lunes, 17 de noviembre de 2014

El Hotel Olvidado

De antemano puedo aseguraros que volveremos a dejarnos caer en este lugar en muchas más ocasiones... Sencillamente, nos ha impactado, y este hecho nos obliga a regresar a plena luz del día para poder disfrutarlo en toda su plenitud. El Hotel Olvidado, nombre con el cual he decidido enmascarar su verdadera identidad, conserva detalles de hace más de cincuenta años que se resisten a que el paso del tiempo y los chatarreros eliminen sus vestigios... Los vestigios de una historia que hoy voy a intentar contaros de la mano Luis A., sobrino de su antiguo propietario y administrador de la web http://www.tomasdura.es/, mientras os muestro algunas de las fotos que tomamos a lo largo de dos noches. Teníamos claro que el tiempo jugaba en nuestra contra, por lo que sabíamos de antemano que nos adentraríamos en sus entrañas acompañados tan sólo por el haz de luz de nuestras linternas... Una experiencia única que tan sólo el sonido de las olas podía romper.


Este hotel fue el primer edificio que se levantó en lo que hoy es una zona costera de reconocido prestigio; por aquellos entonces, tan sólo un vacío inmenso de dunas, caminos de tierra y soledad. Sus obras dieron comienzo en el año 1960, y fue inaugurado en verano de 1963, año a partir del cual se convirtió en el motor del turismo de la localidad: tal fue su éxito que muchos promotores urbanísticos comenzaron a invertir en la zona, dando lugar a las primeras urbanizaciones que actualmente lo rodean y, por supuesto, muchos restaurantes que hoy se hallan a pie de playa. ¡Era uno de los mejores y más modernos hoteles de Europa! Y no es para menos: en las fotografías comprobaréis que sus acabados eran de una gran calidad.


Nos encontramos ante un hotel perfectamente comunicado y abierto todo el año sin excepción. De hecho, y si rescatamos las palabras de uno de los folletos publicitarios que circulaban por aquellos años, podemos leer:

"(...) Sus habitaciones, todas exteriores, gozaban de baño, teléfono, radio y calefacción. Magníficas terrazas con vistas al mar. Restaurante. Excelente cocina internacional y platos típicos. Servicios de Snack-Bar, Peluquería, Parking, etc. Deportes náuticos. Minigolf. Tenis. Bolera. Piscina. Terraza-Club. Gruta "La Sirena" (boite insonorizada). Autobús y aeropuerto (...). Temperatura media anual 18 grados. Mas de 300 días de sol. Categoría de Primera (...)." 



Nada nos impidió empaparnos de su esencia... Cruzar su umbral y tocar su alma. Según cuentan, por este hotel pasaron grandes personalidades de España: de Política, de Economía y de Cultura de la época; desde el actual Don Juan Carlos de Borbón (entonces Príncipe de Asturias) hasta su padre Don Juan (Conde de Barcelona); el Rey Leka I de Albania, José María Pemán o Fray Justo Pérez de Urbel; actores de cine de fama mundial, del FC Barcelona y otros equipos de renombre; también fue escenario de varias películas... Una completa joya por descubrir en la que, en ese momento, nos hallábamos nosotros.


La arena de playa ya había recuperado parte del territorio que le pertenece, y no es para menos: el hotel se alza sobre la misma cala, por lo que podemos suponer que, en su día, tenía su propia "playa privada." Lo primero que encontramos fue la sala de fiestas y de grandes celebraciones, con acceso directo a la playa. Su enorme tamaño nos llamó la atención, al igual que el piano destrozado y devorado por el salobre... El mobiliario se amontonaba por todas partes, dentro y fuera de la extensa barra: mesas y, sobre todo, sillas, entorpecían el paso de los mortales, hundidos en una arena que va recuperando su sitio poco a poco, año tras año... Al fondo, unas escaleras descienden hacia un oscuro sótano, en este caso, la boite o sala de guateques, totalmente insonorizada y muy moderna para la época. Según nos cuenta el propio Luis, a través de sus cristales podía verse a los clientes bucear y nadar en la enorme piscina... Si bien es cierto que podía parecer un túnel por su inaccesibilidad, en realidad, no lo era.


