sábado, 15 de marzo de 2014

Preventorio Anti Tuberculoso de Aigües - Tercera Visita (Segundo Aniversario)

Estamos de aniversario... Tal día como hoy de hace dos años decidimos poner en marcha este pequeño gran proyecto: el 15 de Marzo de 2012 veía la luz por primera vez Excursiones para Normales, con la única finalidad de dar a conocer los llamados 'paraísos perdidos', acercando los lugares más secretos a vuestros hogares mediante una mezcla homogénea de fotografía y palabras, demostrando lo bello que es conocer nuestra historia y perderse en ella. Gracias a nuestro trabajo hemos conocido gente maravillosa, hemos compartido localizaciones desconocidas y hemos aprendido a hacerlo cada vez un poquito mejor, para que disfrutéis tanto como nosotros a la hora de sentarse delante del ordenador con la intención de hacer turismo virtual. Y es que, de eso se trata: excursiones normales, para gente normal.


Pero claro... ¿Qué hacer para celebrar estos dos años al frente de semejante transatlántico? Llevaba un tiempo barajando la posibilidad, pero hace unos días lo vi más claro que nunca: necesitaba regresar al Preventorio de Aigües... Necesitaba saber que seguía en pie y necesitaba volver a perderme entre sus muros... Necesitaba sentir lo que siempre había sentido caminando perdiéndome en su oscuridad. La semana había sido fría y la meteorología no nos daba tregua, así que decidimos hacer una escapada para adentrarnos en el más puro misterio una tarde-noche lluviosa... Es la primera vez que hemos hecho algo así, por lo que la experiencia ha sido tan gratificante como única.


El camino de ida al Cabeçó d'Or lo hicimos en silencio, con la música ambiental y el parabrisas a máxima velocidad... Sí: finalmente, estaba lloviendo y la velocidad del viento era bastante considerable... Anochecía a pasos agigantados a pesar de ser apenas las seis de la tarde. Nuestra estancia en el Preventorio de Aigües iba a resultar muy satisfactoria, sobre todo teniendo en cuenta la cantidad de leyendas oscuras que este edificio ha suscitado desde el inicio de los tiempos, desde sus modificaciones para pasar de un espectacular hotel-balneario a un tenebroso preventorio antituberculoso.


Desde que iniciamos la subida por el camino que nos conduciría hasta la construcción sentíamos esa sensación que nos embargaba... El olor del abandono se percibía en el ambiente... El olor de su fantasmagórica historia. El edificio del siglo XIX se alzaba solitario y sombrío como si de un escenario de película de terror se tratase. Resulta innegable que su figura, rodeada del más estricto silencio y del aire más puro, resulte una estampa aterradora, sobre todo si nos dejamos llevar por las historias de muerte y dolor que dicen habitar sus pasillos.


Estacionamos donde siempre, donde la valla que impedía el paso ya era inexistente, mientras carteles de PROHIBIDO EL PASO - EDIFICIO EN RUINAS cuelgan de cada uno de los árboles... Llovía lo suficiente como para calarnos enteros, de modo que el paraguas sería nuestro mejor aliado durante toda la tarde. Nuestro primer paso fue rodear el edificio y constatar, una vez más, su deterioro: en los tres años que llevamos visitando este complejo, podría deciros que ha envejecido a pasos agigantados, sobre todo en el último año... Los techos de la tercera planta ya son inexistentes, hay partes de la carpintería que han desparecido y muros que han sido derribados... Y eso que todavía no habíamos accedido.


El ulular del viento y el continuo golpear de algunos de los enormes ventanales nos mantuvieron en tensión durante toda la velada. El silencio se veía quebrado por todos y cada uno de esos choques entre madera podrida y hormigón... Impactos sonoros capaces de cortar la respiración en una tarde como aquella. No tardamos en refugiarnos bajo techo, en la oscura estancia que hace un año y medio nos atrevimos a pisar por primera vez... En una primera ojeada, las cosas parecían estar cada una en su lugar, pero, cuando uno se digna a observar, puede comprobar cómo han cambiado: restos de hogueras, un posible sacrificio ritual y un enorme agujero en el suelo que cede hacía un túnel y que trata de impedir el paso hacia cualquiera de ambos corredores... Con mucho cuidado y paso lento, tomamos algunas de las fotografías que hoy os mostramos, aunque con la mala suerte de no llegar mucho más lejos del recibidor: baños, piscinas y vaporarios ya no son identificables... Apenas ya pueden distinguirse las falsas bóvedas o la mampostería que cubría suelos y paredes...


Tras permanecer en silencio escuchando los sonidos naturales, nos dimos cuenta de que resultaba imposible avanzar por esta parte... La decisión estaba clara: se hacía necesario rodear el edificio y acceder por el lado opuesto, pues como bien recordábamos, las escaleras por esta zona están totalmente derruidas... La tormenta había empezado a descargar con más ímpetu, y la imagen del preventorio era ahora más aterradora que nunca: mientras las ventanas abrían y cerraban con más y más fuerza, nuestra incomodidad creía a pasos agigantados. Y volvimos a situarnos frente a la fachada principal, sobre la pasarela metálica que comunica tierra firme con la primera planta del edificio, y esta vez no dudamos: el hierro rojo que antes se tambaleaba fue recorrido a zancadas, sin pensar en el vacío donde en su día hubo un lago artificial... Todo ello mientras puede divisarse cómo los techos de las partes más altas han cedido por completo.


