viernes, 26 de abril de 2013

Estilos Gótico, Renacentista y Barroco en Orihuela (Alicante)

Orihuela, versión española de la 'Tierra Santa', rebosa encanto en sus cuatro puntos cardinales... De hecho, si hablásemos de religión en Orihuela, la palabra clave sería Catolicismo: la mayoría de los oriolanos continúan la tradición católica y este hecho queda perfectamente reflejado en su arquitectura, que recibe ya no sólo un toque mágico, sino misterioso y oscurantista. Nuestro recorrido, esa tarde, comenzó temprano: no queríamos que la luz del sol se marchase de improviso, dejándonos con la miel en los labios y muchas fachadas por revisar. Por ello, estacionamos de mala forma en un parking en las proximidades del río Segura y continuamos nuestro recorrido a pie, perdiéndonos por su casco histórico, declarado Conjunto Histórico Artístico Monumental en el año 1969, uno de los primeros de España, ¡y con razón! Si aguantáis leyendo hasta el final de esta entrada comprobaréis, a través de las fotografías, como todo lo que os digo es cierto.


Desde los primeros pasos, uno puede comprobar como Orihuela conserva multitud de monumentos, muchos de ellos declarados como Bien de Interés Cultural, y numerosos edificios eclesiásticos y civiles, entre los que se intercalan Iglesias, monasterios, conventos, ermitas, palacios, palacetes y casas burguesas de diversos siglos. Belleza y arquitectura se concentran en el más mínimo rincón y, aunque nuestra primera intención se centrara en la Catedral, una primera ojeada nos demostró que ir de un lado a otro de la ciudad por la calle principal podía regalarnos grandes momentos de la mano de los oriolanos, quienes nos veían en la cara que éramos 'forasteros'.


A pesar de que nos llevó la tarde-noche recorrer y fotografiar aquello más emblemático, me centraré únicamente en aquellas edificaciones que más llamaron nuestra atención... De lo contrario, faltaría tiempo y espacio para expresaros ya no sólo lo que vimos, sino lo que sentimos. Me detendré en nuestra primera parada oficial, en concreto, en la Iglesia de las Santas Justa y Rufina, claramente gótica a simple vista, de una sola nave, con capillas entre contrafuertes, portada lateral renacentista y portada principal barroca. Data del S. XIV, pero hay constancia de que se llevaron a cabo una serie de reformas en los S. XVI y XVIII.


En cuanto a esas portadas de acceso, constatar que fueron realizadas en dos períodos diferentes: por un lado, la Portada Lateral o Portada del Evangelio, de estilo renacentista, cuyo diseño se le atribuye al arquitecto Juan Inglés y que reproduce el estilo de portada de arco del triunfo que él mismo difundió por la ciudad desde que llegara de Tortosa. Por otro lado, distinguimos la Portada Principal, también llamada Portada de las Gradas. De estilo barroco y realizada en el S. XVIII por el arquitecto lorquino Antonio Villanueva, la parte superior de la misma está decorada con un medallón de las santas titulares de estilo berniniesco. A los lados de la misma se iban a disponer otros dos, pero finalmente la obra quedó inacabada, cosa que se ve a simple vista.


La Torre de la Iglesia, un imponente campanario gótico decorado con pináculos y una bóveda de crucería, corona nuestra edificación con un cuerpo de campanas de los S. XVII y XIX. Junto con el Miquelet de la Catedral de Valencia, son los únicos campanarios góticos de esta tipología en la Comunidad Valenciana. Si uno alza la vista, podrá encontrarse con una de las piezas de relojería más antiguas de España y, sin lugar a dudas, la más antigua de la Comunidad (S. XIV). El reloj poseía una doble finalidad: regir el culto de la Iglesia y regir la vida de la ciudad gracias a su específica ubicación (Plaza, Ayuntamiento y Casa del Gobernador).


