sábado, 23 de agosto de 2014

Finca La Font

Esa tarde teníamos la intención de visitar algunas fincas abandonadas, dispersas aquí y allá, de los más diversos estilos, a la vista y ocultas de la civilización... De todo un poco y cada cual más interesante. Recorrimos varias de ellas, en busca de la que mejores oportunidades nos brindara: nada de curiosos, nada de visitas inesperadas y, a ser posible, alejada del tumulto. No todas cumplían todos los requisitos, de modo que, tras observar sus posibilidades, nos decantamos por la que he decidido denominar Finca La Font. Su ubicación ha favorecido su peculiar bautismo, y no es para menos: emplazada en una urbanización pudiente, a esta enorme finca no le falta detalle... Si bien es cierto que se trata de un caserón inacabado, tiene una serie de detalles que ha valido la pena inmortalizar. ¿Estáis preparados? 


No se trata de una finca oculta de la mirada de curiosos pues, además, el resto de caserones colindantes, cada cual más vistoso, están todos ocupados. En este caso, varios arbustos moribundos nos dan la bienvenida, siendo los únicos restos en un jardín que nunca fue acabado... Tampoco las vallas ni las puertas: no hay nada que impida el paso. Además, si somos capaces de mirar hacia arriba, tan sólo veremos ventanas y puertas abiertas e inacabadas en un total de tres plantas, con sótano, cochera y terraza. 


Nos introdujimos por el hueco de la cochera, dándonos de bruces con la entrada al antiguo sótano... Por lo visto, los propietarios del terreno decidieron levantar la nueva vivienda conservando el antiguo sótano bajo ese gran habitáculo que serviría para guardar vehículos, y no hay señales de que éstos tuviesen intención de sellar las oberturas. De todos modos, no descendimos debido a los peligros que pudiese suscitar... Tampoco en un primer momento quisimos adentrarnos en el nuevo sótano, a pesar de que las escaleras eran mucho más amplias... 


Poco a poco, fuimos descubriendo estancias... No sin pensar que la distribución de la futura vivienda era más bien complicada: diversas alturas en una misma planta, escalones donde no deberían estar, una rampa para mejorar la accesibilidad donde no tiene sentido que esté, además de montones de ventanas en lo que creíamos la cochera... ¿Nos estaríamos equivocando y se trataría de una especie de porche cerrado? En la misma planta baja, una enorme estancia repleta de vigas también nos daba la bienvenida... ¿Utilidad? La desconozco, al igual que la de todos esos montones de pintadas obscenas que se amontonan por todas las paredes... Una pena. 


Curiosamente, y muy en relación con lo de la rampa para mejorar la accesibilidad, encontramos un ascensor... O lo que quedaba de él. Al menos en la planta baja, carecía de puerta, pero sí podíamos ver el profundo hueco repleto de basuras. ¿Se trataría de la vivienda de una persona con movilidad reducida? Desde ahí, tomamos las escaleras para ascender a la planta intermedia, muy cuidadosamente debido a su pésimo estado, pero con todas las ganas del mundo de encontrar tesoros... Y no fue el único, pues además del hueco del ascensor con su respectiva puerta, encontramos los restos de un enorme salón con chimenea... Seguramente utilizada:


En esta planta, encontramos alguna estancia más... Curiosamente, ni un sólo baño ni habitáculo que lo pudiese parecer: nada de tuberías, nada de saneamiento. Puede que ni siquiera esos futuros baños estuviesen previstos pero, como poco, resultaba extraño... Por ese motivo, tomamos las escaleras hasta la última planta, con sumo cuidado debido a que estaban peor conservadas que el resto. Teníamos muchas ganas de encontrar lo que allí nos esperaba...


Tras atravesar diversas estancias, entre las que se encontraba aquella que albergaba los restos de la maquinaria de ese ascensor que nunca llegó a funcionar y que, ahora, recoge todas las basuras de aquellos que han decidido utilizar la finca para sus fiestas particulares, alcanzamos esa enorme y maravillosa terraza. Sus vistas son inigualables: carretera, coches, vegetación y, sobre todo, atardecer... La verdadera furia de Dios dio lugar a instantáneas como la que hoy quiero mostraros:


Disfrutamos un buen rato de las vistas... Queríamos obtener las mejores fotos posibles, y casi lo conseguimos. Sin embargo, ya era hora de descender... No sin antes, por supuesto, dirigirnos hacia el nuevo sótano, que al principio de la visita había quedado pendiente. Allí encontramos un oscuro taller de trabajo, con mesas cascos y restos de madera...


