jueves, 18 de octubre de 2012

Preventorio Anti Tuberculoso de Aigües (Alicante) - Segunda Visita


Han pasado muchas cosas en el último año... Demasiadas... Tantas que, seguramente, me faltaría espacio para poder relatar todas. Por ejemplo, hace casi un año que hicimos una parada obligatoria en Aigües, más en concreto, en el Preventorio Anti Tuberculoso, ese lugar que tantas historias de fantasmas y damas blancas suscita... No pudimos evitar la tentación de respirar su historia, de sentir su frío... De escuchar todo aquello que quisiera decirnos... Todo ello sin adentrarnos en sus paredes: todavía recuerdo lo que sentimos una vez nos hallamos en la entrada principal, aquella que en su día se encontraba rodeada por un enorme y vistoso lago... Frío, un frío que podía congelar nuestros sentidos. 


  
Es por ello por lo que reconozco que la visita no fue del todo fructífera: no tuvimos el valor de cruzar el umbral y todavía nos estábamos arrepintiendo de ello... ¿Cómo pudimos cometer semejante error? Habíamos recorrido tantos kilómetros... ¿Para eso? No podía perdonármelo... Las fotografías de aquella tarde invernal hubiesen sido, simplemente, geniales... Cualquier cosa que nuestra cámara hubiese podido captar ya era historia... Nuestra oportunidad, esa tarde, había cesado... Se había esfumado como arena entre los dedos.


Hace apenas una semana, decidimos retomar el destino... ¿Por qué no? Ya nada podía detenernos... Habíamos cruzado el Colegio 'San Ramón'... También subido hasta Sierra Espuña... ¿San Ginés de la Jara? Espectacular y espeluznante a la vez... El Preventorio quedaba pendiente en nuestra lista... Necesitaba ser 'tachado' de nuestro documento de 'lugares por visitar', y así fue... Una vez allí, volvimos a dejar el coche en el mismo lugar que la primera vez... Ya no había dudas: sólo había ilusión y ganas de contemplar la belleza de lo abandonado.


Una vez descendimos del coche, la diferencia de temperatura comenzaba a notarse... Quizá no mucho más de lo que debería teniendo en cuenta que estábamos en lo alto de la montaña, pero el silencio era abismal... Casi doloroso. Como ya hemos afirmado previamente, el Preventorio de Aigües es un complejo arquitectónico construido en el siglo XIX en el municipio de Aigües, provincia de Alicante. Originalmente, constituyó el esplendoroso Hotel Miramar, un balneario que aprovechaba las aguas termales de la zona. Contaba, según dicen con un Casino, una Sala de FiestaIglesiaInstalaciones Deportivas y Zona de Juegos para los más pequeños. En 1936, el Estado adquirió el edificio y lo convirtió en Hospital Anti Tuberculoso, destinándolo a niños con tuberculosis. Sin embargo, tras la Guerra Civil (1936-1939) y al extinguirse la enfermedad se abandonó, permaneciendo en este estado desde mediados del Siglo XX y surgiendo a su alrededor una serie de leyendas paranormales nada desperdiciables.


No tardamos en comenzar a rodear el edificio... Y puedo confesar que la sensación de malestar general era bastante elevada. Por suerte, un par de curiosos cámara en mano seguían nuestro mismo trayecto y visitaban los mismos rincones, todo ello desde el punto de vista de gente que valora el patrimonio, lo que nos hizo sentir cómodos esa tarde. Puedo confesar, con una primera mirada, que las fachadas principales se han deteriorado notablemente desde nuestra última visita... Además, han comenzado obras de 'algo' (¿remodelación, quizás?) y ha sucedido algún que otro incendio en el frente más próximo a la carretera (lo demuestra la maleza quemada y los troncos cortados). 


La suerte estaba echada... No había marcha atrás: estábamos justo en la puerta, dispuestos a entrar... Y eso hicimos. Con ello, tuvimos la primera sensación, muy chocante, por cierto: oscuridad y destrozos... Escombros por todas partes, herramientas y silencio, mucho silencio. Tan sólo se escuchaban nuestros pasos sobre los ladrillos abandonados... Al fondo, tras unos enormes agujeros en el suelo, se divisaba una puerta... Típica puerta hospitalaria al fondo de un corredor donde no incide ningún tipo de luz... Un Corredor que da una sensación aterradora.


