domingo, 21 de diciembre de 2014

El Hotel Olvidado - Las Verdaderas Fotografías

Prometimos volver... Y hemos cumplido nuestra parte del pacto: ahora sólo queda que vosotros cumpláis la vuestra y os adentréis en esta nueva aventura... El ya más que conocido Hotel Olvidado necesitaba de una nueva visita por nuestra parte, esta vez, a plena luz del día, con la única meta de empaparnos, más aún si cabe, de su historia y sus vivencias. De algo estoy segura, y es de que volveremos más adelante... En muchas más ocasiones, ya sea abandonado o rehabilitado, pues cada vez que cruzamos su umbral nos trasladamos a otra época... Una era gloriosa, llena de comensales ocupando mesas y sillas, repleta de turistas en búsqueda de sol y playa; una etapa rebosante de personalidades destacadas en los distintos ámbitos. Una vez más, gracias a las palabras de Luis A., sobrino de D. Tomás Durá Bañuls y administrador de la web http://www.tomasdura.es/, nos introducimos en un flashback que pondrá freno en las décadas de los 60-70. 


Era temprano, y el sol comenzaba a despuntar... Tanto que jóvenes y mayores se disponían a dar su paseo matutino por la playa. Mientras, nosotros comenzábamos a tomar fotos... Si bien es cierto que, de noche, su aspecto es verdaderamente siniestro, a plena luz del día pueden captarse todos sus detalles: los montículos de arena que cubren la antigua piscina o el resto de áreas recreativas, las redes que intentan tapar (sin mucho éxito) los enormes ventanales y miradores, las palmeras moribundas que resisten a su destierro... Una multitud de rincones todavía por explorar y que pronunciaban nuestro nombre. 


Nuestro recorrido, como siempre, comenzó en la sala de grandes celebraciones, ubicada por encima de la boite 'La Sirena' y con acceso directo a la playa. Hoy en día todos los miradores están totalmente tapiados y apenas llega la luz del sol... Sin embargo, todos ellos, que en su día miraban hacia la piscina iluminada, ahora nos devuelven una imagen triste y demacrada, llena de soledad... ¿Cuántas no habrán sido las personas que habrán disfrutado de semejante lujo? El propietario, D. Tomás Durá Bañuls, ingeniero de obras públicas, hizo una gran labor por la zona... A él se le deben muchas otras ideas, y estamos seguros de que su sueño hubiese sido verlo renacer.


Cruzamos la famosa sala hasta las escaleras principales comprobando, una vez más, cómo la arena devora todo cuanto encuentra a su paso... ¡Y no es para menos! Todavía existen personajes que se dedican a arrancar las pocas piezas de mármol del suelo que quedan y a reservarlas por los rincones, para llevárselas cuando tengan medio de transporte... Curiosamente, y según nos cuenta Luis A., el hotel se mantuvo en perfecto estado hasta finales de los años 90, cuando sus propietarios decidieron venderlo para su explotación futura, incluyendo servicios de vigilancia, limpieza y suministros. Fue después de la venta cuando comenzó a sufrir daños provocados ya no sólo por el propio desgaste del mar, sino por los actos vandálicos, los incendios y los saqueos.


Subimos a la planta baja con una única intención: ver la recepción a plena luz del día y disfrutar de las inigualables vistas desde el Snack Bar hacia la playa. Parece mentira, pero después de recorrer en la más absoluta oscuridad cada una de sus dependencias, planta por planta, rincón por rincón, a plena luz del día todo se hacía más difícil: saltar por encima de los pórticos o comprobar cómo habían sido arrancados todos los detalles de madera y mármol era verdaderamente triste. Es entonces cuando pudimos comprobar que el Snack Bar estaba calcinado: poco queda del mobiliario y decoración de Muebles Chinchillas de Yecla, o de las tapicerías de Ytier de Alicante. Sus 325 metros cuadrados y la terraza cubierta de 126, preferida por el público como comedor de verano, aparecen totalmente corroídos... Hacía casi 40 años que ninguno de esos 500 comensales tomaba sus víveres escuchando las olas del mar.