A lo largo de nuestra segunda visita, comprobamos que el silencio ambiental era mayor: podíamos identificar con claridad el sonido de las olas y, por supuesto, todos los quejidos que emite un edificio tan antiguo. Además, el viento ululaba a una velocidad notable... Todo sonaba magnificado. Tanto que nos detuvimos en cada rincón, disfrutando de todo lo que teníamos delante, trazando un lento recorrido del que queríamos conservar cuantos más recuerdos mejor... Por ejemplo, de los baños y las cocinas de la sala de fiestas: en mi caso, tenía la sensación de haberme perdido tantas cosas que esa noche iba a recuperar al precio que fuese... En ese mismo salón, en la parte derecha, todavía puede observarse el ascensor y unas escaleras que conducían a la planta principal, según nos cuenta el propio Luis, adornadas con un mural de gresite (ahora desaparecido) firmado por el mismísimo pintor Gastón Castelló.


Desde esta sala de fiesta, unas peligrosas y estrechas escaleras de caracol nos conducirían a las cocinas de la planta superior... Sin embargo, antes de tomarlas, seguimos caminando hacia los interiores de esta planta baja: las sucias y descuidadas bodegas, oscuras y sin ventilación, en cemento vivo y sin detalles extravagantes, nos esperaban. Caminar se hacía bastante difícil, sorteando cristales y pisando muchos otros, con sumo cuidado para no dejar nuestras huellas. Allí, curiosamente, encontramos algunas botellas de vino y de champán todavía sin descorchar... Ahora, yacen totalmente vacías, evaporadas, junto a otras rotas y machacadas...


Un olor dulzón y pegajoso nos llamó la atención: entre tantas y tantas botellas, también encontramos montones... ¡Cientos! De confituras individuales, de melocotón y de fresa, todavía envasadas en sus cajas de 200 raciones. Nadie nunca las consumió, de modo que no les ha quedado otra opción que dejarse olvidar...


No quería cerrar el párrafo de las bodegas sin antes mostraros otras tantas fotografías. Reconozco que me impactó muchísimo que todavía se conservasen tal cantidad de botellas en sus respectivas cajas de almacenaje... Por ese motivo, en la segunda visita pasamos gran parte del tiempo en este rincón tan especial... En cuyas alacenas todavía conservaba restos de copas, platos, bandejas y algo más de menaje...


Si seguimos caminando en línea recta, acabamos en una especie de
despensa... Extremadamente oscura y donde respirar no era tarea fácil. Las partículas de polvo y suciedad podían verse gracias a nuestras linternas, suspendidas en el aire, mientras los bajos techos nos obligaban a caminar agachados. Allí, montones de estanterías lucían vacías mientras restos de víveres se agolpaban unos sobre otros en el suelo: viejas latas de conservas corroídas y botes de mostaza de una muy conocida marca son sólo algunos de los ejemplos de alimentos que todavía están ahí, sin que nada ni nadie se haya atrevido a abrirlos, tan sólo la brisa del mar...


Y... ¿Qué me decís de los enormes depósitos de agua, los cuales todavía se encuentran intactos, pero oxidados? Os dejo una fotografía:


Por desgracia, el hotel finalmente echó el cierre en 1979... Muchas son las historias que giran en torno al mismo, aunque lo que en realidad sucedió fue que, a principios de los 80, todos centros hoteleros debían adecuar sus instalaciones a las necesidades de la década, lo que suponía una gran inversión económica que dependería de unos créditos del Estado que jamás se concedieron debido a la crisis de la época. Sus propietarios decidieron, por aquellos entonces, poner fin a este negocio y vender el inmueble a una cadena hotelera que fuera capaz de administrarlo en un futuro. Por tanto, todas esas teorías sobre incendios, ruinas y/o tráfico de drogas son totalmente falsas y apenas sirven para aumentar un morbo que no debe existir... Aunque no podemos negar que el edificio, sobre todo de noche, se ve muy lúgubre, rodeado sólo de las olas que se atreven a romper a pocos metros... Tanto que obliga a observar y escuchar cosas que llaman la atención y que tratamos de narraros hoy aquí.