El mundo de riqueza de épocas pasadas ya no estaba presente ni en nuestro pensamiento: el recibidor parecía más que nunca el de un hospital abandonado, donde la muerte y el dolor se concentran en un todo y nada... Sus amplios corredores todavía albergan habitaciones transformadas en una sola en todos los sentidos: mirar hacia arriba era observar el cielo, pues tanto suelos como techos habían caído, dejando entrever las vigas originales...


Las escaleras de dos ramales nos llamaban... En todas nuestras visitas, es el lugar que más respeto nos ha dado, no sé si por la Leyenda de la Dama Blanca o por los restos de los espejos que cientos de curiosos han dejado y destrozado en sus peldaños. Todo crujía a nuestro alrededor y ya no sólo bajo nuestros pies, parecía que estábamos rodeados de personas, a pesar de que allí no había nadie. Desde luego, estaba siendo la visita más incómoda hasta la fecha, y puedo aseguraros que no me sentía así desde que visitamos el Colegio San Ramón de Agost (Alicante), ahora ya derruido.


Una vez en la segunda planta, el aspecto de todo es desolador, sobre
todo desde esa óptica... El enorme agujero del mirador parece un poco más grande que la última vez, y se hace necesario ser extremadamente cuidadoso al rodearlo... Incluso, algunos de los puntales han caído, y no apetece en absoluto asomar el gaznate hacia lo que en su día fue una claraboya que dejaba ver una curiosa fuente en la planta inferior. Ello, sin embargo, no nos impidió recorrer ambos corredores, curiosos de averiguar cuáles eran los ventanales que nos sorprendían con tal rebelión de sonidos... En un determinado momento nos separamos, recorriendo cada uno espacios distintos... Fuera llovía a cántaros, pero resultaba materialmente imposible que esos golpes se produjesen fruto de la meteorología.


En otras ocasiones, ni siquiera nos habíamos planteado la posibilidad de acceder a la tercera planta... Las únicas escaleras de ascenso estaban destrozadas y era evidente que, si no había techo en la segunda planta, en la tercera no habría suelo... Sus vigas habían, simplemente, fenecido... Pero, esta vez, queríamos fotografiarlo: muy poco a poco, paso a paso, tomamos lo que quedaba de los peldaños e iniciamos una nueva aventura: la de la planta más alta del preventorio. Fotografiamos cada instante, cada momento hasta llegar arriba... Porque poco más podíamos hacer. Tras echar un vistazo a ambos lados, encontramos lo que ya sabíamos que íbamos a encontrar: en lugar de suelo, sólo había aire... Existía la posibilidad de desplazarse pegado a la pared, subido a los restos de una oxidada viga, para llegar hasta el final del corredor, no sin asumir los riesgos que supondría caer desde tres alturas con el peligro de que, para colmo, el suelo de abajo cediera y aparecer en alguno de los túneles del edificio...


No tardamos en descender... De hecho, mucho más rápido de lo que habíamos ascendido. No fueron pocas las veces que sufrimos algún sobresalto debido a los continuos golpes, al ulular del viento o al simple hecho de que un aire frío procedente de cualquier parte erizara nuestra nuca... Sin embargo, quería volver a sentir esta experiencia y llegar, si era posible, un paso más adelante, ofreciendo fotografías de mala calidad pero con muchas más historias que contar en una fecha tan importante como ésta.


Sin más, daros las gracias por seguir ahí un año más... Esperamos, por nuestra parte, seguir acercando un poco más de nuestra historia a vuestros hogares y regalando momentos agradables de turismo virtual, ya sea visitando lugares 'con encanto' o, quién sabe, lugares encantados... 

miércoles, 5 de marzo de 2014

Urbanización 'Las Lamparillas' - Segunda Visita

Es la primera vez que una segunda visita se produce un lapso tan corto de tiempo... Supongo que la ansiedad por explorar lo desconocido se había vuelto demasiado incontrolable. Mucha gente no lo comprende: ¿será cierto que se trata de una afición extraña? Puede ser, pero lo que tengo claro es que aquello que nos aportan éstos lugares no puede ser suplantado por nada: su soledad, sus detalles o su peculiar aroma sólo pueden encontrarse así, con tiempo y mucho cariño: una vez más, guiados por la máxima de "no tocar absolutamente nada", nos dirigimos hacia la Urbanización 'Las Lamparillas'... Os preguntaréis por qué, pero todavía quedaba mucho por explorar... ¡Muchísimo! Montones de viviendas unifamiliares, pequeñas mansiones que todavía continúan en pie a pesar de la mano humana que tomó la decisión de hacerse una vivienda para él sólo con todos los materiales que iba encontrando a su paso. 


