plantas más subterráneas también albergan numerosas salas de usos múltiples... Son enormes y tienen su propia entrada independiente, por un lateral del complejo y que nada tiene que ver con el acceso a las habitaciones. Los oscuros y largos corredores te van dirigiendo hacia ellas casi sin darte cuenta, esos enormes recintos que, aunque hoy en día estén totalmente vacíos, ¿cuántas no habrán sido los hombres y mujeres de negocios que han pactado acuerdos entre esas paredes? 


Resulta difícil, pero se pueden utilizar las escaleras principales para subir a la recepción, ese enorme lugar que alberga un mostrador y donde los espejos color salmón tienen todo el protagonismo. Los dos ascensores permanecen totalmente inutilizados desde que alguien decidió pulsar el botón de llamada por última vez, y nuestro reflejo no podía aparecer más estropeado gracias a las pintadas. Tras la zona de atención todavía se conservan objetos muy interesantes: el fax, el reloj o el teléfono son sólo ejemplos de lo que todavía se puede encontrar disperso aquí y allá... 


Las oficinas se encuentran justo detrás, siguiendo una estructura un tanto laberíntica de habitaciones que se comunican entre sí. El mobiliario sigue allí, aunque amontonado sin ningún criterio, como si un huracán hubiese descargado toda su furia en aquellas pequeñas estancias. También quedan algunas cortinas, que se resisten a ser desterradas, igual que montones de documentos, viejos carteles, trípticos y algún que otro juego de mesa, que quedó abandonado porque sí entre montones de suciedad... 


El famoso Pub Irlandés, con nombre propio y acceso para todo aquel que quisiera tomar una copa sin ser residente, conserva la mayoría de sus detalles... Ya no tiene mesas ni taburetes, pero sí continúa cubierto de madera, paredes y suelos, y prácticamente todo el mobiliario fijo sigue intacto. Sobre la barra permanecen montones de botellas de bebidas alcohólicas, así como algún refresco, esperando ese cóctel que nunca llegó... Las copas y vasos se derraman por la parte interior, mientras las distintas zonas más íntimas parecen desesperadas por albergar nuevamente clientela. 


En la planta baja también podemos encontrar tanto el restaurante como la cafetería, ambos comunicados entre sí y bastante saqueados. El restaurante tenía, a su vez, acceso desde el exterior, para así ser disfrutado por todo aquel que quisiera comer en un sitio de calidad sin necesidad de alojarse... Nos hallamos ante una enorme estancia totalmente acristalada, en la que no hay mobiliario, pero los espejos todavía cubren las columnas. Según cuentan, allí se podía degustar la auténtica cocina marinera, con productos frescos recién traídos de la lonja del municipio. 


La cafetería, mucho más oscura debido a la ausencia de ventanas al exterior, todavía conserva restos de víveres por todas partes: botellas de vino, bricks de leche, cervezas sin abrir y tazas de café, que ocupan la vieja y deteriorada barra... Desde allí se puede acceder directamente a las cámaras frigoríficas, siguiendo un reguero de comida caducada y ese nauseabundo olor que desprenden los comestibles abandonados a su suerte. 


En el camino, encontramos una vistosa fuente que, curiosamente, se mantiene intacta... Pero el resto era desolador: la vajilla crea un peculiar camino, junto con restos de la cristalería, aceite, leche y refrescos... La sensación era repugnante: el olor era como un latigazo, incapaz de ser soportado a pesar de que las ventanas estuvieran completamente abiertas... 


El siguiente paso, como ya sabréis, era recorrer sus habitaciones... 100 de ellas repartidas a lo largo de cinco plantas, la mayoría de ellas con terraza y vistas al mar, distribuidas a lo largo y ancho de dos pasillos. Todas estaban decoradas en un estilo cálido y mediterráneo, además de perfectamente equipadas hasta el detalle: aire acondicionado y calefacción, TV con canales internacionales, teléfono, caja fuerte, cuarto de baño completo con secador de pelo y sistema WIFI para acceso gratuito a Internet en las habitaciones. 


Disfrutamos de nuestra estancia en un hotel de estas características como verdaderos turistas, fotografiando todo aquello que encontrábamos a nuestro paso: restos de mobiliario, colchones, televisores, cortinas... De todo un poco, además de unas inigualables vistas al azul del mar, a las zonas verdes y a la pista de tenis. Las tarjetas de acceso a las distintas habitaciones se desparraman por todas partes... Hace años que ya nadie se aloja entre sus paredes. 


