martes, 11 de diciembre de 2012

Casco Histórico de Lorca (Murcia)

El 11 de Mayo de 2.011 fue un día catastrófico para la región murciana: un terremoto sacudió, principalmente, la localidad de Lorca, poco antes de las 19:00 horas... Su magnitud y efectos fueron devastadores: como consecuencia, se vieron afectados los edificios públicos, los comercios, las viviendas y el patrimonio histórico, siendo las zonas más afectadas el barrio de La Viña y el casco histórico, donde muchas casas solariegas conservan sólo su fachada. Cuerpos y Fuerzas de Seguridad de toda España se desplazaron hasta allí, donde permanecieron semanas enteras intentando rescatar tanto a las víctimas mortales como a los supervivientes dentro de lo que se había convertido en una ciudad fantasma.


Ha pasado más de un año desde ese día, y la sensación de miedo todavía puede respirarse en el aire... El dolor y la pérdida se conjugan casi al unísono, dando lugar a una ciudad con zonas fantasmales, más propias de pueblos como Belchite (Zaragoza) que de la cosa mediterránea. Más de 100 km separan Elche de Lorca, pero ello no nos impidió desplazarnos hasta allí para, al menos, poder ver desde cerca cuáles fueron los resultados de aquella fatídica tarde.


El GPS nos llevó hasta el mismo centro de la localidad, pasando por vistosos edificios históricos que parecían no haber formado parte de todo lo destruido en aquel día... De aquellas imágenes que no podíamos olvidar. Avanzábamos por una calle comercial que llegaba a su fin en una rotonda con una increíble estatua en el centro, perfectamente decorada con jardines y que ponía el sello a un área hasta ahora desconocida para nosotros.

Seguimos avanzando, en búsqueda de algún tipo de edificación llamativa, y por supuesto que la encontramos, realizando nuestra primera parada en la Estación de Ferrocarril Lorca-Sutullena, una de las cuatro que posee la localidad. Ubicada en un barrio de lo más humilde, lo primero que encontramos fue el antiguo edificio que, en su día, formó una de las estaciones principales del núcleo urbano... Un edificio que ahora constituye el Centro Social 'Paso a Nivel', perfectamente conservado y restaurado, con un paso a nivel en la puerta que hace los honores de su nombre. Desde luego, tomar fotografías desde el centro de la vía es una sensación indescriptible...


Seguimos caminando, hasta llegar a la estación actual, la cual ha sufrido bastante las consecuencias del seísmo: la parte trasera del edificio permanece cerrada por vallas y totalmente apuntalada... No alcanzamos a ver mucho más desde ese ángulo, así que nos dirigimos a los andenes, aprovechando que llegaba algún tren de Cercanías... La estación en sí es una de esas que te trasladan a otro mundo, a otro siglo... Ya no sólo es por su construcción y sus últimas remodelaciones, las cuales conservan su estilo inicial: se trata de ese enorme reloj que marca las horas de llegada de cada tren... De ese revisor perfectamente anclado en la época... ¡Cualquiera diría que nos encontrábamos en pleno siglo XIX!


Despertamos de nuestro sueño para continuar caminando por los alrededores... En concreto, por la Oficina Única para la Reconstrucción de Lorca. Se trata de un edificio que sigue la misma línea de los anteriores, y fue creado por el Ayuntamiento, el Gobierno de España y la Comunidad Autónoma para la reconstrucción de las viviendas afectadas, con el fin de realizar acciones de información y asesoramiento sobre todos aquellos aspectos que pueden afectar a los vecinos en las labores de reconstrucción de sus viviendas. Habíamos regresado a la destrucción, y este edificio nos lo recordaba...


Regresamos por el coche: quedaba mucho por ver esa tarde y ésto era apenas el principio. ¿Siguiente destino? La zona más emblemática de Lorca: la Plaza de España, situada en el corazón mismo de la ciudad y que alberga monumentos de la talla de la Colegiata de San Patricio, el Ayuntamiento de Lorca, las Salas Capitulares de la Colegial, o la Casa del Corregidor, todos ellos construidos entre los siglos XVI y XVIII. La Plaza se completa con viviendas de carácter privado cuya arquitectura contribuye a mantener el carácter de la misma. De hecho, en su subsuelo se han encontrado restos que prueban el poblamiento ininterrumpido en la ciudad desde la Edad del Bronce: viviendas y talleres de un arrabal de época almohade.


