lunes, 10 de junio de 2013

Baterías Militares de Cabo Tiñoso (Cartagena, Murcia)

Con un balance de dos visitas y alrededor de 700 fotografías acabó una de las más trepidantes 'excursiones para normales' que hemos hecho hasta la fecha... Esta vez, nuestro destino estaba claro desde hacía un tiempo, pero se requería un tiempo sustancial ya no sólo para llegar hasta allí, sino para visitar todo el recinto... ¡Y tanto! Es tan largo el camino para recorrer que hemos tenido que regresar en dos ocasiones... Eso sí, tengo multitud de fotografías desde distintos ángulos, con distintas luces y tomadas enfocando hacia el más recóndito lugar... Nada podía pasar inadvertido en las Baterías Militares de Cabo Tiñoso, en el término municipal de Cartagena: cada rincón es tan especial que ojalá hubiese podido retratar uno a uno sus kilómetros cuadrados ya no sólo para traer una pequeña parte a casa, sino para mostraros una de las visitas más valiosas que hemos realizado hasta la fecha.


No cabe duda de que Cartagena ha sido durante toda su historia un importante enclave militar, y así lo constatan sus diferentes fortalezas y fortificaciones: el Castillo de la Concepción, el de la Atalaya o el de Los Moros son ejemplos de ello, dando también fe las numerosas baterías que se encuentran a lo largo del frente costero cartagenero. Las baterías militares ubicadas en Cabo Tiñoso y muy cerca La Azohía son uno de esos lugares considerados como imprescindibles, ya no sólo para los amantes de la arquitectura y la historia bélica, sino para aquellos que les encantaría disfrutar de unas inmejorables vistas de la costa cartaginense.


No resulta sencillo llegar hasta allí (parece uno de los secretos mejor guardados de Cartagena), pero finalmente lo conseguimos. Quizá lo más sencillo sea llegar hasta La Azohía para después seguir las indicaciones hacia El Campillo de Adentro, pero para gustos, los colores... La carretera de ascenso es muy estrecha y elevada, por lo que hay que llevar muchísimo cuidado tanto con los precipicios como con los coches que de allí descienden... Sin embargo, las vistas son indescriptibles y la precaución merece la pena. Aunque la batería está en desuso y completamente abandonada, ha sido parcialmente rehabilitada en los últimos años y convertida una zona videovigilada, una verdadera atracción turística con un maravilloso parking donde dejar el vehículo y comenzar un camino que no desearéis que acabe jamás...


Lo cierto es que la primera visita nos dejó poco juego: nos perdimos en varias ocasiones y llegamos cuando comenzaba a anochecer... Aunque tomamos maravillosas fotografías donde el juego de luces del atardecer creaba unos ambientes de lo más valioso. De hecho, tres son las baterías costeras que forman el complejo de Cabo Tiñoso: Castillitos, la del Jorel y la del Atalayón, pero no seguimos el mismo recorrido los dos días: la primera vez no pudimos evitar la tentación de fotografiar todos los ángulos de la Batería de Castillitos, en esta segunda ocasión nos decantamos por la Batería El Jorel, ubicadas en la parte más alejada, con la intención de llegar hasta allí con buena luz para poder desplazarnos y contemplar todas las vistas.


En el camino, volvíamos a fotografiar cada cosa... Cada vista... ¡Cada piedra! Cualquier cosa podía ser importante... Incluso, esas garitas de vigilancia, lavaderos y lo que parecían viviendas para algún militar de rango elevado. Trepamos, descendimos... Todo lo que fuese necesario para contemplar los restos de un cuarto de baño, una chimenea e, incluso, el papel de las paredes, que continúa sobreviviendo al paso del tiempo en las zonas más próximas al techo... La Batería del Jorel cada vez se encontraba más cerca.


Construida entre 1929 y 1933, conforme a los diseños y planos que surgieron con la aprobación del Plan de Defensa de 1926 por el gobierno de Primo de Rivera, la planificación militar de esta batería y su ejecución continuaron durante la II República. Se montaron en este lugar cuatro cañones Vickers de 152,4 mm y 45 calibres modelo 1923, que serían muy usados en España tras la licencia obtenida para su construcción en los talleres de Reinosa; unas piezas muy eficaces en la lucha contra buques.


Las dependencias de rutina diaria para tropa y mandos nos dan la bienvenida con su singular estilo ecléctico, claramente decantado por las columnas jónicas. Alojamientos, oficinas, residencia de oficiales y suboficiales, cocinas, etc., se entremezclan con garitas, cuerpos de guardia, nidos de ametralladora... Todo ello diseñado para dar seguridad al lugar. Nos íbamos introduciendo en toda edificación que nos lo permitía, incluyendo los túneles... A pesar que muchas de ellas, con la reconstrucción, han perdido estancias, que han sido selladas. Sin embargo la belleza de las fachadas es impresionante.


