domingo, 21 de diciembre de 2014

El Hotel Olvidado - Las Verdaderas Fotografías

Prometimos volver... Y hemos cumplido nuestra parte del pacto: ahora sólo queda que vosotros cumpláis la vuestra y os adentréis en esta nueva aventura... El ya más que conocido Hotel Olvidado necesitaba de una nueva visita por nuestra parte, esta vez, a plena luz del día, con la única meta de empaparnos, más aún si cabe, de su historia y sus vivencias. De algo estoy segura, y es de que volveremos más adelante... En muchas más ocasiones, ya sea abandonado o rehabilitado, pues cada vez que cruzamos su umbral nos trasladamos a otra época... Una era gloriosa, llena de comensales ocupando mesas y sillas, repleta de turistas en búsqueda de sol y playa; una etapa rebosante de personalidades destacadas en los distintos ámbitos. Una vez más, gracias a las palabras de Luis A., sobrino de D. Tomás Durá Bañuls y administrador de la web http://www.tomasdura.es/, nos introducimos en un flashback que pondrá freno en las décadas de los 60-70. 


Era temprano, y el sol comenzaba a despuntar... Tanto que jóvenes y mayores se disponían a dar su paseo matutino por la playa. Mientras, nosotros comenzábamos a tomar fotos... Si bien es cierto que, de noche, su aspecto es verdaderamente siniestro, a plena luz del día pueden captarse todos sus detalles: los montículos de arena que cubren la antigua piscina o el resto de áreas recreativas, las redes que intentan tapar (sin mucho éxito) los enormes ventanales y miradores, las palmeras moribundas que resisten a su destierro... Una multitud de rincones todavía por explorar y que pronunciaban nuestro nombre. 


Nuestro recorrido, como siempre, comenzó en la sala de grandes celebraciones, ubicada por encima de la boite 'La Sirena' y con acceso directo a la playa. Hoy en día todos los miradores están totalmente tapiados y apenas llega la luz del sol... Sin embargo, todos ellos, que en su día miraban hacia la piscina iluminada, ahora nos devuelven una imagen triste y demacrada, llena de soledad... ¿Cuántas no habrán sido las personas que habrán disfrutado de semejante lujo? El propietario, D. Tomás Durá Bañuls, ingeniero de obras públicas, hizo una gran labor por la zona... A él se le deben muchas otras ideas, y estamos seguros de que su sueño hubiese sido verlo renacer.


Cruzamos la famosa sala hasta las escaleras principales comprobando, una vez más, cómo la arena devora todo cuanto encuentra a su paso... ¡Y no es para menos! Todavía existen personajes que se dedican a arrancar las pocas piezas de mármol del suelo que quedan y a reservarlas por los rincones, para llevárselas cuando tengan medio de transporte... Curiosamente, y según nos cuenta Luis A., el hotel se mantuvo en perfecto estado hasta finales de los años 90, cuando sus propietarios decidieron venderlo para su explotación futura, incluyendo servicios de vigilancia, limpieza y suministros. Fue después de la venta cuando comenzó a sufrir daños provocados ya no sólo por el propio desgaste del mar, sino por los actos vandálicos, los incendios y los saqueos.


Subimos a la planta baja con una única intención: ver la recepción a plena luz del día y disfrutar de las inigualables vistas desde el Snack Bar hacia la playa. Parece mentira, pero después de recorrer en la más absoluta oscuridad cada una de sus dependencias, planta por planta, rincón por rincón, a plena luz del día todo se hacía más difícil: saltar por encima de los pórticos o comprobar cómo habían sido arrancados todos los detalles de madera y mármol era verdaderamente triste. Es entonces cuando pudimos comprobar que el Snack Bar estaba calcinado: poco queda del mobiliario y decoración de Muebles Chinchillas de Yecla, o de las tapicerías de Ytier de Alicante. Sus 325 metros cuadrados y la terraza cubierta de 126, preferida por el público como comedor de verano, aparecen totalmente corroídos... Hacía casi 40 años que ninguno de esos 500 comensales tomaba sus víveres escuchando las olas del mar.


