jueves, 6 de febrero de 2014

Urbanización 'Las Lamparillas'

Todos, en alguna ocasión, hemos tenido la oportunidad (que no digo 'el placer') de pasear por un cementerio... Y ya no sólo me refiero a todos aquellos lugares en los que los seres vivos buscan el eterno descanso. También los hay de vehículos a motor o, incluso, ¡de locomotoras! Todos ellos reúnen sus propias vivencias intramuros, sus muchas historias que contar y, cómo no, multitud de aspectos de belleza incalculable. Hoy quiero mostraros algo de similares características aunque, por desgracia, con muy pocas cosas que expresarnos. Se trata de la Urbanización 'Las Lamparillas', un cementerio de hormigón a medio construir y abandonado a su suerte desde el 2010, con la explosión de los delitos de prevaricación... Ubicada en Fortuna (Murcia), los restos del naufragio inmobiliario ya no pueden prometer riqueza y progreso... De hecho, nunca pudieron prometer nada pues ni una sola de sus viviendas llegó a ser nunca ocupada.


Llegar hasta allí no resultó nada sencillo... Si bien es cierto que 'Las Lamparillas' están perfectamente señalizadas a la entrada del municipio como si de una urbanización totalmente poblada se tratase, su ubicación justo al lado de un polígono industrial implica extremar cualquier tipo de precaución. A su vez, existe otro aspecto importante que hay que tener en cuenta: a pesar de que la carretera de acceso está plagada de palmeras (moribundas), el camino asfaltado toca su fin pocos metros más adelante, cuando es posible toparse con una valla... Ello puede implicar dos cosas: dejar el coche y continuar a pie o, por el contrario, continuar conduciendo por el camino de tierra hasta que sea posible... Nosotros tomamos esta segunda opción, nada recomendable para aquellos que tengáis un coche negro o que, simplemente, no queráis hundirlo en el barro. Con todo ello, decir que se puede ir caminando, aunque está bastante alejado y no precisamente acondicionado. 


Aunque el sol lucía alto y resplandeciente, aquella tarde había llovido... De hecho, había estado lloviendo toda la semana, lo que suponía ensuciarnos bastante si queríamos tomar algunas fotos. Además, el conjunto urbanístico está totalmente apartado de la civilización, por lo que estacionamos a la altura de nuestros ojos y procuramos no separarnos mucho del coche... Y, realmente, tampoco es que lo consiguiéramos: desde que pusimos un pie en el suelo, nos hundimos en el barro varios centímetros, por lo que caminar se hizo bastante complicado durante toda la velada. Sin embargo, ¿acaso no merecen la pena estos atardeceres del mes de enero?


Cuando uno consigue alzar la vista, ¿qué es lo primero que ve? Montones y montones de edificios, todos pegados, todos iguales, ninguno diferente... Construcciones gemelas sin ningún tipo de antítesis... Un paraje desolador azotado por la polémica y la crisis económica, calles sin nombre que nunca serán reconocidas. Me pregunto cuántas personas adquirían una vivienda de las ofertadas y, tras abonar una determinada cantidad de dinero, jamás pudieron poner un pie en ella... Las ilusiones de cientos de personas olvidadas entre ladrillos sin colocar...


La falta de tiempo y la posibilidad inminente de que anocheciera nos llevaron directamente a los edificios de tres plantas y terraza. Su estructura era, como poco, original: estructura de palacete victoriano con tendencias modernistas, tejados a dos aguas con pequeñas tejas de colores, unos bonitos marcos para las ventanas y algún futuro ventanal redondo en las alturas. Una verdadera hermosura que me hubiese gustado ver acabada... A mí y a muchas otras personas, de eso estoy segura.


No dudamos en introducirnos en algún que otro edificio; algunos más acabados, otros todavía en cimientos... El primero de ellos todavía aparecía desnudo, con apenas ladrillos como paredes. A pesar de que los pre-marcos de las puertas ya estaban colocados, ni siquiera dio tiempo a realizar la instalación eléctrica o de fontanería... El enorme hueco del ascensor es un agujero sin fin y unas escaleras inacabadas culminan en balcones hacia el infinito. Seis viviendas de un muy escaso tamaño separadas por finos tabiques que finalizan en una pequeña terraza, en este caso, totalmente inacabada e inaccesible...


Nos adentramos en otra edificación... Esta vez, mucho mejor acondicionada pero, también, expoliada: la mayor parte de los materiales que pudiesen tener algún valor habían sido sustraídos por numerosas manos capaces de destrozar paredes y techos sin ningún remordimiento. Esta vez, el ascensor aparecía en su lugar y, sus grises puertas, cerradas a cal y canto... Tanto el suelo de la escalera como el de las viviendas ya estaba colocado, así como los azulejos en baños y cocina (todo muy sencillo y en tonos marrones). Las paredes que quedan enteras ya aparecen enlucidas e, incluso, todavía se puede ver alguna bañera o plato de ducha... Viviendas o estudios de un máximo de 70 metros cuadrados, con amplios balcones y una terraza perfectamente acabada, con suelo de gres y columnas que camuflan la salida de humos.


De hecho, me apetece hacer un pequeño inciso... En lo alto de la terraza, ubicado en una habitación oculta a la vista, aguarda silenciosa la maquinaria del ascensor... Supongo que nadie ha podido sustraerla debido a su gran tamaño y la dificultad que presenta desmontarla...


Fisgoneamos en un último edificio... Sobre todo porque la puerta del ascensor estaba abierta y se podía acceder a su interior. En él, todavía yace el espejo entero y los dos tubos de iluminación... ¡Raro es que nadie los haya tomado ya como suyos! Supongo que, el miedo a introducirse en un ascensor que podía desplomarse pudo con la actitud de los expoliadores... El techo de las viviendas en general aparecía en mucho peor estado: paredes con agujeros para extraer el cobre o las tuberías en una vivienda donde las habitaciones y los baños aparecen separadas del salón/cocina por una especie de pasillo. Con las últimas lluvias torrenciales, la terraza del edificio se ha convertido en una piscina nada pisable...


La noche había caído, y se hacía muy difícil continuar fotografiando el panorama... Durante un par de horas, habíamos estado literalmente hundidos en el barro y ya se hacía necesario regresar. Eso sí, no sin antes echar un último vistazo y prometernos que, tarde o temprano, volveríamos para fotografiar las viviendas unifamilires... Eso y realizar una crítica nada constructiva teniendo en cuenta la situación actual: ¿cómo es posible que haya gente que pierda su casa mientras en Fortuna existe un terreno y unas viviendas cimentadas que podrían ser perfectamente aprovechadas?