Volvimos a recorrer una a una las 5 plantas de altura del edificio, inicialmente cuatro pues la previsión era explotarlo como una residencia de tercera edad de alto standing... De hecho, Luis A. nos confirma que, por este motivo, tiene una fachada tan peculiar y unos pasillos tan estrechos. Sin embargo, la empresa no respondió económicamente y fue a partir de entonces cuando se convirtió en negocio familiar, ampliando la quinta planta para construir la vivienda de sus propietarios y algunos rincones más. Por ello, de día puede comprobarse la gran superficie del solar, de unos 6000 metros cuadrados con zonas deportivas, piscina, mini golf, tenis de mesa, bolera y jardín. Todas ellas seréis capaces de distinguirlas en esta vieja fotografía, una postal de los 60-70 que he encontrado buscando entre mis antiguos recuerdos... ¿Qué os parece? La he escaneado para vosotros, lectores:


Un total de 146 habitaciones permanecen actualmente abiertas, solitarias y destrozadas... 113 de ellas contaban con baño completo con bañera, ducha, lavabo, bidé e inodoro, mientras el resto (33) tenían polibán (pequeña bañera con asiento), ducha, lavabo e inodoro, además de teléfono, armarios interiores, calefacción y, además, radio centralizada con 12 canales para música sinfónica y estereofónica, y radio normal. En resumen, el hotel reunía los materiales de mejor calidad del mercado nacional, ofreciendo el alto confort y distinción requeridos para un hotel de playa con los fines que perseguía.


Recorrimos muchas de esas habitaciones, unas más grandes, otras más pequeñas... Cada cual con un baño más vistoso si cabía. Algunas de ellas todavía conservan parte del mobiliario: armarios, cabezales de cama, mesitas... ¡Incluso parte de un viejo televisor! Todo ello, por supuesto, acumulado, destrozado, corroído por el tiempo y la arena de playa... Viejos objetos acumulados frente a idílicos y enormes miradores enfocados hacia una piscina o un minigolf que ya no existen.


Volvimos a colarnos por sus pasillos... En algunas ocasiones, oscuros y escalofriantes... Destrozados, agujereados y pataleados, donde ya no queda nada de interés para ningún chatarrero más que sus viejos ruidos. Mientras montones de documentación del hotel yace mojada en las proximidades de una antigua bañera, algunos rastros de papel en las paredes se resisten a despegarse... Aterciopelados al tacto, con bonitos y coloridos motivos que nos recuerdan a la década de los 60, aquella era en la que las flores y los motivos vintage ocupaban todo campo de visión. ¡Qué tiempos aquellos!


El Bar-Terraza, situado en la penúltima planta, era otro de esos lugares que no podíamos dejar de visitar con tan tremenda luminosidad... Por desgracia, también calcinado y desnudo. Su enorme amplitud y sus barras de servicio ahora ya no tienen clientela... Sus últimos comensales datan de 1979, fecha en la cual echó el cierre definitivo y dejó de recibir personalidades de la talla de D. Juan Carlos I, D. Juan de Borbón (Conde de Barcelona), Albano, Raphael o Julio Iglesias.


El sueño de D. Tomás Durá Bañuls finaliza 2015 con un futuro algo más alentador... A la espera de una nueva y prometida rehabilitación sea la definitiva. Si bien es cierto que la famosa Ley de Costas detuvo la obra al declararla ilegal, dando paso a un larguísimo procedimiento, el mismo ha sido ganado en diciembre de 2015, año y mes en el que han comenzado las obras con la intención de reabrir sus puertas para el verano de 2017. Hasta el momento, sus rincones han sido olvidados por la ley, mientras sus estupendas terrazas sólo han sido capaces de almacenar agua de lluvia... La vivienda de sus antiguos propietarios, ubicada en la última planta y repleta de comodidades, sólo ha reunido escombros y tristeza durante todos estos años... Además de muchos recuerdos, tal y como nos cuenta el propio Luis A.


En esta ocasión no fotografiamos las bodegas, pues su oscuridad era tan hermética como en las dos primeras ocasiones, en las que nos adentramos sin más luz que nuestras linternas... Además, algún desalmado ha osado a echar abajo los restos de cajas de mermelada, impidiendo el acceso y destrozando todo aquello que quedaba en pie, convirtiendo el húmedo habitáculo en un complejo intransitable, pegajoso y repleto de botellas rotas.


Sólo puedo decir una cosa: se trata de uno de los lugares más impactantes que nunca hemos visitado, repleto de sonidos inexplicables, movimientos y, sobre todo, muchísima historia... Continuaremos volviendo antes de que sea demasiado tarde... Demasiado tarde para nosotros, o para él... Deseamos con todo nuestro corazón que renazca de sus cenizas, sentir que sus muros vuelven a recibir a grandes personalidades, a comensales encantados de compartir la velada con las olas del mar, a buceadores ansiosos de hacer unos largos mientras son observados desde una boite subterránea. ¡La vida vuelve a comenzar para ti, querido hotel! 