Continuamos nuestro camino, tras fotografiar el Palacio del Conde de la Granja, en su mayoría barroco, hacia la Santa Iglesia Catedral del Salvador, que presenta unas dimensiones más reducidas de lo que esperábamos. Templo claramente gótico de los S. XIII al XV, consta de tres naves, girola y crucero, siendo una de las sedes catedralicias de la diócesis de Orihuela-Alicante, junto con la concatedral de San Nicolás de Bari de Alicante. Desde un primer momento se puede comprobar cómo, en el exterior, casi no hay las ventanas, ni los rosetones característicos del estilo gótico: nos hallamos ante una superficie de sillares lisa que dan al conjunto un aspecto compacto, sencillo a pesar de encasillarla dentro del estilo.


La Torre es la zona más antigua de la Catedral. Comenzó su construcción a finales del S. XIII, y fue en el XIV cuando se amplió tanto en altura como en anchura. Se trata de una construcción de sillares, de planta cuadrangular, que mantiene en uno de sus cuerpos la esfera del reloj sobre una balconada (S. XVIII). A pesar de no haber accedido a su interior, sabemos de muy buena tinta que consta de cuatro cuerpos cubiertos por bóvedas de crucería simple que, exteriormente, se ven separados por unas sencillas molduras. Según nos cuentan, en su interior se albergaba una antigua prisión, además de la maquinaria antigua del reloj, la sala de campanas y, por último, la campana de las horas y el timbre.


Tres son las portadas que tuvimos la oportunidad de divisar, rodeando la construcción. La primera de ellas y la más antigua (S. XIV), la Puerta de las Cadenas, recibe su nombre por existir en su plaza unas cadenas que rodean la zona llamada 'Lonjeta', donde se reunía el Consell. Es de un estilo gótico con influencia mudéjar, cosa que se puede apreciar gracias al arco polilobulado que mantiene, la carencia de tímpano y parteluz y la existencia de unos capiteles-impostas de decoración figurativa.


Por otro lado, encontramos la Puerta de Loreto, de mediados del S. XV y que recibe su nombre por la Capilla del Loreto, que se ubica extramuros de la Catedral. Es de estilo gótico arcaizante, con entrada rebajada por un arco carpanel renacentista, ubicado tras la desaparición del parteluz en el S. XVI. En sus arquivoltas se encuentran, a modo de decoración, ángeles cantores y músicos.


La última de ellas, llamada Puerta de la Anunciación, se ubica en la parte norte con un estilo renacentista (S. XVI). Mantiene una disposición arquitectónica en forma de arco de triunfo, en cuyas enjutas aparece representada la escena de la Anunciación: momento en el que el arcángel San Gabriel anuncia a la Virgen María que va a ser madre de Jesús. El entablamento del arco está sostenido por columnas pareadas con capitel corintio, entre las cuales se distribuyen dos hornacinas.


Si continuamos rodeando el edificio, topamos de lleno con el Claustro de la Catedral, uno de los espacios más emblemáticos y de mayor belleza de la ciudad... ¡Y no es para menos! Se trata de una obra renacentista procedente del antiguo Convento de la Merced, donde fue construido hacia 1560 por Hernando Veliz. En 1942, se trasladó a este lugar, donde se ubicaba el fosar o cementerio de la Catedral. En su momento, se instaló en el centro una cruz de término gótica procedente de la población alicantina de Denia. La actual es una copia de la original, que se conserva actualmente en el Museo Arqueológico de dicha población.


Con la magia de la Catedral entre en nuestras cámaras y sorteando diversos palacetes de lo más variopinto, llegamos hasta el Colegio Diocesano de Santo Domingo, también conocido como Convento de Santo Domigo o Escorial de Levante: se trata, quizá, de la construcción más llamativa detectada a nuestro paso por la ciudad. Es un edificio monumental, capaz de reunir los estilos gótico, renacentista, barroco y rococó del S. XVI, y que fue fundado por el Cardenal Loazes en la entonces zona periférica de Orihuela. Posee dos grandes e imponentes fachadas, la principal y la lateral derecha, marcadas por una llamativa horizontalidad interrumpida por sus grandes ventanales. Sus enormes portadas ponen la guinda a la construcción, con la gran cantidad de orfebrería que combina los tres estilos en sus columnas.