La Planta Baja, que en su día albergó los baños, las piscinas y los vaporarios, ahora se muestra solitaria, destrozada... Continuamos caminando, vigilando que el suelo no cediera bajo nuestros pies hacia unos túneles perfectamente transitables, y eso podía verse gracias a la luz de nuestras linternas... Cruzamos el Recibidor y, ante nosotros, se abrían dos Corredores, en los cuáles ya podía divisarse el otro lado gracias a las pocas ventanas que no habían sido tapiadas.


Caminamos con cuidado, pegados a la pared y siguiendo nuestros instintos... Primero por el Corredor Derecho... Después por el Izquierdo. Más y más destrozos, vandalismo y tristeza... Un ambiente sobrecogedor en lo que algún día fue un Balneario para gente pudiente. Las estancias aparecían totalmente derruidas y, sus ventanas, tapiadas hasta media altura, por lo que la luz del sol apenas incidía... Sin embargo, todavía pueden contemplarse algunas falsas bóvedas; incluso, parte de la mampostería que cubría suelos y paredes... Hasta preciosos decorados en las partes más altas.


Las Escaleras de Ascenso aparecen totalmente derruidas en este área del edificio. Quizá haya habido atrevidos que hayan querido tentar la suerte trepando por los restos que quedan, pero esos no éramos nosotros... Tampoco veíamos necesario ascender... Al menos, todavía, pues quedaba una parte importante por divisar: el final de ese aterrador Corredor, ese lugar que hacía apenas un rato nos había dejado con las ganas de ser investigado... Una vez nos acercamos, comprobamos como estaba completamente sellado con piedras y sillería, algo que me pareció muy llamativo. ¿Qué había tras esa puerta que debía ser escondido? ¿Edificaciones derruidas, peligro de derrumbe o, quizá, algo más fuerte?


No podíamos seguir avanzando, nuestro recorrido en ese ala había llegado a su fin... El resto de estancias permanecían totalmente cerradas, de modo que sólo quedaba rodear el edificio y acceder por la otra cara. Aprovechamos para contemplar las fachadas... Las enormes ventanas de madera que todavía aguantan en su posición, algunas abiertas, otras cerradas... Los balcones cuyas rejas ya han caído... Incluso, la edificación anexa, totalmente apuntalada, donde aparece aquello que la gente identifica como un Horno Crematorio para los cadáveres de los fallecidos por tuberculosis... A pesar de la luz que allí había, no podía sentirme cómoda.


Salimos al camino principal para rodear el edificio, dado que es hoy en día la única posibilidad de acceder a la otra parte... Fue entonces cuando mantuvimos un primer contacto con los también visitantes, que nos informaron del estado del edificio y del hecho de que el suelo había cedido casi por completo en plantas superiores. Nos situamos frente a la fachada principal, sobre la pasarela metálica que comunica tierra firme con la Primera Planta del edificio: el hierro rojo se tambalea a cada paso que uno da, dejando el vacío bajo nuestros pies, donde en su día hubo un Lago Artificial... Todo ello mientras puede divisarse cómo los techos de las partes más altas han cedido por completo.


La Entrada a esta planta, aún conservando sus falsas bóvedas de crucería casi intactas, nos devuelve un aspecto insólito, deprimente... La Primera Planta, que en su día albergó, además de Habitaciones, la Biblioteca, un Comedor y el Casino, ahora se muestra solitaria, destrozada... Las pintadas cubren todo aquello que los vándalos no se han llevado, y es que prácticamente la totalidad de la mampostería ha sido robada, dejando suelos y paredes totalmente desnudos. Apenas pueden observarse, en las partes más altas, los restos de la pintura verde casi intacta y algunas columnas rodeadas de azulejos de una tonalidad tan modernista como la estructura del edificio. Aguas marrones y beiges cubren lo que en su día fue el acceso al esplendor de la clase alta...