Los cuatro cañones, ahora completamente reformados, y su impresionante tamaño, nos condujeron a descubrir sus más recónditos secretos... Descender hasta dónde eran municionados, comprobar cuál era el recorrido de esa munición... Todo tan perfectamente incrustado entre las montañas que identificarlo a unas pocas millas resulta prácticamente imposible. ¡Está tan bien camuflado...!


La luz comenzaba a caer (¡otra vez no!), y todavía quedaba mucho camino por recorrer... Desde las alturas podíamos divisar unos enormes y ruinosos barracones, los cuales llaman nuestra atención... Apenas quedan sus cimientos, y poco se pudo hacer por su reconstrucción debido a su complicado acceso, junto a un acantilado que va a parar al mar... Un mar de gran calado, por cierto, y que rodea todo aquel espacio en el que no hay tierra firme.


No tardamos en volver al punto de partida, a la Batería de Castillitos... Sin duda, la más llamativa. A 250 metros de altura, cuenta con otros dos enormes cañones Vickers capaces de disparar proyectiles de casi una tonelada de peso (uno por minuto), cargados con 18 kilos de TNT, a una distancia de 35 kilómetros. 381 mm y 45 calibres, tres pisos subterráneos contenían toda la maquinaria y el engranaje. ¡Tecnología punta, potente y eficaz para la época! Sólo los tubos de estos cañones de casi 10 metros de largo, pesan algo más de 86 toneladas.


En esta ocasión, la mezcla de estilos modernista y ecléctico concluyen en una estructura mimética, muy difícil de ver por su forma claramente incrustada entre las rocas, imitando a la perfección un castillo medieval, el cual enmascara los accesos a las distintas dependencias de la fortificación, generalmente semienterradas. En este caso, las obras de rehabilitación han fomentado la conservación, devolviendo a la batería algunas notas mágicas que nos hacen revivir su época más brillante, y nos permiten tomar instantáneas como la que os muestro a continuación.


Si uno se adentra por sus estancias, puede comprobar que albergan, al igual que las otras baterías, una sala de máquinas, la chillera, los depósitos de pólvora, la cámara de carga y el almacén de repuestos, conservándose todavía la mayor parte de las estructuras, ventanales de madera, puertas de acceso e, incluso, algunos vistosos azulejos que todavía se resisten al paso del tiempo, mientras se mantienen muy arraigados a la pared.


No pudimos evitarlo... Nos adentramos en los túneles y seguimos las flechas hacia 'el Calculador', algo todavía desconocido para nosotros. La oscuridad era total y, a falta de linternas, conseguíamos alumbrarnos con los flash de nuestras cámaras... Por suerte, el suelo era firme y sin escombros, ocultando estancias pintadas en vivos colores y de las que todavía se conservan los mosaicos en suelo y paredes... La oscuridad lo cubría todo excepto un punto de luz, al final del camino... Habíamos llegado hasta 'el Calculador', posiblemente, un puesto de mando para disparar completamente oculto entre las rocas pero con unas vistas al mar maravillosas. Allí el silencio es tal que puede escuchar cómo rompen las olas bajo nuestros pies, a unos cuantos cientos de metros...


Regresamos... Seguimos el camino recorrido y aparecimos, nuevamente, a las puertas de Castillitos... Dispuestos a adentrarnos en sus almacenes, intentando descubrir los secretos que no pudimos conocer la semana anterior... Ese día habíamos paseado entre los enormes Vickers... Incluso, habíamos tomado fotografías tan interesantes como las que os presento, con cielo increíblemente colorido y dispuesto a anochecer al mínimo descuido... Pero fue la segunda tarde cuando conseguimos 'retratar', aunque no con la calidad deseada, los interiores de unos edificios que, aunque restaurados, ahora aparecen totalmente 'grafitteados.'


Ambas tardes dieron sus frutos: maravillosas imágenes donde el azul del mar y sus diversas tonalidades son los protagonistas en una historia 'con historia.' No conseguimos adentrarnos en la Batería del Atalayón: la noche había caído casi por completo, y el camino a casa era demasiado largo como para obviarlo... Sin embargo, esta 'excursión para normal' la considero como una de las que mejor sabor de boca nos ha dejado. La elección de las fotos ha sido muy complicada, teniendo en cuenta la gran cantidad de material que había por revisar.


ActualizaciónFebrero de 2016. Debido a un fallo en el antiguo servidor de almacenamiento de las fotografías, la mayoría de las imágenes anteriores a Octubre de 2012 fueron eliminadas sin previo aviso. Esas imágenes ya han sido repuestas. 

4 comentarios:

  1. Espectacular reportaje, Verónica. Enhorabuena!

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  2. ¡Muchas gracias, José Luis! Se agradecen los comentarios, amigo, :) ¡Me alegro de que te haya gustado!

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  3. ¡Gracias a ti por tu comentario, Miruca! :)

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