Destacan, en su Fachada Principal, las tres grandes y lujosamente labradas portadas y, en su Fachada Lateral, el gran escudo del patriarca de Antioquía: Fernando de Loazes. La fachada principal, concretamente, en la esquina de la parte de la Iglesia, posee otro escudo a pequeña escala, también del fundador del Convento de Santo Domingo. Cabe destacar, también, la parte lateral de la izquierda, colindante con el rincón hernandiano, en la cual se puede apreciar la torre, la cúpula y el cimborrio de la Iglesia.


La Torre, de estilo barroco, planta cuadrada y construida en ladrillo, se ve a una distancia considerable por su genial vistosidad. Fue realizada a mediados del siglo XVIII para la sustitución del anterior campanario renacentista, y presenta decoración de ángeles, humanoides sobre aves y heráldica. Anteriormente, poseyó una cúpula, y destaca su gran colorido y abundancia de detalles, en contraste con el resto de la fachada, sobria y uniforme.


Nuestra visita culminó en, quizá, la parte más identificativa de Orihuela después de la Catedral: la Puerta de la Olma o de Elche, ubicada junto al Colegio de Santo Domingo y única puerta de entrada a la ciudad que queda en pie tras el derrumbe de las murallas por Felipe V. Declarada Bien de Interés Cultural, es de origen almohade, aunque el rey Felipe II mandó reformarla en el siglo XVI. En la parte alta se encuentra timbrada por el escudo de la ciudad y, sobre él, un alto relieve con la imagen de San Miguel, protector de la ciudad. Hoy día sigue realizándose en ella el bello ritual de la entrada de los prelados de Orihuela a lomos de una burra viniendo desde Castilla.


Hasta aquí llegó nuestra visita... Muy satisfactoria, por cierto. Resulta altamente recomendable perderse por la ciudad de Orihuela, sobre todo para aquellos apasionados de la fotografía 'a nivel usuario.' Me hubiese gustado descubrir mucho antes sus encantos más recónditos... Ciudad especialmente dedicada para los amantes de los estilos arquitectónicos.

miércoles, 17 de abril de 2013

El Molinar (Alcoy, Alicante)

Cuando el frío del invierno nos llevó a investigar la zona más alta de Alcoy, lugar que alberga el Santuario de la Font Roja y donde la nieve cubría los tejados, tuvimos nuestro primer contacto con el Paraje El Molinar. Aquella tarde, y tras un primer intento fallido de acercarnos hasta el Puerto de la Carrasqueta, nos dimos cuenta de que la hora y el GPS jugaban en nuestra contra... ¡17:30 y mapas desactualizados! En nuestra búsqueda desesperada por encontrar un camino que nos llevase de bruces a 'territorio blanco' divisamos, bajo la carretera nacional, una vieja edificación derruida, de altura considerable, pero como si hubiese sido víctima de algún bombardeo... Tardamos varias semanas en intentar averiguar su nombre y, por ende, una entrada que nos permitiera llegar hasta allí abajo.


El Paraje de El Molinar, de una gran amplitud y disperso alrededor del río con el mismo nombre, se localiza a unos dos kilómetros al sur de la ciudad de Alcoy (Alicante) y a una altitud máxima de 570 metros sobre el nivel del mar. Tras indagar otras posibles rutas, comprobamos que la única forma de acceder al manantial y a la cabecera del barranco (donde se hallan las primeras fábricas) es desde la N-340, a la altura de lo que se conoce como la Venta Saltera. Desconocemos si existen otras posibilidades (seguramente las haya y sea el secreto mejor guardado de los alcoyanos), así que nuestra ignorancia nos llevó a dejar el coche al pie del camino y a continuar a pie, como buenos senderistas.