Si uno cierra los ojos, todavía puede adentrarse en un mundo de riqueza, de trajes de época, de protocolo y de dinero. Esto sucede, sobre todo, cuando nos hallamos en el Recibidor de esta parte, donde se abren ante nosotros las famosas Escaleras de Dos Ramales que han dado lugar a tantas y tantas leyendas urbanas... Como la de la Dama Blanca. Cuentan que, cuando una persona osaba subir esas escaleras y se detenía delante del espejo que había en el primer descansillo, podía ver reflejada una dama vestida de blanco... Si esa dama sonreía, era símbolo de buen presagio. Por el contrario, si la dama rompía a llorar, algo malo podía ocurrir a esa persona...


Recorrimos los Corredores que se habrían ante nosotros, introduciéndonos por cada una de las puertas, las cuales daban todas al mismo lugar: una amplísima estancia fruto de todas y cada una de las paredes que habían caído por el paso del tiempo. Habitaciones derruidas donde se habían alojado tanto ricos pudientes como niños enfermos... Qué gran paradoja. Las Escaleras de Ascenso, también en este área, aparecen destrozadas, por lo que utilizarlas no era del todo recomendable.


Durante unos minutos, dudamos en qué escalera utilizar para ascender a la Segunda Planta, aquella que recogía los Dormitorios más espaciosos y lujosos con grandes vistas al mar. Optamos por la Escalera Derecha, siempre pegados a la pared para evitar desprendimientos... Los restos del Espejo de la Dama Blanca todavía pueden contemplarse: de un tamaño monumental y casi cubriendo una ventana, se alzaba un espejo que habrá reflejado multitud de momentos, de riqueza y de dolor...


El aspecto de la Segunda Planta es mucho más desolador de lo que habíamos imaginado... El Mirador que en su día dirigía las vistas más curiosas hacia la Fuente Decorativa de la Planta Baja, ahora no es más que un agujero en el suelo, un enorme peligro para los viandantes. Los Corredores pueden cruzarse con una muy amplia dificultad, pues en la mayor parte de los espacios, el suelo ha cedido y pueden verse las tres Plantas de una sola vez.


Fue totalmente imposible acceder a la Tercera Planta y a la superior, pero tampoco lo intentamos... Aquella zona, que también recogía habitaciones espaciosas, ahora carecía de suelo en su mayoría... Las Escaleras también aparecían destrozadas y no había tampoco posibilidad de llegar hasta ellas: las vigas de la Tercera Planta han caído... Ya no existen y, en su lugar, sólo hay aire.


Salimos al exterior y continuamos rodeando el recinto... Dentro no había mucho más que hacer, y mucho menos por ver... La tristeza y la desolación sólo rompen su silencio cuando nuestros pasos y los del resto de curiosos se cruzan con nuestras voces temerosas. No fue una visita demasiado cómoda, pero por fin pudimos contemplar, al menos, una pequeña parte de este edificio de gran volumetría. La mayoría de los accesos están cerrados, sellados para evitar accidentes...


Una visita perfecta... Un edificio que muchos consideran romántico... Otros, el resto de lo que en su día fue esplendor frente dolor... Riqueza contra pobreza... Salud y enfermedad contrariadas en un enclave de gran belleza paisajística.

martes, 9 de octubre de 2012

Santuario de la Mare de Déu de Agres (Alicante)

Una tarde de sábado contemplando naturaleza no tiene precio: subir caminos inclinados, descenderlos notando las piedras bajo nuestros pies, respirar aire puro, estar alejado de la civilización, disfrutar el silencio... La Sierra de Mariola es uno de los lugares donde puede llevarse a cabo un ritual similar dentro en la provincia de Alicante, entre muchos otros de características sinónimas. En sí, el Parque Natural ocupa los municipios de Agres, Alcoy, Alfafara, Banyeres, Bocairent, Cocentaina y Muro d'Alcoy, todo ello en más de sus 17.000 hectáreas de un verde especial, pero el que verdaderamente nos interesaba era Agres, donde se halla el antiguo Santuario de la Mare de Déu de Agres.


El GPS nunca tiene dudas: es capaz de llevarnos hasta el punto exacto que le dictemos previamente... Le envidio... Envidio su gran capacidad para dirigir nuestro trayecto a los lugares más remotos. En este caso, Agres (Alicante)... Un pequeño municipio de poco más de 500 habitantes y con un casco histórico nada recomendable de visitar a bordo de un vehículo: no sólo lo digo por lo que uno se pierde contemplando a través de un cristal, sino por lo complicado que es escabullirse entre la gente que, cirio en mano, se dispone a iniciar la procesión en honor a San Miguel, fiesta patronal celebrada justo en ese fin de semana. ¡Casualidades de la vida!