Actualización: Diciembre de 2015, gracias a Luis A., sobrino de D. Tomas Durá Bañuls y administrador de la web: http://www.tomasdura.es/. Desde Excursiones para Normales, agradecemos tu ayuda a la hora de recorrer sus oscuros pasillos sin tropiezos y, sobre todo, tu implicación en ayudarnos a reconstruir su historia desde el más absoluto cariño. Un abrazo y gracias.

lunes, 17 de noviembre de 2014

El Hotel Olvidado

De antemano puedo aseguraros que volveremos a dejarnos caer en este lugar en muchas más ocasiones... Sencillamente, nos ha impactado, y este hecho nos obliga a regresar a plena luz del día para poder disfrutarlo en toda su plenitud. El Hotel Olvidado, nombre con el cual he decidido enmascarar su verdadera identidad, conserva detalles de hace más de cincuenta años que se resisten a que el paso del tiempo y los chatarreros eliminen sus vestigios... Los vestigios de una historia que hoy voy a intentar contaros de la mano Luis A., sobrino de su antiguo propietario y administrador de la web http://www.tomasdura.es/, mientras os muestro algunas de las fotos que tomamos a lo largo de dos noches. Teníamos claro que el tiempo jugaba en nuestra contra, por lo que sabíamos de antemano que nos adentraríamos en sus entrañas acompañados tan sólo por el haz de luz de nuestras linternas... Una experiencia única que tan sólo el sonido de las olas podía romper.


Este hotel fue el primer edificio que se levantó en lo que hoy es una zona costera de reconocido prestigio; por aquellos entonces, tan sólo un vacío inmenso de dunas, caminos de tierra y soledad. Sus obras dieron comienzo en el año 1960, y fue inaugurado en verano de 1963, año a partir del cual se convirtió en el motor del turismo de la localidad: tal fue su éxito que muchos promotores urbanísticos comenzaron a invertir en la zona, dando lugar a las primeras urbanizaciones que actualmente lo rodean y, por supuesto, muchos restaurantes que hoy se hallan a pie de playa. ¡Era uno de los mejores y más modernos hoteles de Europa! Y no es para menos: en las fotografías comprobaréis que sus acabados eran de una gran calidad.


Nos encontramos ante un hotel perfectamente comunicado y abierto todo el año sin excepción. De hecho, y si rescatamos las palabras de uno de los folletos publicitarios que circulaban por aquellos años, podemos leer:

"(...) Sus habitaciones, todas exteriores, gozaban de baño, teléfono, radio y calefacción. Magníficas terrazas con vistas al mar. Restaurante. Excelente cocina internacional y platos típicos. Servicios de Snack-Bar, Peluquería, Parking, etc. Deportes náuticos. Minigolf. Tenis. Bolera. Piscina. Terraza-Club. Gruta "La Sirena" (boite insonorizada). Autobús y aeropuerto (...). Temperatura media anual 18 grados. Mas de 300 días de sol. Categoría de Primera (...)." 



Nada nos impidió empaparnos de su esencia... Cruzar su umbral y tocar su alma. Según cuentan, por este hotel pasaron grandes personalidades de España: de Política, de Economía y de Cultura de la época; desde el actual Don Juan Carlos de Borbón (entonces Príncipe de Asturias) hasta su padre Don Juan (Conde de Barcelona); el Rey Leka I de Albania, José María Pemán o Fray Justo Pérez de Urbel; actores de cine de fama mundial, del FC Barcelona y otros equipos de renombre; también fue escenario de varias películas... Una completa joya por descubrir en la que, en ese momento, nos hallábamos nosotros.


La arena de playa ya había recuperado parte del territorio que le pertenece, y no es para menos: el hotel se alza sobre la misma cala, por lo que podemos suponer que, en su día, tenía su propia "playa privada." Lo primero que encontramos fue la sala de fiestas y de grandes celebraciones, con acceso directo a la playa. Su enorme tamaño nos llamó la atención, al igual que el piano destrozado y devorado por el salobre... El mobiliario se amontonaba por todas partes, dentro y fuera de la extensa barra: mesas y, sobre todo, sillas, entorpecían el paso de los mortales, hundidos en una arena que va recuperando su sitio poco a poco, año tras año... Al fondo, unas escaleras descienden hacia un oscuro sótano, en este caso, la boite o sala de guateques, totalmente insonorizada y muy moderna para la época. Según nos cuenta el propio Luis, a través de sus cristales podía verse a los clientes bucear y nadar en la enorme piscina... Si bien es cierto que podía parecer un túnel por su inaccesibilidad, en realidad, no lo era.