El topónimo Molinar, o Riu dels Molins, indica la existencia de antiguos molinos harineros y batanes, cuyo origen hay que situarlo en el siglo XV. El caudal permanente y la existencia de fuertes desniveles favorecieron el establecimiento de industrias; por tanto, el agua como fuente de energía fue lo que condicionó el emplazamiento de las fábricas en este área, repleta de acequias y canales para usar racionalmente tan preciado tesoro. De hecho, la ciudad de Alcoy ofrece uno de los casos paradigmáticos del proceso de industrialización valenciano, cuyos inicios se remontan a la segunda década del Siglo XIX, aunque se constatan actividades preindustriales desde el Siglo XV.


Desde lo alto del camino, comenzamos a tomar algunas fotografías, pero el paraje necesitaba ser contemplado más de cerca... Precisaba ser disfrutado. Por ello, fuimos descendiendo a pie por el camino empedrado... ¡No sin dificultad! Sin embargo, el sonido del agua nos iba atrayendo de una forma casi embaucadora: la Red Hidráulica del río Molinar, en pleno funcionamiento y con una cantidad de agua considerable, corona un paraje increíble, donde el verde es el protagonista y el agua mana con libertad de las cascadas, distribuyéndose por las acequias y canales. Además, es posible pasar de un lado al otro del río por el puente que, hace bastantes años, era un acueducto. Bonito, ¿verdad?


Todo ello nos hace entender una cosa: la localización de las antiguas edificaciones industriales estuvo favorecida y condicionada por la existencia de pequeños cursos de agua que cruzan el término municipal. De hecho, la mayoría de los edificios fabriles que se han conservado hasta nuestros días muestran unos patrones constructivos de características similares: bóvedas en la planta baja o semisótano, pilares de sillares o ladrillos en la planta primera, y planta superior diáfana que deja ver las cerchas articuladas que sustentan la cubierta.


Nuestra primera parada tuvo lugar en un conjunto compuesto por tres construcciones relevantes, justo al margen izquierdo del río. La primera de ellas, la Fábrica de Sanus (S. XVIII - XIX), se trata de un molino-fábrica papelero de cuatro alturas, de planta rectangular con una esquina en forma basilical con tres crujías de anchura. A pesar de que tan sólo quedan sus restos acompañados del sonido del agua, nos llama la atención las bóvedas que todavía quedan en pie, su sillería y su mampostería.


Seguimos con la Fábrica del Racó (S. XVIII), realizada en muros de sillería y construida junto a la Fábrica El Xurro (S. XVIII - XIX), el edificio más antiguo del conjunto y el que más modificaciones ha sufrido. Se trata de una fábrica de pequeñas dimensiones, cuatro alturas y planta de forma irregular de pequeño tamaño. Ladrillo, pilastras de sillería y mampostería de piedra son los materiales más llamativos de los restos que apenas son distinguibles en la actualidad. En los últimos tiempos, parece ser que se han llevado a cabo en esta construcción algunas labores de reconstrucción, reparando las antiguas escaleras y dándonos la oportunidad de ascender un par de alturas y contemplar ya no sólo sus bóvedas de crucería, sino las maravillosas vistas que nos regalan sus viejos ventanales.


Tras esquivar alguna que otra dificultad en el terreno, escalando por lugares insospechados con mis botas de tacón bajo (¡atentos!), no pudimos evitar rodear el edificio más importante y mejor conservado: la Font del Molinar (S. XIX), ubicada al inicio del barranco de la Batalla. Se trata de un vistoso edificio que consta de una cúpula y un cupulín adornado con franjas de vivos colores en los que predominan el ocre y el azul, un verdadero manantial que arroja diariamente 32.400.000 litros de agua. El cupulín, a su vez, se cierra con una bóveda, además de destacar puertas y ventanas en medio punto. Aunque no pudimos acceder a su interior, podemos afirmar que es tan vistoso como su exterior gracias a viejas fotografías que demuestran que se ha conservado perfectamente gracias a una serie de reformas, entre las que se incluyó la cerca octogonal que lo rodea.