Resultaba imposible no dejarse embaucar por La Colegiata de San Patricio, edificio de estilo renacentista declarado Monumento Histórico-Artístico Nacional en Enero de 1941. Es la piedra angular del conjunto monumental que se encuentra justo en ese área, y sus obras comenzaron gracias al papa Clemente VII en 1533 sobre la vieja Iglesia de San Jorge. La construcción fue concebida con aires catedralicios, y su interior se articula en tres naves, doce capillas laterales en los contrafuertes, coro y trascoro, girola con capillas radiales y torre-campanario en la cabecera.


También es de destacar el elevado crucero y su ostentosa decoración exterior, sobre todo la de la Fachada Principal, increíblemente llamativa por su belleza y monumentalidad, y la cual constituye uno de sus elementos más destacados. Regala unas vistas perfectas, compañía idónea de una tarde de nubes bajas, con su estilo barroco y sus elementos clásicos (columnas, pedestales, etc.), los cuales le dan un toque oscurantista, pero de claras influencias granadinas y valencianas, siempre respetando la sobriedad. Además, dicha fachada se articula en tres cuerpos y cinco calles, que reproducen al exterior la estructura interna del edificio.


La Portada de Carrerón, en la zona más meridional de la Plaza de España, fue durante muchos años la entrada al templo. Concebida a modo de arco de triunfo, está compuesta por dos cuerpos: el primero de ellos, con un estilo más próximo al corintio, mientras el segundo nos regala unas tendencias jónicas. No podía distinguirse mucho más, ya no sólo debido a la falta de luz propia de la hora, sino como consecuencia de los efectos del terremoto que convirtió partes de esta ciudad en oscuros cementerios repletos de puntales.


En cuanto a la Portada de la Epístola, decir que permite el acceso al templo desde la calle Abad de los Arcos. Fue labrada por Lorenzo de Goenaga en la segunda mitad del siglo XVI. Se trata de una obra de estilo renacentista e inspiración herreriana. El vano, sin apenas decoración, se configura a través de un arco de medio punto flaqueado por pilastras que sostienen un frontón partido. 


Por otro lado, está la Torre-Campanario, que consta de cuatro cuerpos sobre una base poligonal, y está construida enteramente en piedra de sillería. En su construcción se pueden diferenciar dos fases bien diferenciadas, y la separación entre los distintos cuerpos se limita a columnas, pilastras y vanos.


Por último, las Salas Capitulares del Cabildo de la Colegiata fueron construidas en 1741. El edificio, totalmente independiente, se articula en tres cuerpos: el primero se compone de una sucesión de arcadas (incluido el arco sobre la calle Cava), el segundo de cuatro balcones en correspondencia con los arcos del porche, y el tercero se compone de cuatro ventanas rectangulares. Coronan el conjunto cuatro gárgolas y pináculos, junto a la escultura de San Patricio situada en el centro sobre un pedestal. El conjunto completo nos regala una vista casi perfecta de siglos y siglos de esplendor... Y digo 'casi' por el dolor que me provoca comprobar cómo, sin necesidad alguna, estas construcciones sufrieron también en primera persona los daños de la naturaleza.


Seguimos caminando, subiendo importantes pendientes y casi trepando por las escasas escaleras hacia la zona más alta, dirección hacia el Castillo... Sus estrechas calles nos muestran tanto recientes reconstrucciones como las zonas sin solución. Soledad, desolación... Ni una sola persona por las calles que no sea algún anciano sumido en sus pensamientos. Pero no pudimos continuar a pie... Era demasiado complicado subir, girar y, sobre todo, no caer... De modo que cogimos el coche, arriesgándonos a lo que estaba claro que iba a suceder: por la mayoría de las calles, era imposible girar sin hacer maniobras.