Seguimos, una vez más, el camino de entrada a la urbanización... Montones de palmeras olvidadas a punto de fenecer y un asfalto destrozado por el paso del tiempo. Al fondo, la valla de siempre, prohibiendo el paso a los curiosos y montones de escombros que tratan de cerrar las entradas... Supongo que no lo suficiente, pues la gente nunca ha dejado de cruzar el umbral. Las nubes más grises cubrían el cielo aquella tarde de Febrero, demostrando amenaza inminente de lluvia. Por suerte, esa lluvia no se produjo, pero ese particular color ambiental nos permitió disfrutar de los campos de almendros en flor que rodean el complejo... 


Sólo existía una posibilidad para llegar hasta el otro lado de la urbanización y, desde luego, no era el camino que tomamos la primera vez... En esta ocasión, se trataba de ir en sentido contrario y alcanzar los cimientos de las últimas viviendas unifamiliares, pues ese sería el lugar donde el coche permanecería y, el resto del camino, lo haríamos a pie. Vuelvo sobre lo mismo que la última vez: sed precavidos, id observando el vehículo de vez en cuando y, sobre todo, acercaos a plena luz del día, pues el lugar es muy solitario y amplio... Si vais acompañados, mejor.


Esa tarde tuvimos mucha suerte... Además de la iluminación adecuada, pudimos tomar fotografías a nuestro antojo por todo el complejo sin 'visitantes' que nos arruinaran la tarde. No hubiese sido la primera vez, así que tampoco sería extraño, sobre todo teniendo en cuenta las dimensiones del lugar... Unas dimensiones que se ven incrementadas cuando uno cruza el 'umbral' de una valla destrozada por el impacto de algún vehículo de envergadura considerable. Montones de materiales todavía aprovechables se divisan por todos lados, junto a los restos del lugar donde se ubicó la grúa... Una imagen desoladora. 


Tras comenzar nuestro recorrido por los cimientos de un elevado número de viviendas unifamiliares, nos adentramos en lo que parecía una convención de hermanos gemelos: las viviendas se alzan las unas junto a las otras, formando hileras interminables separadas por calles que nunca llegaron a ser bautizadas... La mayoría de ellas ahora cubiertas por maleza moribunda que nos impide caminar con libertad por todos sus rincones. Sin embargo, no tardamos en adentrarnos en una de las viviendas unifamiliares, en concreto, en una de las que todavía se muestran como un conjunto de ladrillos desnudos... A pesar de ello, no nos sentimos impedidos para ascender a la terraza superior y tomar fotografías tan interesantes como las que hoy os mostramos: 


Por desgracia, las viviendas con unos acabados más completos no han tenido mucha suerte: la mano humana ha expoliado absolutamente todo: cables de cobre, cañerías, escayola o, incluso, azulejos. Me pregunto la de familias que habrán perdido sus ilusiones y su dinero entre esas paredes... No es que las viviendas fuesen enormes; de hecho, si sumamos los metros de la planta inferior, la superior y la terraza, obtendríamos la amplitud de una vivienda normal de unos 90 metros cuadrados, pero... ¿A quién no le hace ilusión tener una casa con escalera propia? Y, cómo no, con una terraza enorme... 


Por supuesto: si uno quiere perderse por un amplio espacio, sólo tiene que dirigirse al final del complejo, donde se encuentran lo que yo he bautizado como 'mansiones'... Si las viviendas unifamiliares normales están construidas de dos en dos y, en cada bloque, encontramos un par, en el caso de las mansiones, sólo hay una por parcela: enormes construcciones orientadas al amanecer con futuras vidrieras para aprovechar al máximo la luz del día; enormes terrazas y balcones visibles desde fuera, y un increíble porche para aprovechar al máximo el espacio... ¡Y todo ello sin haber entrado en su interior! 


Los últimos rayos de sol nos acompañaban en nuestra visita, colándose por los lugares más recónditos y haciendo de nuestras fotos un arte... Mientras las vidrieras nos demuestran lo bien que saben hacer su trabajo, disfrutamos perdiéndonos por sus amplios espacios: salones, baños... Las escaleras de mármol, que por suerte no han sido sustraídas, nos llevan hacia la segunda planta...


Allí nos da la bienvenida una amplia terraza con balcón y vistas hacia los edificios colindantes... Tres pequeñas vidrieras más se comunican con el interior, y nos regalan una imagen preciosa... Perfecta: 


Por desgracia, la luz se estaba acabando, y se hacía necesario hacer el recorrido de vuelta... No sin tomar fotografías de todas las panorámicas posibles. Cielos cubiertos, atardeceres naranjas con tonalidades rosadas... Una belleza que sólo puede ser disfrutada desde la costa levantina y murciana:


Definitivamente, se trata de una visita altamente recomendada para los exploradores más exigentes... Con buena luz, espacio y total libertad para tomar cuantas fotografías se guste sin visitas inesperadas. Además, hay montones de viviendas para elegir, para sumergirse en sus detalles... Tomad nota y no dejéis pasar la oportunidad.