Una muy valiosa propiedad que está siendo echada a perder por el paso del tiempo y, sobre todo, los vándalos, que se podría decir que ya han hecho su labor y se han llevado todo lo que se podían llevar... Sin embargo, continuaremos volviendo cada vez que tengamos oportunidad pues, como habéis podido comprobar, desde allí  pueden disfrutarse unos atardeceres maravillosos... ¿Cómo serán los amaneceres?

jueves, 14 de agosto de 2014

Preventorio Antituberculoso de Aigües - Las Verdaderas Fotografías

Siempre lo he pensado: el Preventorio Antituberculoso de Aigües es un lugar magnético, capaz de atraer tu atención entre muchos otros sólo con la finalidad de embaucarte en su historia, en su vida y, en definitiva, en su identidad. Muy pocos son los edificios que he visitado y que pueda considerar que tengan personalidad, pero esta ruinosa construcción del siglo XIX la tiene... Y no sólo la tiene sino que la irradia. Por ese motivo y cada vez que tengo oportunidad, aprovecho para perderme entre sus muros, para beneficiarme del silencio y, sobre todo, para nutrirme de ese aire misterioso que le caracteriza... Parece que siempre tiene algo nuevo que contar, y yo no quiero perder la oportunidad de saberlo. 


Originariamente construido como un hotel-balneario, su historia es conocida con absoluta precisión, y es que las propiedades de sus aguas ya fueron descritas en crónicas romanas y musulmanas. El único edificio que se conserva de este 'Hotel Miramar' es del siglo XIX, al igual que todas aquellas pequeñas casas adyacentes alejadas del bullicio y que han sido derribadas en los últimos años... Además de su belleza, se podía destacar un casino (con ruleta), una sala de fiesta, la Iglesia, instalaciones deportivas y zonas de juego infantil. Su esplendor duró hasta 1930, y fue a partir de 1936 cuando el Estado lo convirtió en hospital antituberculoso para niños: del brillo a la decadencia, de la felicidad al dolor. Después, y desde que acabara la Guerra Civil, no volvió a ser ocupado, siendo actualmente propiedad del presidente del Hércules CF. Sin embargo, no hemos dejado de escuchar historias de fantasmas ligadas a su existencia... 


Todavía recuerdo la primera vez que estuve allí... Correría el año 2007 y apenas había comenzado a informarme de lugares con historia paranormal. El Preventorio de Aigües de Busot (en aquellos momentos se le conocía así) era para mí lo que un ídolo para un adolescente: algo inalcanzable... No buscaba apariciones de niños ni a una supuesta dama blanca, sólo conocerlo de cerca. Sin embargo, cuando lo tuve delante, no fui capaz de acercarme... ¿Por qué? No lo sé... Si bien es cierto que su estado era menos ruinoso que el actual, una alta valla rodeaba el recinto... Y no sentí la necesidad de acercarme. Aquel día tomé numerosas fotografías a las fachadas con mi primera cámara digital, una Canon A410 de 3.2 megapíxeles... Y os las mostraría si no fuera porque las eliminé cuando identifiqué extrañas figuras en las ventanas más altas de la fachada principal... Por ello, la mayoría de las fotografías que hoy os muestro y que pertenecen a aquellos años son cortesía de Sara C., una amiga ilicitana apasionada del mundo del misterio.


Me prometí no volver nunca más, y es cierto que pasaron algunos años hasta que tomamos la decisión de regresar a Aigües... Fue en la Navidad de 2010, cuando aprovechamos una visita fugaz a Jijona para dirigirnos al Preventorio. Rodeamos el recinto, tomamos montones de fotografías, pero... ¿Entramos? No, tampoco: un intenso frío nos frenó frente a las dos entradas principales, lo que nos hizo pensar que todavía no había llegado el momento... Quizá todavía no habíamos demostrado que podíamos ser extremadamente respetuosos con su historia... Sin embargo, ya no fueron necesarios tantos años: un par de meses después, regresamos... Y nos adentramos, y fotografiamos... Y disfrutamos de su silencio... Y así lo seguimos haciendo cuando tenemos oportunidad. 


La ocasión más impactante nos llegó hace un par de meses, en medio de una fría tormenta... Viento, agua y oscuridad nos cogieron de camino a la zona, pero ya no había miedo... Al menos, de momento. Nos refugiamos de la meteorología en su interior, pues la cosa no iba mejorar... Corríamos de un lado para otro, intentando que ese agua congelada no cayera sobre nosotros. Por supuesto, la noche cayó rápidamente, dejándonos a oscuras y temerosos de todo cuanto nos rodeaba. Los cimientos temblaban a nuestro alrededor, mientras la lluvia y el viento golpeaban sin piedad los restos de los ventanales: un verdadero escenario de película de terror a nuestro alcance, sin nadie que nos fastidiara la visita... 