A pesar de que las últimas lluvias habían dejado un paraje desolador (las gentes todavía extraían cubos de agua y barro de sus viviendas), no tardamos en llegar a nuestro destino. El Santuario de la Virgen de Agres o de la Virgen del Castillo (en valenciano, Santuari de la Mare de Deu d'Agres) se halla en pleno término municipal de Agres, y está construido sobre los restos de un antiguo castillo al sur de la población, en un emplazamiento natural entre torrenteras y bosques de frondoso arbolado, sobre una elevación del terreno, siendo un importante centro de devoción mariana al sur de la Comunidad Valenciana desde finales del siglo XV.


Sólo cuando uno desciende del coche es capaz de disfrutar en toda su plenitud de la ubicación: un verde casi uniforme, mejorado por la humedad del ambiente y ese aroma a tierra mojada tan característico sólo pueden significar una cosa, y es que nos encontramos en el momento y lugar adecuados. Por suerte, el vehículo queda al inicio del vía crucis, y el resto del camino sólo puede hacerse caminando, sintiendo la naturaleza y sus sonidos, disfrutando del momento... Casi tocándolo.


Las 14 Estaciones de la Cruz nos dan la bienvenida al Calvario desde que decidimos dar los primeros pasos... Al final del camino se alza, señorial, el Santuario, en un estado de conservación bastante aceptable, teniendo en cuenta que las obras de remodelación comenzaron en el año 2010. El edificio forma un gran bloque longitudinal con pequeños huecos, donde destaca su pesada fábrica de mampostería con los paramentos enlucidos como una pared maciza de gran altura, rodeado todo ello por la antigua muralla medieval. Dicen que la parte mejor conservada es un recinto cerrado que incluye un Albergue de peregrinos, pero no tenemos constancia de ello debido a que se encontraba totalmente cerrado al público.


Cuenta la historia que, el 31 de Agosto de 1484, la Basílica de Santa María de Alicante se incendió, y la Virgen desapareció. A la mañana siguiente, un pastor la encontró a lo alto de un latonero (árbol característico), en las ruinas del Castillo Musulmán de Agres, al sur de la población y en un emplazamiento natural con unas características espectaculares. La imagen fue llevada a la Iglesia, pero al día siguiente había desaparecido nuevamente, encontrándose en el hueco donde había aparecido el día anterior... De este modo, se interpretó que el deseo de la Virgen era ser venerada en ese mismo lugar, por lo que se construyó una humilde Ermita. A finales de 1577, se autorizó a la Fundación del Convento de la Mare de Déu del Castell d'Agres, y al año siguiente comenzaron las obras. Los franciscanos lo habitaron hasta la segunda mitad del Siglo XIX, y en él se encuentran la imagen encontrada de la Virgen en un retablo de cerámica valenciana, en un Camarín, y una espectacular imagen de Santa Cecilia.


En el ascenso, uno encuentra multitud de árboles, diferentes tonalidades de verde, cuevas entre rocas, merenderos en roca natural... Humedad y frío en términos generales, pero un frío agradable, perfecto, respirable... Simplemente genial... Propio de los mejores y más ensoñadores emplazamientos. 


Una vez arriba, y por desgracia, uno se da cuenta de que aparece cerrado al público... A pesar de que muchos eran los curiosos que nos acercábamos esa tarde (la mayoría, aprovechando la festividad), el Pórtico de hierro aparece cerrado a cal y canto, mientras algún desaprensivo se había dedicado a arrancar el papel con los horarios. Según informaciones paralelas, la Iglesia, de pequeño tamaño, se divide en dos naves paralelas de cuatro tramos sin ornamentación. Se llega a ella desde una gran escalinata cubierta. En uno de los extremos de la nave, en la parte más alejada de la entrada, se encuentra el Camarín, con una cúpula sobre pechinas.