Seguimos caminando, adentrándonos por sus rincones... Hasta llegar al Batán El Silvestre (S. XIX), pequeño edificio de planta rectangular de dos crujías con cierres de fábrica sillar de piedra tosca. Consta de planta baja y dos alturas, y forma, junto al Molí de Tort (S. XVIII) y la Fábrica O. Reig (S. XVIII-XIX), un conjunto de lo más interesante, compartiendo red hidráulica y los diversos sistemas de alimentación.


Desde El Silvestre, nos desplazamos por el canal de distribución de agua hacia el Molino de Federico Tort, dedicado fundamentalmente a la producción de papel. Consta de planta cuadrada, estando formado por semisótano con bóvedas de arista en ladrillo y tres alturas. Lo más llamativo sea, quizás, su enorme chimenea, la cual se sigue conservando a día de hoy, adosada a la fachada sur como si no hubiese un mañana. 


La fachada de la Fábrica de Octavio Reig es, quizá, la que mejor conservada está del conjunto fabril total. Rodeado de verdes hojas que emergen de los balcones y las puertas, éstas le otorgan a la construcción un toque alegre y especial, como salido de un cuento para niños. Nos hallamos ante una fábrica de cuatro alturas, aunque poco se conserva de ellas si uno se adentra en su interior: una planta rectangular, construida en madera y piedra tosca, sin alardes estéticos especiales, pero con mucho encanto a la hora de ofrecernos su perfil.


Hay una cosa que debe quedaros clara si queréis adentraros en el Molinar... ¡Caminaréis, y mucho! Así que no estaría de más que llevarais un buen calzado... Calzado que os llevaría hasta el  Batán de Pastor, un edificio hidráulico bastante pequeño, con planta cuadrada y dedicado a la industria textil. Poco queda de su construcción, y es evidente gracias a las fotografías: ubicada en una zona verdaderamente alta y desde donde puede divisarse perfectamente otro de los canales, podría reconocer que es el área más verde todas, y también la más húmeda. De hecho, es necesario cuidar por dónde se pisa debido a que el terreno ha cedido en algunos lugares.


Culminamos nuestro recorrido en la Fábrica dels Solers, que amenaza derrumbe debido a la inclinación de su fachada principal. Seguramente, este hecho sea debido a su proximidad a un curso de agua, que ha aumentado considerablemente la humedad del ambiente... Se trata de una fábrica que, en un principio, se dedicó a la producción de papel, transformándose más tarde en una fábrica de hilar y cardar lanas. Cuatro alturas, planta rectangular y materiales como sillería y mampostería sencillos son sus características esenciales, y todos los que se han acercado a verla comparten la misma opinión: es la construcción que mejor imagen y más espectacular da, al hallarse en lo alto de un salto de agua. ¿Opináis vosotros lo mismo? Yo diría que sí.



Al mirar el reloj, nos dimos cuenta de que habíamos empleado más de dos horas de nuestro tiempo... ¡Habían pasado volando! Sin embargo, la noche comenzaba a caer, y nuestras cámaras dejaban de captar magia para captar oscuridad... Había llegado el momento de volver a casa, pero prometemos regresar: quedan muchos edificios todavía por investigar y que, desde luego, están deseando ser descubiertos.


martes, 2 de abril de 2013

Hogar 'Castillo de Olite' (La Alberca, Murcia)

Desde siempre, nuestra pasión nos ha llevado a recorrer algunas decenas de lugares: en concreto, aquellos que tienen una historia que contar. Los hay de muchos tipos... Van desde las más vistosas catedrales hasta los más derruidos edificios, pasando por históricos lugares de paso y llegando hasta, y es aquí donde aflora nuestro instinto más 'paranormal', esas viejas y destrozadas construcciones que albergan, cómo no, alguna historia de fantasmas. Desde nuestra última visita al Preventorio de Aigües, no habíamos tenido contacto alguno con historias de este tipo: nos habíamos dejado llevar por la fotografía diurna, rodeada de gente, y habíamos reprimido nuestros deseos de silencio... Ese silencio que duele y que reina en el Hogar 'Castillo de Olite', antiguo orfanato del que ya apenas quedan las paredes en pie y un numeroso grupo de personas que afirman haber escuchado voces en su interior. 