Volvimos a recorrer una a una las 5 plantas de altura del edificio, inicialmente cuatro pues la previsión era explotarlo como una residencia de tercera edad de alto standing... De hecho, Luis A. nos confirma que, por este motivo, tiene una fachada tan peculiar y unos pasillos tan estrechos. Sin embargo, la empresa no respondió económicamente y fue a partir de entonces cuando se convirtió en negocio familiar, ampliando la quinta planta para construir la vivienda de sus propietarios y algunos rincones más. Por ello, de día puede comprobarse la gran superficie del solar, de unos 6000 metros cuadrados con zonas deportivas, piscina, mini golf, tenis de mesa, bolera y jardín. Todas ellas seréis capaces de distinguirlas en esta vieja fotografía, una postal de los 60-70 que he encontrado buscando entre mis antiguos recuerdos... ¿Qué os parece? La he escaneado para vosotros, lectores:


Un total de 146 habitaciones permanecen actualmente abiertas, solitarias y destrozadas... 113 de ellas contaban con baño completo con bañera, ducha, lavabo, bidé e inodoro, mientras el resto (33) tenían polibán (pequeña bañera con asiento), ducha, lavabo e inodoro, además de teléfono, armarios interiores, calefacción y, además, radio centralizada con 12 canales para música sinfónica y estereofónica, y radio normal. En resumen, el hotel reunía los materiales de mejor calidad del mercado nacional, ofreciendo el alto confort y distinción requeridos para un hotel de playa con los fines que perseguía.


Recorrimos muchas de esas habitaciones, unas más grandes, otras más pequeñas... Cada cual con un baño más vistoso si cabía. Algunas de ellas todavía conservan parte del mobiliario: armarios, cabezales de cama, mesitas... ¡Incluso parte de un viejo televisor! Todo ello, por supuesto, acumulado, destrozado, corroído por el tiempo y la arena de playa... Viejos objetos acumulados frente a idílicos y enormes miradores enfocados hacia una piscina o un minigolf que ya no existen.


Volvimos a colarnos por sus pasillos... En algunas ocasiones, oscuros y escalofriantes... Destrozados, agujereados y pataleados, donde ya no queda nada de interés para ningún chatarrero más que sus viejos ruidos. Mientras montones de documentación del hotel yace mojada en las proximidades de una antigua bañera, algunos rastros de papel en las paredes se resisten a despegarse... Aterciopelados al tacto, con bonitos y coloridos motivos que nos recuerdan a la década de los 60, aquella era en la que las flores y los motivos vintage ocupaban todo campo de visión. ¡Qué tiempos aquellos!


El Bar-Terraza, situado en la penúltima planta, era otro de esos lugares que no podíamos dejar de visitar con tan tremenda luminosidad... Por desgracia, también calcinado y desnudo. Su enorme amplitud y sus barras de servicio ahora ya no tienen clientela... Sus últimos comensales datan de 1979, fecha en la cual echó el cierre definitivo y dejó de recibir personalidades de la talla de D. Juan Carlos I, D. Juan de Borbón (Conde de Barcelona), Albano, Raphael o Julio Iglesias.


El sueño de D. Tomás Durá Bañuls finaliza 2015 con un futuro algo más alentador... A la espera de una nueva y prometida rehabilitación sea la definitiva. Si bien es cierto que la famosa Ley de Costas detuvo la obra al declararla ilegal, dando paso a un larguísimo procedimiento, el mismo ha sido ganado en diciembre de 2015, año y mes en el que han comenzado las obras con la intención de reabrir sus puertas para el verano de 2017. Hasta el momento, sus rincones han sido olvidados por la ley, mientras sus estupendas terrazas sólo han sido capaces de almacenar agua de lluvia... La vivienda de sus antiguos propietarios, ubicada en la última planta y repleta de comodidades, sólo ha reunido escombros y tristeza durante todos estos años... Además de muchos recuerdos, tal y como nos cuenta el propio Luis A.


En esta ocasión no fotografiamos las bodegas, pues su oscuridad era tan hermética como en las dos primeras ocasiones, en las que nos adentramos sin más luz que nuestras linternas... Además, algún desalmado ha osado a echar abajo los restos de cajas de mermelada, impidiendo el acceso y destrozando todo aquello que quedaba en pie, convirtiendo el húmedo habitáculo en un complejo intransitable, pegajoso y repleto de botellas rotas.


Sólo puedo decir una cosa: se trata de uno de los lugares más impactantes que nunca hemos visitado, repleto de sonidos inexplicables, movimientos y, sobre todo, muchísima historia... Continuaremos volviendo antes de que sea demasiado tarde... Demasiado tarde para nosotros, o para él... Deseamos con todo nuestro corazón que renazca de sus cenizas, sentir que sus muros vuelven a recibir a grandes personalidades, a comensales encantados de compartir la velada con las olas del mar, a buceadores ansiosos de hacer unos largos mientras son observados desde una boite subterránea. ¡La vida vuelve a comenzar para ti, querido hotel! 


Actualización: Diciembre de 2015, gracias a Luis A., sobrino de D. Tomas Durá Bañuls y administrador de la web: http://www.tomasdura.es/. Desde Excursiones para Normales, agradecemos tu ayuda a la hora de recorrer sus oscuros pasillos sin tropiezos y, sobre todo, tu implicación en ayudarnos a reconstruir su historia desde el más absoluto cariño. Un abrazo y gracias.