Rodeamos el santuario por todas sus caras, y no obtuvimos ninguna posibilidad de acceso... Estaba totalmente cerrado, por lo que nuestra visita llegó hasta aquí. No descartamos regresar en un futuro, cuando podamos acceder a sus interiores, descender sus escalinatas o, quién sabe, acceder a las plantas superiores... Un lugar perfecto para ser visitado, ubicado en un paraje natural que enamora los sentidos.


miércoles, 3 de octubre de 2012

Monasterio de San Ginés de la Jara (El Beal, Murcia)

Hoy regresamos con uno de los lugares más perfectos que he visto... Y esa perfección tan sólo es equiparable a cada uno de los secretos que alberga entre sus cimientos. Quizá sea uno de los lugares con más encanto y, si bien es cierto, con más dificultades en su acceso. Ubicado en un maravillo enclave donde el Mar Menor, enmarcado por las laderas del Cabezo de San Ginés, toma el protagonismo, se encuentra el Monasterio de San Ginés de la Jara, hoy en día, totalmente abandonado y cerrado a cal y canto, a pesar del esplendor del que gozó en su época. 


Situado en la Diputación de El Beal, en el término municipal de Cartagena, el Monasterio de San Ginés de la Jara puede tener sus orígenes en el siglo XIII, cuando fue ocupado por los agustinos. Sin embargo, parece ser que existe constancia de cultos mozárabes en la actual ubicación del monasterio desde antes del siglo XI, en plena dominación islámica (para ello, deberíamos tener en cuenta su decoración interior, sobre la cual incidiremos más adelante). Además, durante la Baja Edad Media, estaba compuesto por una pequeña ermita embutida en una sólida construcción a modo de torre fuerte, que servía de habitáculo y refugio a religiosos, ermitaños y, probablemente, a las rondas a caballo que, desde la ciudad de Cartagena, acudían cuando se daba aviso de la llegada de barcos berberiscos.


En 1541, el papa Pablo III reconoció la santidad de San Ginés de la Jara y se puede decir que el monasterio actual fue levantado por la orden franciscana en el siglo XVI bajo el patronazgo del Marquesado de los Vélez. Es de esta época de cuando data la fachada principal en la que se encuentran los escudos de los franciscanos y de los propios Vélez. Éstos hechos propiciaron un verdadero florecimiento del enclave, pero con el mantenimiento de las edificaciones existentes hasta ese momento y las reparaciones y adecuaciones más lógicas. 


Recuerdo haber pasado por el famoso puente de la A-7 que unía Puerto Lumbreras y Lorca... Y digo unía porque las últimas lluvias se lo han llevado por delante. San Ginés de la Jara es perfectamente visible desde la Autovía de Cartagena, aunque es necesario un cambio de sentido para poder llegar hasta él... O, más bien, hasta esos caminos que rodean el recinto, por los cuales el coche circula con una enorme dificultad al hundirse entre el barro, la tierra arada y las piedras. Una vez rodeado, uno se da cuenta del "problema": está totalmente cerrado, sellado en todas sus aberturas y rodeado por un muro de casi tres metros de altura. Sin embargo, y a pesar de todo, no pierde su encanto y ese toque de misterio que tanto le caracteriza.


No voy a dar explicaciones acerca de cómo conseguimos colarnos en el recinto, pero puedo afirmar que no fue nada fácil (peligro de abrasiones y arañazos varios), y no puedo invitaros a hacerlo porque es propiedad privada y bien claro lo dicen los carteles. Una vez dentro, el aspecto de todo lo que allí se encuentra es desolador: a pesar de lo semi-cuidada que imaginaba su fachada por las fotografías que había visto, nada tenía que ver con lo que ahora quedaba... Destrozos, techos caídos, ramajes secos y enmarañados rodeando la construcción... Una completa pena.


Si comenzamos a rodear el recinto, lo primero que encontramos es una especie de Aljibe de escasa profundidad, ahora relleno de troncos de palmera y algunos matorrales. Justo en ese lugar, comprobamos la existencia de una serie de edificaciones adjuntas a la inicial, rodeando el Huerto, totalmente destrozadas, en forma de 'U.' Son fruto de una de sus renovaciones (Siglo XVIII, Diego de Arce)), y se trata de un Templo y pequeñas Capillas dedicadas a los misterios del Rosario, incluyendo nueve Ermitas cuyas advocaciones hacían referencia a santos y penitentes.