En La Alberca (Murcia), y situado en la zona del Parque Regional 'El Valle y Carrascoy', se hallan las ruinas de este antiguo edificio que debe su nombre a un barco cargado con más de 1500 efectivos militares bajo las órdenes del General Franco, hundido por las baterías republicanas en la bahía de Cartagena a principios de la Guerra Civil Española, en concreto, en Marzo de 1939. En definitiva, el hogar sirvió de acogida para huérfanos de la Guerra Civil y niños cuyos padres habían renunciado a su tutela por no poderlos mantener: niños huérfanos de la guerra, niños del hambre... Niños sin nombre. Estuvo en funcionamiento hasta finales de los años 60 bajo la sospecha de que muchos de los niños sufrieron torturas físicas y psicológicas o, simplemente, murieron de hambre... Hoy en día muchos son los que constatan que el lugar es un hervidero de voces, de extrañas presencias envueltas en sombras... De leyendas. 


No tardamos en hacernos con la ruta: el coche podía llevarnos hasta allí sin dificultad, siguiendo por la carretera del parque y situándonos en una zona con una vida bastante agitada. Los viandantes, en coche, en bicicleta o a pie, recorren un paraje verde coronado por el, también llamado, Colegio de Huérfanos del Castillo de Olite, un edificio de apariencia sencilla y donde, casi de una forma increíble, reina un silencio que perfora los tímpanos. Toda la edificación, además de estar totalmente pegada al Centro de Recuperación del Valle, aparece totalmente cercada, intuimos que para evitar posibles peligros para los vecinos. 


Cuenta la historia que sería a principios del siglo XVIII cuando a uno de los miembros de la Familia Roda se le concede el título de Conde del Valle de San Juan, siendo propietarios de una enorme extensión de monte utilizado para el cultivo de almendros, olivos y algarrobos, entre otros. Es en 1709 cuando se construye la Casa de los Condes en este paraje conocido actualmente como la zona de El Valle, un palacete a la altura de las circunstancias de estos nuevos nobles. 


Sin embargo, en 1922 los descendientes del Conde del Valle de San Juan ceden las tierras y la casa al Estado para fines sociales, para rehabilitarse en 1940 como Hogar Escolar 'Castillo de Olite.' El edificio funcionó como orfanato desde 1940 a 1975, estando preparado para albergar a un máximo de 160 niños huérfanos con edades comprendidas entre los 5 y 14 años, edad a partir de la cuál ya se les consideraba aptos para trabajar. El hogar era gestionado por la institución del Auxilio Social y, allí, los niños recibían instrucción militar y también ayudaban en los oficios del sacerdocio, colaboraban en la Ermita de 'San Antonio El Pobre' e, incluso, en el Santuario de la Fuensanta. 


Descendimos del coche maravillados... La variedad de materiales empleados en la construcción del edificio es brutal: piedras de la zona, restos y trozos sobrantes de ladrillos, adobes... Todos ellos fácilmente identificables con apenas echar un vistazo. Asomadas a las viejas aberturas que en su día fueron ventanas, palomas observaban a todo aquel que decide acercarse, emitiendo ese peculiar sonido suyo que le da, si cabe, un aire más siniestro. 


La estructura actual del edificio todavía mantiene sus tres plantas originales, aunque abandonadas a su suerte: según los planos originales, en la planta baja se reservaba un salón para visitas oficiales y otro salón para el recreo de los niños, la capilla, el comedor y la zona de cocinas, lavandería y otros servicios del hogar; en la segunda planta se encontraba la enfermería, la sala de consulta del médico y el despacho de la directora con sus respectivas habitaciones, y una habitación grande para 40 niños; y la tercera planta estaba ocupada por habitaciones: tres grandes para 40 niños cada una y otras más pequeñas destinadas a las cuidadoras y demás personal del servicio (limpiadoras, cocineras, etc.). 