La última planta alberga la suite... O, quizá, una especie de apartamento colmado de los detalles más modernos y costosos. Numerosas habitaciones, un enorme armario vestidor, dos baños completos (uno de ellos una ducha digna de un palacio) y hasta dos cocinas: en su terraza privada, se conserva todavía el mobiliario de la cocina exterior, en la que se se hacían las barbacoas con los amigos. Esos sí: los electrodomésticos han desaparecido por completo... Por supuesto, no las vistas hacia todo aquello que nos quedaba por ver. 


Los exteriores del hotel desde la puerta principal son espectaculares... Ver la entrada a la recepción, los accesos al restaurante o al pub irlandés, todos ellos rodeados de agónicas palmeras, zonas que ya no son tan verdes, una destrozada área para niños o el antiguo mini-golf, hacen que el aspecto de lo que en su día fue un complejo hotelero de gran calidad haya decaído en las profundidades del olvido y la decadencia... De hecho, sólo hace falta echar un vistazo al snack-bar que todavía sigue en pie junto a la piscina, y del que sólo queda la estructura... 


Todavía no hemos acabado, y es que el hotel contaba con un SPA, dotado de piscina climatizada con chorros de agua relajantes, bañera de hidromasaje y sauna finlandesa. Disponía, también, de rayos UVA, centro de estética e imagen personal, con cabinas independientes y los más novedosos tratamientos faciales y corporales, así como diversos masajes terapéuticos y de relax. En la actualidad, aún encontramos restos de todo lo que aquello fue en su día... 


Finalmente, no podemos dejar de hablar de la carpa exterior, un verdadero palacio de cristal ahora totalmente destrozado. Con una capacidad total para 800 personas y 1500 metros cuadrados, nos hallamos ante lo que en su día fue un marco incomparable para celebraciones importantes tales como bodas, reuniones de negocios, cenas de empresa, etc. Cuidada cocina, variedad de menús, medios tecnológicos y humanos... Ahora sólo son cristales por lo suelos: nada de aire acondicionado, ni de micrófonos ni de servicio de azafatas... Nada. 


El Hotel del Mar, perfectamente conocido por la población de la zona, era el único de cuatro estrellas que se encontraba en este municipio costero. En el año 2000 fue adquirido por la cadena que le vio fallecer, pasando a llamarse de otra forma y aumentando la mayoría de los servicios ofertados... De hecho, en el año 2005 tuvieron lugar unas pequeñas reformas que lo hicieron más agradable para el público... 


Sin embargo, y con la crisis económica, el hotel se puso en venta y, al no aparecer ninguna oferta interesante, cerró sus puertas a finales del año 2010. La escasez de reservas y la temporada baja había hecho estragos, y aunque prometió abrir en la siguiente primavera con una nueva reforma (modificación del sistema eléctrico, los transformadores y la fontanería), esta nueva apertura nunca llegó a producirse... 


Según la prensa, en el año 2011, este enorme complejo fue adquirido por un grupo inversor de Europa del Este que pretendía instalar el mayor prostíbulo del continente. Esta compra no era más que la mejor forma de blanquear dinero procedente de los robos de cocaína o “volcados”, mediante los cuales secuestraban a sus víctimas, les amenazaban e, incluso, torturaban amputándoles algunos miembros hasta obtener la información que deseaban. Como resultado, la cúpula de este grupo fue detenida y sufrió el embargo de todos sus bienes, incluido este hotel, que en la actualidad continúa cerrado. 


De hecho, ni siquiera se sabe con certeza quién es el propietario actual del hotel ni tampoco cuál será su futuro, pero lo que sí tenemos claro es que no va a aguantar mucho más en esas condiciones: sus paredes se desnudan a pasos agigantados, y sus techos parece que van a venirse abajo en cualquier momento... Y sabemos que no, pues es una construcción relativamente joven, pero muy perjudicada por el abandono y los vándalos.  


Sólo esperamos que pronto se logre la solución más adecuada... Y que pueda volver a funcionar en un período no muy lejano. Nos hallamos ante una gran pérdida para el municipio y para el negocio hostelero.