Nuestro siguiente paso estaba claro, rodar el edificio principal, en búsqueda de alguna abertura, pero no: puertas y ventanas a la altura de un ser humano aparecen selladas con cemento y hormigón... En nuestra búsqueda, tuvimos el placer de contemplar esa Fachada de carácter renacentista reformada hacia finales del Siglo XVIII por Diego de Arce, otorgándole esa identidad artística tan especial a pesar de sus derruidos muros. El pórtico principal, aunque sencillo, consta de todos los detalles destacables en uno de los importantes: columnas completas, ornamentación varia, signos del Renacimiento y escudos de armas. ¿Necesitamos más?


Si seguimos caminando, y siempre con especial cuidado de los agujeros del suelo (el terreno ha cedido o los gazapos han hecho su labor), llegamos hasta la base del Campanario, de un tamaño bastante reducido pero de espectacular esbeltez. Si uno es un poco observador, puede comprobar cómo ha crecido un enorme cactus en lo alto... Nada de cigüeñas, pero sí cactus.


Tampoco pienso comentar cómo conseguimos colarnos en el interior, pero dadas las fotografías, os aseguro que fue verdaderamente complicado y agobiante... Sin embargo, el esfuerzo valió la pena: el Claustro (1670-1679), aunque cubierto de árboles centenarios y maleza moribunda, continúa conservando ese estilo mudéjar de sus inicios... Corredores altos y bajos a sus cuatro lados, bóvedas en la parte inferior, arcos de medio punto, ornamentación floral o llamativos colores que nos recuerdan a La Alhambra (Granada) hacen que respire un ambiente especialmente islámico entre sus paredes. Simplemente, espectacular... A pesar del paso de los años (el templo debió de estar acabado hacia finales de 1611 o comienzos de 1612), todavía podemos observar una pequeña Fuente en el centro, casi destrozada y cubierta de escombros... Tiene forma de una perfecta estrella de ocho puntas, decorada con mosaicos de azulejos azules de una forma muy andaluza.


Quizá fue a partir de ese momento cuando empecé a notar pequeñas ráfagas de aire, pero aún así, nos dejamos llevar por la curiosidad y acabamos dentro, atravesando un hueco ornamentado con un arco beige rodeado de flores (margaritas), con una forma muy dulce e infantil. Se abría, ante nosotros, una escalera de dos ramales hacia la Segunda Planta... Sin embargo, no subiríamos allí hasta no averiguar el estado de la Planta Baja.


Recorrimos montones de estancias, laberínticas, unidas las unas con las otras, totalmente derruidas: los puntales se distribuyen alegremente por todas partes, y hay que tener un cuidado tremendo de no tropezar con uno y que pueda caernos parte del tejado sobre la inteligencia. Entre sombras y ruidos extraños, encontramos los restos de una Cocina, un Lavadero, una posible Sala de Lectura (con mesas, sillas y una Prensa) y diversas estancias más que se comunican entre sí y que es posible identificar apenas por los flashes de nuestras cámaras, puesto que la iluminación es totalmente nula. 


Ayudados de nuestras linternas, nuestro siguiente destino estaba claro, aunque todavía no lo habíamos encontrado... La Iglesia Principal, dueña de ese pórtico tan espectacular, no quería dignarse a aparecer para ser fotografiada. Fue bastante costoso encontrar la abertura, y mucho más costoso adentrarse en ella, pero lo conseguimos: ante nosotros se abría la Iglesia donde tantas historias de fantasmas se habían contado, donde existe tanto nivel de actividad paranormal. No es otra que la que encierra los restos mortales de San Ginés de la Jara, la tumba subterránea de la familia Starico-Ruíz y los nichos de los monjes, en la actualidad totalmente profanados y saqueados. 


Cualquiera de las sensaciones vividas anteriormente en el monasterio se acentúan cuando entramos a la Iglesia... No hace frío ni calor, ni siquiera ruidos más extraños que los que posee cualquier edificación de estas características... Es esa sensación de no estar solo: habíamos muchos más allí de los que físicamente habíamos entrado. El agobio fue tal que parece que alguien con mucha más energía no estaba del todo conforme con nuestra visita... Éramos unos extraños contemplando la belleza de lo abandonado.