Tras visitar los oscuros laberintos de la planta más baja, no pudimos
evitar tomar las escaleras de caracol que nos conducirían a las cocinas de la planta superior... En el trayecto, encontramos montones de documentos de interés: cheques de la década de los 70, hojas varias con membrete, folletos, una libreta para anotar las tareas realizadas por el servicio, quinielas de la época... A pesar de que los vándalos también habrán hecho su trabajo, todavía quedan muchas cosas que, a plena luz del día, serán enormemente valiosas, tanto como las enormes cocinas... Hoy en día, vacías, en las que apenas quedan algunas baldas en las alturas... El suelo estaba lleno de escombros y, como no conocíamos el itinerario, volvimos a descender esas peligrosas escaleras para tomar las de la antigua sala de , y las cuales nos conducirían a las plantas superiores... ¿Preparados?


Una vez arriba, dos largos y oscuros pasillos se abren a ambos lados... En cada uno de ellos, pueden distinguirse habitaciones: por un lado, las que miraban al mar (igual que hoy en día) y, por otro, las que miraban a la montaña (hoy en día, a los edificios de enfrente). Junto a las escaleras, una vieja centralita de teléfono todavía se conserva, aunque bastante machacada... El pequeño habitáculo, con el espacio justo para la persona que trabajase en él, aparecía totalmente invadido por documentación: restos de periódicos, libros de registro de llamadas, curiosos tickets de solicitud de comunicaciones... En esta zona, también se encontraban los puestos de administración y, por supuesto, la zona de archivo.


La recepción de la planta se encuentra pocos metros más adelante... Dos mostradores enormes y amplios con acceso a uno de los tres restaurantes del hotel (uno por planta), al que preferimos no acercarnos para no llamar demasiado la atención en la primera ocasión. Allí, a la derecha, los casilleros donde se albergaban las llaves de las habitaciones siguen en pie, con más y más documentación... A la izquierda, el mostrador de información. También restos del mobiliario de esta zona, como sillones y mesas totalmente destrozados: del auge de una época gloriosa a la decadencia del abandono. Fue a partir de ese momento cuando empecé a escuchar algunos ruidos que no fui capaz de identificar... ¿Serían nuestros pasos o los de alguien más?


A lo largo de nuestra segunda visita fuimos mucho más atrevidos: no sólo osamos a cruzar el umbral del restaurante sino que nos decidimos a tomar montones de fotografías. ¡Capacidad para 500 comensales! Si bien es cierto que era de noche, el mar podía observarse nítido... Y muy bravo. Las olas rompían con fuerza, quebrando el silencio... Y justo en ese momento es cuando empezamos a escuchar voces y pasos que provenían de la planta superior. Nos quedamos paralizados, junto a la zona más cercana a la antigua puerta principal, esperando que, de ser una persona, se manifestase por las escaleras... Sin embargo, nadie subió ni bajó... La tensión crecía por momentos:


Todas las habitaciones, ya tuviesen vistas al mar o a la montaña, destacaban por su reducido tamaño. La mayoría de ellas conservaban restos de un mobiliario cubierto por polvo y sal... Los baños tampoco eran excesivamente grandes, pero tenían bañera y todo lo que podía aportar un hotel de estas características. La bañera ha sido sustraída en todos los casos (supongo que para la venta), pero en algunos otros, todavía podía verse el espejo colgado de la pared... Hoy en día, sin nada que reflejar. Cabe decir que, aquellas habitaciones con vistas al mar, todavía continúan conservando su encanto... Un encanto que prometo reflejar de día con unas fotos que espero os deje boquiabiertos.


Los ascensores del hotel, los cuales yacen destruidos al fondo del hueco de la planta baja, parece que hubiesen caído desde los pisos superiores cuando todavía se encontraban en funcionamiento... Aterrador. No tardamos en subir a las plantas superiores del hotel, encontrando a nuestro paso miles de facturas y documentos profesionales del establecimiento... Como curiosidad, los cuartos de baño eran muy diferentes según la planta: los colores de los azulejos, pequeños como los de las piscinas, varían de rojo a beige, y de beig a negro... ¡Muy moderno para la época!


Las habitaciones de las esquinas eran las más grandes, independientemente de la planta en la que nos encontráramos. Al igual que en la primera planta, la segunda y la tercera también albergan su propio mostrador de recepción y su respectivo restaurante-cafetería, por supuesto, con vistas al mar y solárium, algo que teníamos muchas ganas de fotografiar a plena luz del día... Sobre todo el de la tercera planta: caminar con semejantes vistas al mar delante de nosotros era increíble... Enormes miradores nos dejan ver y escuchar el mar en primera persona, ¿no es maravilloso?