Fue la primera vez que ascendimos a la tercera planta... El mayor riesgo que habíamos asumido hasta la fecha en el Preventorio. Allí no quedan escaleras, ni tampoco suelo, ni techos... Nada... Sólo el flash nos alumbraba a lo largo de oscuros rincones que parecían levitar. En todas las fotografías destacan las luces y las sombras, las formas sinuosas y, por supuesto, nuestro miedo. Ese miedo nos acompañó durante toda la tarde, pero ello no impidió que fotografiara todo... Incluyendo esas extrañas bolas de luz que pululan por todas partes... ¿Errores de la imagen, o son orbes? 


Muchos son los lectores a los que les hemos mostrado estas inquietantes fotografías. Los primeros en darnos su opinión han sido Lucas G. y Zeus S., quienes opinan que se trata de los reflejos de las gotas de lluvia de caían aquella tarde tormentosa... Un juego de luces fruto del flash, a pesar de que no recuerdo que las fotos se tomasen con esta luz extra. Nos comentan que puede ser debido a utilizar el flash especial para ojos rojos, pero tengo claro que no es posible porque nunca lo utilizo... No me gusta los efectos que genera en las fotografías en las que aparecen personas. 


Hemos recopilado numerosos testimonios sobre el Preventorio de Aigües, siendo uno de los más interesantes el de Almudena G., desde su blog Wymering. Acompañada de su familia, se desplazó hasta allí en 2011, con la única finalidad de conocerlo personalmente y de fotografiar todo cuanto quedara en pie... Y reconoce que el paraje era escalofriante. Comenta que ningún niño murió en el Preventorio durante su etapa hospitalaria, aunque sí fallecieron tres adultos... A todo ello, suma los testimonios de algunos pacientes, que describen en lugar como solitario, un frío hospital donde las monjas no mostraban ni una sola muestra de cariño hacia los niños que allí vivían. Un verdadero drama que podéis consultar en el siguiente enlace:


"(...) Yo estuve hace muchos años. Aunque tengo muchas ganas ya no he vuelto porque no sabia si se podía entrar. Es un sitio muy especial para mi y me gustaría ir en breve (...). También tengo que decir que el lugar es más escalofriante por su aspecto que por su historia, al menos para mí."


Luis M., presidente del Centro Ilicitano de Parapsicología, también ha estado en el Preventorio en numerosas ocasiones:


"(...) Por supuesto que hemos estado (...), un lugar bastante inquietante y en el que muchos compañeros han obtenido resultados en psicofonías y fotografías. Recuerdo que, incluso, grabamos hace años un reportaje para la televisión ese lugar." 



En ese sentido, Copérnico G., reconocido investigador en el mundo del misterio y natural de Alcoy, ha obtenido material muy interesante y que ha mostrado al mundo a través de su programa Entre Dos Mundos. Me confieso fiel seguidora de su trayectoria en los últimos años, y puedo corroborar que ha realizado destacadas investigaciones en el Hostal El Cónsul, la Masía Las Vaquerizas (escenario de un crimen) y, por supuesto, en el Preventorio de Aigües, donde nos ha confesado tener montones que experiencias que contar. Veamos su última investigación:




Por su parte, Rocío T., de la página Lugares Abandonados y a la que estoy segura de que ya conocéis, nos comenta que lleva 6 años acudiendo al Preventorio de manera regular, siendo uno de sus lugares favoritos por ese aire enigmático que tiene. En eso coincidimos, pues donde suceden casos insólitos e injustos suelen quedar las energías en el aire... No necesariamente tiene que tratarse de energías negativas... ¡En absoluto! De hecho, y a pesar de ciertos resultados en las investigaciones, la paz que rodea al Preventorio no he sido capaz de respirarla en ningún otro lugar... 


Desde aquí, quiero agradecer la colaboración a todos aquellos que han aportado su granito de arena, tanto para las fotografías como para los testimonios. Hay algo de lo que estoy segura: el Preventorio de Aigües es un lugar misterioso, rebosante de personalidad y magnético... Sencillamente, especial. Por ese motivo, y mientras siga en pie, continuaremos acudiendo a su encuentro, observando esas misteriosas escaleras y sintiendo que el tiempo se para cuando cruzas su umbral... Una visita recomendada para todos aquellos amantes del mundo del misterio y que quieran sentir lo que verdaderamente significa "magia."