A lo largo de nuestra segunda visita, comprobamos que el silencio ambiental era mayor: podíamos identificar con claridad el sonido de las olas y, por supuesto, todos los quejidos que emite un edificio tan antiguo. Además, el viento ululaba a una velocidad notable... Todo sonaba magnificado. Tanto que nos detuvimos en cada rincón, disfrutando de todo lo que teníamos delante, trazando un lento recorrido del que queríamos conservar cuantos más recuerdos mejor... Por ejemplo, de los baños y las cocinas de la sala de fiestas: en mi caso, tenía la sensación de haberme perdido tantas cosas que esa noche iba a recuperar al precio que fuese... En ese mismo salón, en la parte derecha, todavía puede observarse el ascensor y unas escaleras que conducían a la planta principal, según nos cuenta el propio Luis, adornadas con un mural de gresite (ahora desaparecido) firmado por el mismísimo pintor Gastón Castelló.


Desde esta sala de fiesta, unas peligrosas y estrechas escaleras de caracol nos conducirían a las cocinas de la planta superior... Sin embargo, antes de tomarlas, seguimos caminando hacia los interiores de esta planta baja: las sucias y descuidadas bodegas, oscuras y sin ventilación, en cemento vivo y sin detalles extravagantes, nos esperaban. Caminar se hacía bastante difícil, sorteando cristales y pisando muchos otros, con sumo cuidado para no dejar nuestras huellas. Allí, curiosamente, encontramos algunas botellas de vino y de champán todavía sin descorchar... Ahora, yacen totalmente vacías, evaporadas, junto a otras rotas y machacadas...


Un olor dulzón y pegajoso nos llamó la atención: entre tantas y tantas botellas, también encontramos montones... ¡Cientos! De confituras individuales, de melocotón y de fresa, todavía envasadas en sus cajas de 200 raciones. Nadie nunca las consumió, de modo que no les ha quedado otra opción que dejarse olvidar...


No quería cerrar el párrafo de las bodegas sin antes mostraros otras tantas fotografías. Reconozco que me impactó muchísimo que todavía se conservasen tal cantidad de botellas en sus respectivas cajas de almacenaje... Por ese motivo, en la segunda visita pasamos gran parte del tiempo en este rincón tan especial... En cuyas alacenas todavía conservaba restos de copas, platos, bandejas y algo más de menaje...


Si seguimos caminando en línea recta, acabamos en una especie de
despensa... Extremadamente oscura y donde respirar no era tarea fácil. Las partículas de polvo y suciedad podían verse gracias a nuestras linternas, suspendidas en el aire, mientras los bajos techos nos obligaban a caminar agachados. Allí, montones de estanterías lucían vacías mientras restos de víveres se agolpaban unos sobre otros en el suelo: viejas latas de conservas corroídas y botes de mostaza de una muy conocida marca son sólo algunos de los ejemplos de alimentos que todavía están ahí, sin que nada ni nadie se haya atrevido a abrirlos, tan sólo la brisa del mar...


Y... ¿Qué me decís de los enormes depósitos de agua, los cuales todavía se encuentran intactos, pero oxidados? Os dejo una fotografía:


Por desgracia, el hotel finalmente echó el cierre en 1979... Muchas son las historias que giran en torno al mismo, aunque lo que en realidad sucedió fue que, a principios de los 80, todos centros hoteleros debían adecuar sus instalaciones a las necesidades de la década, lo que suponía una gran inversión económica que dependería de unos créditos del Estado que jamás se concedieron debido a la crisis de la época. Sus propietarios decidieron, por aquellos entonces, poner fin a este negocio y vender el inmueble a una cadena hotelera que fuera capaz de administrarlo en un futuro. Por tanto, todas esas teorías sobre incendios, ruinas y/o tráfico de drogas son totalmente falsas y apenas sirven para aumentar un morbo que no debe existir... Aunque no podemos negar que el edificio, sobre todo de noche, se ve muy lúgubre, rodeado sólo de las olas que se atreven a romper a pocos metros... Tanto que obliga a observar y escuchar cosas que llaman la atención y que tratamos de narraros hoy aquí.