Llegamos a un llano... Y respiramos. La noche estaba cayendo y no quedaba mucho tiempo: nuestras cámaras no son especiales y, con la falta de luz, apenas captan lo significativo de una construcción. Descendimos del coche y contemplamos Lorca desde las alturas, mientras un grupo de jóvenes paseaba alegremente por el lugar... Desde allí era posible divisar el casco histórico en su plenitud: todas sus viviendas, las mejor conservadas y las que no tuvieron tanta suerte, todo ello bajo un cielo gris y en un ambiente que comenzaba a helar nuestros huesos.


No tardamos en darnos cuenta de dónde habíamos parado: justo en la puerta de la antigua Iglesia de Santa María, totalmente cerrada al público y en proceso de remodelación desde hace algunos años. A pesar de su imagen tan desoladora, en sus restos todavía se pueden divisar sus aspectos más característicos... Y quizá, lo más significativo es el hecho de que fue decayendo desde la construcción de la Colegiata y abandonada en la época de la Guerra Civil, hasta el hecho de presentar el aspecto que tiene en la actualidad. Esta iglesia, de origen medieval, tiene planta rectangular y tres naves antiguamente cubiertas por bóvedas de crucería estrellada, de las que sólo quedan en pie los pilares y algunos de sus arcos apuntados, todo ello de un gótico levantino de principios del Siglo XV.


El exterior de su cabecera, en piedra de sillería, recuerda el tipo de iglesia-fortaleza, incluso por la disposición de sus huecos en forma de saetera. Su torre se levantó en 1545 y la puerta principal fue reformada en 1781 con bonitos adornos rococó. El camarín se restauró a finales del Siglo XVIII, aunque lo cierto es que más bien poco queda de su estructura: apenas sus cimientos y algunas columnas... Incluso, las estructuras de algunas de sus capillas, y los huecos donde, en algún momento, se almacenaron figuras religiosas.


Si uno introduce bien su cabeza y su cámara entre los barrotes de la reja que veta el acceso, puede divisar, al menos, parte del Altar Mayor, claramente en reconstrucción. ¿Cuántas personas no habrán caminado por sus pequeños corredores? La construcción tuvo momentos de gran actividad debido a su ubicación dentro de la medina de la ciudad de Lorca, y ya en época cristiana, debido a su preeminencia como iglesia principal hasta la construcción de San Patricio... Es un lugar especial, y por mucho tiempo que pase, nunca perderá ese carácter.


La noche empezaba a caer rápidamente... No quedaba mucho tiempo y la ruta todavía no había acabado... Faltaba lo más importante: el Castillo de Lorca, una fortaleza de origen medieval construida entre los siglos IX y XV. Ubicada en la zona más alta y a la que casi se hace imprescindible ascender en coche, comprende una serie de estructuras defensivas que, durante la Edad Media, convirtieron a la ciudad y su fortaleza en un punto inexpugnable del sureste peninsular. De hecho, forma parte del conjunto histórico-artístico de Lorca y, por su extensión (640 metros de largo por unos 120 metros en su punto más ancho), es uno de los castillos más grandes de España.


Las vistas desde arriba, a pesar de la nocturnidad, eran completas: todas las áreas podían distinguirse perfectamente; la zona nueva, rodeando un casco histórico arrasado... Numerosos edificios destrozados por los devastadores efectos de la naturaleza regalan fantasmales sombras al caer la noche... Todo es silencio... Todo es soledad.


El castillo, de unas dimensiones muy considerables, cerró nuestra ruta por una ciudad fantasma más que conocida desde el pasado año. El acceso está completamente restringido (es necesario pagar una entrada si, además, se puede disfrutar de algún espectáculo), pero sí se puede fotografiar su inmensa edificación, sus escaleras de acceso y la propia Torre Alfonsina, incluyendo además una maqueta del castillo que nos demuestra la cantidad de territorio que abarca.


La noche había caído... Poco más podíamos hacer. Sólo quedaba regresar a casa y prometernos regresar más adelante a disfrutar de los parajes durante, al menos, 6 horas... 6 horas que nos dieran para disfrutar todos los secretos que puede albergar un lugar como éste.