viernes, 4 de enero de 2013

La Torre de Cabrafich, en Busot (Alicante)

Hacía meses que nuestra cámara no captaba buenas imágenes... El frío, la caída del nocturno antes de lo previsto y estas fechas navideñas han acabado concentrando toda nuestra atención en las cosas más banales... ¿Dónde queda el aire puro? Las fachadas, las gentes... ¡Los rincones! Nuestras máquinas no podían esperar más... Necesitaban actividades interesantes. Hace unos días, un amigo nos recomendó un lugar... No nos dio demasiadas pistas al respecto, por lo que había que indagar en su historia para llegar, posteriormente, a su localización. Y así lo hicimos: la Torre de Cabrafich, ubicada en la complicada carretera que une  las poblaciones de Aigües Busot, era nuestro destino... Un destino que llevaba mucho tiempo esperando ser visitado.


Situada al este del término municipal de Busot, a escasos cien metros de la confluencia de los límites de Busot, El Campello y Aigües, se alza solitaria y silenciosa la Torre de Cabrafich. Es también conocida como la Casa de Cabrafich Alto, y desde ella se divisa gran parte de la Huerta de Alicante, todo ello gracias a su especial ubicación. No resulta complicado llegar hasta allí... De hecho, no tiene ninguna pérdida encontrarla, pues se contempla desde la lejanía. ¿El único inconveniente? La imposibilidad de acceder a la misma con el vehículo: al inicio del camino que conduce a ella uno puede distinguir perfectamente la cadena que impide el acceso 'motorizado', aunque no a pie.


Si nos situamos frente a la cadena, podemos comprobar que apenas cabe un vehículo, lo que implica que, en caso de haber algún visitante previo, el segundo deberá esperar dando vueltas por la sinuosa carretera. ¿Por qué lo digo? Porque algo así nos sucedió: hubo que esperar haciendo el recorrido Aigües-Busot en numerosas ocasiones hasta que tuvimos libertad de acceso, todo ello porque la altura del asfalto es demasiado elevada como para hacer una parada al borde del camino.


Una vez descendimos del coche, hay una cosa que teníamos clara: la zona presentaba una aridez extrema. A pesar del frío que empezaba a sentirse tras la inminente puesta de sol, el paraje que puede encontrar es de un color predominantemente marrón, con algún tinte verde oscuro y plagado de matorral seco y moribundo. Unos 30 metros más adelante de la cadena, al final de un camino empedrado, se alzaba la Torre de Cabrafich, torre vigía de la costa, aunque se encuentra en el interior, en una zona montañosa y con una función defensiva.


Nos acercamos lentamente por la cara posterior, tomando fotografías y llevando sumo cuidado con los disparos de los cazadores. No tardamos en comprobar cómo cuenta con un gran talud muy pronunciado, asentado sobre un promontorio de roca del terreno. La construcción, realizada en sillería y materiales verdaderamente toscos, aparece bastante mal conservada y prácticamente derruida, tanto la torre como la casa anexa.


Avanzamos hacia los laterales, comprobando cómo la mayor parte de las estancias están derruidas o sus paredes han caído. El silencio sólo se ve roto gracias a los disparos de algún distraído cazador y nuestros pasos al caer sobre la maleza... Accedimos al interior de la primera estancia que encontramos abierta... Aunque no precisamente accesible: el techo había cedido y había dejado las viejas vigas de madera al descubierto... El suelo sólo era un cúmulo incesante de escombros de teja mezclados con maleza seca y por los que resultaba verdaderamente difícil caminar. Si nos adentramos en el interior de esa misma estancia, llegaremos hasta una abertura que abre algo parecido a un patio principal, cuyas paredes también están destruidas... Aunque sí se conserva una pequeña parte del tejado en su lugar.


Continuamos avanzando, pasando incluso una pequeña caseta de cazadores que se encuentra en un desnivel del terreno... Hasta llegar a la parte frontal de la edificación. En este momento, podemos comprobar que consta de planta baja y dos pisos, y que está construida de una manera singular: la mitad inferior está construida con sillares, pero la otra mitad ha sido construida de tapial y se enlució después, lo que le da un aspecto diferenciado del resto de las torres. Puede incluso que la torre se reconstruyera a la vez que se levantó su casa anexa.


La torre en sí presenta dos ventanas de reducidas dimensiones y, sobre la puerta de entrada (actualmente en el interior de la casa, a la que ya no se puede acceder por peligro de derrumbe), presenta los restos de un matacán de defensa. De hecho, todavía pueden verse algunos soportes, situados en la vertical de la puerta de acceso, por donde se podía lanzar aquello más inimaginable en caso de ataque. Ésta está adosada por tres de sus lados a una casa semiabandonada del siglo XIX, la cual es la que completa la construcción y que hasta hace poco tiempo era usada para guardar rebaños.


Otra curiosidad la encontramos al lado izquierdo de la puerta de acceso, con una aspillera y dos más junto a la entrada de la casa bajo los soportales. Además, toda la porchada (enorme, por cierto) esta empedrada con guijarros incustrados de canto. Por desgracia, aparece totalmente apuntalada, con las redes propias de una obra reciente y, desde luego, con muy mala pinta en lo que a desplomes se refiere.


Si nos acercamos cuidadosamente hasta la única ventana que tenemos al alcance de la vista, podemos comprobar cómo una reja nos separa del interior... Sin embargo, nuestra cámara es capaz de captar, rodeada de restos de caballerizas, una escalera de ascenso a la segunda planta... Una bonita escalera, con una barandilla color verde esperanza que da acceso a una segunda planta de la que, por desgracia, no tenemos datos. A pesar de los puntales, los techos todavía no han cedido, al menos en su totalidad, y uno se queda con las ganas de contemplar los secretos que pudiese albergar la vivienda...


Si seguimos moviéndonos por los alrededores, comprobamos cómo la finca estaba regada por una balsa y un sistema de acequias que recoge las aguas del Barranco del Cabrafich... Es por ello por lo que, junto a la entrada a la casa encontramos un Pozo, ahora totalmente seco, repleto de basuras varias y no de excesiva profundidad.


Tomamos alguna fotografía más al final del camino, dirigida a las vistas paisajísticas... No quedaba mucho tiempo: el sol ya se había puesto y la temperatura había descendido alrededor de 7ºC pero, aún así, todavía quedaban ganas de respirar aire puro. La tarde había resultado interesante... Un lugar inesperado, al que llegamos con escasas indicaciones pero con muchas ganas de conocerlo... De verlo y de vivirlo.


La vida sigue, chicos... A pesar de que nuestra historia se va desmembrando poco a poco, fruto del vandalismo o de la acción de la propia naturaleza. Cada vez queda menos para recordarnos de dónde venimos... En algunos años, la Torre de Cabrafich habrá caído, naturalmente (como la Torre Estaña) o gracias a la acción del hombre, como ha sido el caso del antiguo Colegio 'San Ramón de Agost. No puedo evitar sentir que perdemos parte de nuestra historia... De nuestro ser.