Tras visitar los oscuros laberintos de la planta más baja, no pudimos
evitar tomar las escaleras de caracol que nos conducirían a las cocinas de la planta superior... En el trayecto, encontramos montones de documentos de interés: cheques de la década de los 70, hojas varias con membrete, folletos, una libreta para anotar las tareas realizadas por el servicio, quinielas de la época... A pesar de que los vándalos también habrán hecho su trabajo, todavía quedan muchas cosas que, a plena luz del día, serán enormemente valiosas, tanto como las enormes cocinas... Hoy en día, vacías, en las que apenas quedan algunas baldas en las alturas... El suelo estaba lleno de escombros y, como no conocíamos el itinerario, volvimos a descender esas peligrosas escaleras para tomar las de la antigua sala de , y las cuales nos conducirían a las plantas superiores... ¿Preparados?


Una vez arriba, dos largos y oscuros pasillos se abren a ambos lados... En cada uno de ellos, pueden distinguirse habitaciones: por un lado, las que miraban al mar (igual que hoy en día) y, por otro, las que miraban a la montaña (hoy en día, a los edificios de enfrente). Junto a las escaleras, una vieja centralita de teléfono todavía se conserva, aunque bastante machacada... El pequeño habitáculo, con el espacio justo para la persona que trabajase en él, aparecía totalmente invadido por documentación: restos de periódicos, libros de registro de llamadas, curiosos tickets de solicitud de comunicaciones... En esta zona, también se encontraban los puestos de administración y, por supuesto, la zona de archivo.


La recepción de la planta se encuentra pocos metros más adelante... Dos mostradores enormes y amplios con acceso a uno de los tres restaurantes del hotel (uno por planta), al que preferimos no acercarnos para no llamar demasiado la atención en la primera ocasión. Allí, a la derecha, los casilleros donde se albergaban las llaves de las habitaciones siguen en pie, con más y más documentación... A la izquierda, el mostrador de información. También restos del mobiliario de esta zona, como sillones y mesas totalmente destrozados: del auge de una época gloriosa a la decadencia del abandono. Fue a partir de ese momento cuando empecé a escuchar algunos ruidos que no fui capaz de identificar... ¿Serían nuestros pasos o los de alguien más?


A lo largo de nuestra segunda visita fuimos mucho más atrevidos: no sólo osamos a cruzar el umbral del restaurante sino que nos decidimos a tomar montones de fotografías. ¡Capacidad para 500 comensales! Si bien es cierto que era de noche, el mar podía observarse nítido... Y muy bravo. Las olas rompían con fuerza, quebrando el silencio... Y justo en ese momento es cuando empezamos a escuchar voces y pasos que provenían de la planta superior. Nos quedamos paralizados, junto a la zona más cercana a la antigua puerta principal, esperando que, de ser una persona, se manifestase por las escaleras... Sin embargo, nadie subió ni bajó... La tensión crecía por momentos:


Todas las habitaciones, ya tuviesen vistas al mar o a la montaña, destacaban por su reducido tamaño. La mayoría de ellas conservaban restos de un mobiliario cubierto por polvo y sal... Los baños tampoco eran excesivamente grandes, pero tenían bañera y todo lo que podía aportar un hotel de estas características. La bañera ha sido sustraída en todos los casos (supongo que para la venta), pero en algunos otros, todavía podía verse el espejo colgado de la pared... Hoy en día, sin nada que reflejar. Cabe decir que, aquellas habitaciones con vistas al mar, todavía continúan conservando su encanto... Un encanto que prometo reflejar de día con unas fotos que espero os deje boquiabiertos.


Los ascensores del hotel, los cuales yacen destruidos al fondo del hueco de la planta baja, parece que hubiesen caído desde los pisos superiores cuando todavía se encontraban en funcionamiento... Aterrador. No tardamos en subir a las plantas superiores del hotel, encontrando a nuestro paso miles de facturas y documentos profesionales del establecimiento... Como curiosidad, los cuartos de baño eran muy diferentes según la planta: los colores de los azulejos, pequeños como los de las piscinas, varían de rojo a beige, y de beig a negro... ¡Muy moderno para la época!


Las habitaciones de las esquinas eran las más grandes, independientemente de la planta en la que nos encontráramos. Al igual que en la primera planta, la segunda y la tercera también albergan su propio mostrador de recepción y su respectivo restaurante-cafetería, por supuesto, con vistas al mar y solárium, algo que teníamos muchas ganas de fotografiar a plena luz del día... Sobre todo el de la tercera planta: caminar con semejantes vistas al mar delante de nosotros era increíble... Enormes miradores nos dejan ver y escuchar el mar en primera persona, ¿no es maravilloso?