Pensábamos que había llegado el final de nuestra visita... Y no era para menos: estábamos enamorados de todo aquello que veíamos... La vieja barra de bar, los restos de mesas y sillas y la playa. Sin embargo, unas escaleras junto a los ascensores nos informaban de que nuestra visita no había terminado y, sobre todo, de que la cuarta planta tenía truco: lo que, en un principio, parecía ser una suite, en realidad era una vivienda. Sí, estamos hablando de la vivienda principal de sus propietarios: tal y como nos aclara el propio Luis A., estaba dotada de todos los servicios de una casa normal (salón, cocina, dos baños, habitaciones) y, en ella, vieron su vida pasar hasta la venta del inmueble. Sus propietarios nunca se refugiaron en el hotel porque, en realidad, vivían en él, incluso estando cerrado y perfectamente mantenido. De hecho, su viuda continuó viviendo allí hasta la venta a la actual cadena hotelera. Es cierto que, aquella noche, no había demasiada luz, pero la suficiente como para invitarnos a imaginar cómo sería en su día.


En esta zona también fuimos capaces de escuchar  más ruidos insospechados... El ambiente, según se va ascendiendo en altura, se vuelve más tenso, y eso teníamos ganas de comprobarlo de día. Quizá sólo fuese fruto del oleaje y del propio paso del tiempo, pero ese hecho no impediría que continuásemos tomando fotografías... Tratando de poner día y hora a aquella ocasión en la que el propio Don Juan Carlos I, anterior Rey de España y padre del actual, pasara la noche en el hotel. Podemos asegurar, pues, que desde esta terraza se pueden disfrutar las mejores vistas de la localidad...


A finales de los 90 (y no en 2006, como en los últimos años ha sido expuesto en los distintos medios), después de casi 30 años de abandono, una empresa se hizo con la propiedad del hotel y de los terrenos de su parcela, un lugar verdaderamente privilegiado y al que se le podría sacar mucho partido. En aquel momento, se anunció la previsión de iniciar una serie de obras de rehabilitación, por lo que se colocaron una serie de redes y se valló el recinto... De hecho, también se tapiaron las ventanas de las plantas inferiores y se eliminó la piscina... Sin embargo, y debido a la Ley de Costas, las obras cesaron y el hotel quedó en la misma situación en la que estaba, a pesar de prometer su nueva inauguración para el año 2009.


No tardamos en regresar a la sala de fiestas para tomar la salida... Habíamos tomado cientos de fotografías, las cuales he intentado mostraros hoy. Cuando alcanzamos la planta baja (la entrada oficial del hotel), un sonoro golpe nos sacó de nuestros pensamientos... Alguien o algo había lanzado algún objeto pesado contra el suelo. Tal fue el golpe que pensamos que de verdad habría alguien pululando por las distintas habitaciones pero, de ser así, le habríamos encontrado en algún momento, de eso estoy segura... Sin embargo, no quisimos comprobarlo: tomamos las últimas escaleras y llegamos a la sala de fiesta... Necesitábamos alcanzar la playa y volver a respirar aire puro.


Actualmente, en 2015 y tras años y años de lucha, se ha abierto una nueva etapa... Desde la Alcaldía del municipio se han aprobado una serie de licencias para reformar el inmueble, resultando un nuevo edificio con más de 100 habitaciones y que podría estar listo para el verano de 2017, con un plazo de ejecución de algo más de año y medio y una inversión cuantiosa. Después de más de 35 años en estado ruinoso, este hotel puede volver a convertirse en un referente a nivel nacional... ¿Se conseguirá? Desde Excursiones para Normales deseamos con todas nuestras fuerzas que el sueño de D. Tomás Durá Bañuls renazca... Y deseamos, también, que nuestra cámara pueda captarlo.


Actualización: Diciembre de 2015, gracias a Luis A., sobrino de D. Tomas Durá Bañuls y administrador de la web: http://www.tomasdura.es/. Desde Excursiones para Normales, agradecemos tu ayuda a la hora de recorrer sus oscuros pasillos sin tropiezos y, sobre todo, tu implicación en ayudarnos a reconstruir su historia desde el más absoluto cariño. Un abrazo y gracias.