Por un pequeño agujero presente en la vaya de la fachada posterior, oculto entre la enorme cantidad de maleza, nos colamos en el interior, caminando cuidadosamente y sin hacer demasiado ruido. Aún así, el silencio reinaba en su interior, el cual tan sólo se quebraba cuando alguno de nosotros pisaba algún resto de escombro. Es entonces cuando uno se da cuenta de que tan sólo quedan los muros en pie: cada día que pasa, el antiguo orfanato se deteriora un poco más. 


Accedimos por lo que sería esa fachada trasera, y el aspecto de todo aquello resulta desolador. Una edificación magnífica, con tintes claramente nobles y carísimos materiales que han sido saqueados en su mayoría, como el mármol de suelo y paredes. Largos y profundos corredores que conducen a rincones ahora desiertos pero que, en su día, albergaron momentos para recordar... Historias individuales, felices y dolorosas, de niños cuya única familia eran ellos mismos, los trabajadores y, como no, las paredes del orfanato. 


Si continuamos caminando, dejando atrás las enormes arcadas de acceso a las distintas áreas, nos acercamos hasta lo que en su momento fue un patio principal, ahora reducido a las ruinas de algo parecido a una gran guerra, totalmente demolido, sin techos ni paredes... Nada, sólo desolación y palomas. Uno puede mirar hacia arriba, hacia los lados... Puede ver, pero no escuchar... Sólo silencio... Silencio y frío. 


Como si una barbarie hubiese sido cometida en el interior del edificio, los escombros se amontonan... Sin embargo, todavía podemos distinguir la estructura de la capilla del orfanato. Los arcos conservan perfectamente su estructura a pesar del paso de los años, y según cuentan, es la zona donde más actividad paranormal se registra. Lo cierto es que se respira diferente... ¿Cuántos niños no habrán tomado allí su primera comunión? ¿Cuántos no habrán rezado para purificar su alma? Recordemos que allí se impartía disciplina militar... Y, seguramente, la religión católica se llevaba a rajatabla. De hecho, muchas historias se han escuchado en las que los pequeños recibían malos tratos y mano dura... El secreto quedará escondido entre sus paredes para siempre, con la dureza de la realidad vivida. 


En esta zona, todavía pueden distinguirse rincones tales como las escaleras de ascenso a las plantas superiores... Ahora, prácticamente inexistentes, siendo el hecho de pisarlas un enorme riesgo, teniendo en cuenta el estado de las plantas superiores. Sin embargo, nos permitimos el lujo de continuar contemplando techos y columnas... En concreto, las diez pilastras de mármol que seguramente no han sido saqueadas por el riesgo que entraña arrancarlas. Para mantener su peso y evitar que continúen los desprendimientos, se han apuntalado con enormes columnas de ladrillo vulgar, lo que resta encanto a su belleza e impide contemplarlas en su máximo esplendor. Dintelescapiteles... Incluso la pintura de las zonas más altas demuestra que, en su día, el edificio estuvo regentado por gente pudiente. 


Desde 1975 que cerró sus puertas, el Hogar 'Castillo de Olite' ha soportado ya no sólo la decadencia, sino los numerosos actos vandálicos en su interior. Debido a ello, la mayor parte de los rincones aparecen inaccesibles, y su estructura se ha dañado considerablemente en los últimos casi 35 años. Actualmente, este edificio cuenta con un Plan Especial aprobado por el Ayuntamiento municipal, que permitirá reconstruir el antiguo edificio para crear un hotel rural con una superficie de 4800 metros cuadrados, aunque apenas se divisa por allí algún movimiento de ladrillos. 


Sólo me queda decir que el lugar es impresionante... Increíble. Si uno acude bajo la luz solar, todavía puede perderse en su historia, y recrearse en lo que algún día fue un orfanato para, como ya he dicho, niños sin nombre. Una visita altamente recomendada para los amantes de la fotografía y, cómo no, del misterio... Este lugar puede ser, además de un placer para la vista, un verdadero foco de actividad paranormal... Ya no sólo por las historias que de allí se cuentan, sino porque nos hallamos ante un edificio con luz propia, con una historia muy suya y de la que muchos no quieren hablar.