Pensábamos que había llegado el final de nuestra visita... Y no era para menos: estábamos enamorados de todo aquello que veíamos... La vieja barra de bar, los restos de mesas y sillas y la playa. Sin embargo, unas escaleras junto a los ascensores nos informaban de que nuestra visita no había terminado y, sobre todo, de que la cuarta planta tenía truco: lo que, en un principio, parecía ser una suite, en realidad era una vivienda. Sí, estamos hablando de la vivienda principal de sus propietarios: tal y como nos aclara el propio Luis A., estaba dotada de todos los servicios de una casa normal (salón, cocina, dos baños, habitaciones) y, en ella, vieron su vida pasar hasta la venta del inmueble. Sus propietarios nunca se refugiaron en el hotel porque, en realidad, vivían en él, incluso estando cerrado y perfectamente mantenido. De hecho, su viuda continuó viviendo allí hasta la venta a la actual cadena hotelera. Es cierto que, aquella noche, no había demasiada luz, pero la suficiente como para invitarnos a imaginar cómo sería en su día.


En esta zona también fuimos capaces de escuchar  más ruidos insospechados... El ambiente, según se va ascendiendo en altura, se vuelve más tenso, y eso teníamos ganas de comprobarlo de día. Quizá sólo fuese fruto del oleaje y del propio paso del tiempo, pero ese hecho no impediría que continuásemos tomando fotografías... Tratando de poner día y hora a aquella ocasión en la que el propio Don Juan Carlos I, anterior Rey de España y padre del actual, pasara la noche en el hotel. Podemos asegurar, pues, que desde esta terraza se pueden disfrutar las mejores vistas de la localidad...


A finales de los 90 (y no en 2006, como en los últimos años ha sido expuesto en los distintos medios), después de casi 30 años de abandono, una empresa se hizo con la propiedad del hotel y de los terrenos de su parcela, un lugar verdaderamente privilegiado y al que se le podría sacar mucho partido. En aquel momento, se anunció la previsión de iniciar una serie de obras de rehabilitación, por lo que se colocaron una serie de redes y se valló el recinto... De hecho, también se tapiaron las ventanas de las plantas inferiores y se eliminó la piscina... Sin embargo, y debido a la Ley de Costas, las obras cesaron y el hotel quedó en la misma situación en la que estaba, a pesar de prometer su nueva inauguración para el año 2009.


No tardamos en regresar a la sala de fiestas para tomar la salida... Habíamos tomado cientos de fotografías, las cuales he intentado mostraros hoy. Cuando alcanzamos la planta baja (la entrada oficial del hotel), un sonoro golpe nos sacó de nuestros pensamientos... Alguien o algo había lanzado algún objeto pesado contra el suelo. Tal fue el golpe que pensamos que de verdad habría alguien pululando por las distintas habitaciones pero, de ser así, le habríamos encontrado en algún momento, de eso estoy segura... Sin embargo, no quisimos comprobarlo: tomamos las últimas escaleras y llegamos a la sala de fiesta... Necesitábamos alcanzar la playa y volver a respirar aire puro.


Actualmente, en 2015 y tras años y años de lucha, se ha abierto una nueva etapa... Desde la Alcaldía del municipio se han aprobado una serie de licencias para reformar el inmueble, resultando un nuevo edificio con más de 100 habitaciones y que podría estar listo para el verano de 2017, con un plazo de ejecución de algo más de año y medio y una inversión cuantiosa. Después de más de 35 años en estado ruinoso, este hotel puede volver a convertirse en un referente a nivel nacional... ¿Se conseguirá? Desde Excursiones para Normales deseamos con todas nuestras fuerzas que el sueño de D. Tomás Durá Bañuls renazca... Y deseamos, también, que nuestra cámara pueda captarlo.


Actualización: Diciembre de 2015, gracias a Luis A., sobrino de D. Tomas Durá Bañuls y administrador de la web: http://www.tomasdura.es/. Desde Excursiones para Normales, agradecemos tu ayuda a la hora de recorrer sus oscuros pasillos sin tropiezos y, sobre todo, tu implicación en ayudarnos a reconstruir su historia desde el más absoluto cariño. Un abrazo y gracias.