Un ventanal nos ofrecía gran cantidad de luz natural... La suficiente para no perder detalle de lo que estábamos observando. Todavía pueden contemplarse algunos Frescos en las paredes y unas Bóvedas decoradas casi al detalle, aunque son fruto de una remodelación mucho más posterior y llevada a cabo por uno de sus últimos propietarios, que no tuvo problema alguno en cambiar de manera irremediable la estructura del monasterio. La Capilla de la Gloria quedó destruida, aunque la de San Antonio todavía puede contemplarse: construida durante la última década del Siglo XVIII, alberga una habitación con numerosos nichos (Catacumbas), en la que alguien había dejado una vela encendida, muy a pesar del riesgo que supone y de la sensación que puede dar ver una vela alumbrando nichos porque sí. 


No accedimos a las habitaciones de Nichos... Ni siquiera descendimos a la Cripta de los Starico-Ruíz, por lo que no encontraréis ninguna foto de referencia. Todo ello se debe al respeto que me suscita no profanar lugares donde las personas descansan tras una vida de alegrías y penas, y es lo mínimo que podemos hacer por ellos cuando han sido numerosas veces profanados. 

Sin embargo, lo que uno no puede dejar de hacer es quitar sus ojos del Altar Mayor... Su misteriosa belleza continúa intacta a pesar de las numerosas destrozas. No quedan Bancos, no quedan Barandillas, no hay ni una sola imagen religiosa, pero la sensación puede sentirse: es como si allí mismo y a esa misma hora hubiese eucaristía... Como si en todos los bancos que un día estuvieron allí se agolparan los fieles a la espera de escuchar los pasajes bíblicos de una misa. No se puede evitar la tentación de llegar hasta el Altar, de subir cada uno de sus escalones y de situarme en el centro, de mirar hacia abajo y de comprobar si esas sensaciones pueden transformarse en imágenes cuando uno cierra los ojos... El ambiente está enormemente enrarecido, se respira moho y algo más... Pero es ese algo más lo que quiere que le dejemos descansar, así que no dudamos en tomar las últimas instantáneas y abandonar el lugar.


Nos dirigimos, nuevamente, hacia la Escalera de dos Ramales... Quedaba la Planta Superior. A pesar de que las escaleras han resistido bastante bien el paso de los años, no ha sucedido lo mismo con lo que allí encontramos: la mayor parte del suelo había cedido y podíamos ver la Planta Baja. Con sumo cuidado, recorrimos lo que permitía el suelo y llegamos hasta algo verdaderamente especial: el Coro. La Iglesia, desde las alturas, cobra una perspectiva diferente, quizá más siniestra... Desde luego, las sensaciones desde allí no eran del todo agradables. El mobiliario del Coro aparece totalmente derruido y el suelo no parece muy resistente... De hecho, y a pesar de la inexistencia de Barandillas, uno puede sentirse enormemente atraído por acercarse al borde del área, por mirar desde arriba la altura disponible, a pesar del peligro...


Apenas duramos unos minutos en el Coro. Con cuidado, atravesamos hasta el otro lado: el Campanario se alzaba, siniestro, ante nosotros. La Terraza que lo rodea es verdaderamente amplia y, desde allí, puede contemplarse el Mar Menor... Tomamos la sabia decisión de no subir a lo alto: cuenta la leyenda que el fantasma de un monje encapuchado suele aparecer por allí, aunque lo verdaderamente importante era que su estado era tan ruinoso que mejor no arriesgar la vida y caer un par de plantas más abajo.


La noche empezaba a caer, y la única luz que entraba por los ventanales empezaba a flaquear a una velocidad bastante alta: no podíamos continuar allí. Los accesos habían sido verdaderamente dificultosos con luz, así que la cosa podía empeorar a oscuras... Y así fue. Fue muy duro abandonar el recinto, el Guarda de Seguridad había modificado nuestras posibilidades y tuvimos que lidiar con la Guardia Civil a la hora de salir, pero la visita valió la pena.


Os recuerdo que es una propiedad privada y que no se puede acceder a ella... El recinto está vigilado para evitar sucesos, y felicito a los propietarios por ello: es un peligro para los curiosos y un foco de actos vandálicos para los aburridos. Eché de menos ropa y calzados adecuados, y algo más de tiempo, pero conservo un muy buen recuerdo hasta de la Guardia Civil, que se mostraron muy atentos a pesar de la situación.