domingo, 23 de septiembre de 2012

Sanatorio Anti Tuberculoso de Sierra Espuña (Alhama, Murcia)


Puedo afirmar que hace apenas una semana estuvimos allí... Muchos son los que hablan de sus fenómenos paranormales, de las psicofonías que allí se captan o de los espectros que aparecen pululando por sus estancias, y es por ello por lo que no podíamos evitar llegar hasta allí para verlo con nuestros propios ojos o para sentirlo en nuestra propia piel... El Sanatorio Anti Tuberculoso de Sierra Espuña (Pedanía de El Berro, en Alhama de Murcia) nos esperaba con los brazos abiertos, dispuesto a dejarse desnudar una vez más ante los ojos de unos curiosos que no deseaba si no valorar su patrimonio, su estado y, sobre todo, su importancia en un mundo donde los vándalos hacen el resto. 


He de reconocer que necesitamos las coordenadas GPS exactas del sanatorio para poder llegar hasta allí, pues se encuentra ubicado en pleno Parque Regional de Sierra Espuña, escondido entre montañas, humedad y una coloración más verde de lo que imaginaba. El Tom-Tom nos llevó hasta sus cimientos, en la misma Carretera C-25 que atraviesa el parque, a pesar de haber cometido algún que otro error a la hora de introducirle los datos y de que los teléfonos móviles allí dejan por completo de funcionar. 


La historia de este lugar comienza durante el último trimestre de 1913, cuando las autoridades regionales tienen que tomar decisiones drásticas ante los estragos que estaba causando la tuberculosis entre la población civil. Dado el carácter contagioso de esta enfermedad se decide recluir a los enfermos en un lugar aislado, teniendo en cuenta que, además, el aire puro y limpio de la sierra era el mejor alivio que existía por aquellos entonces. En verano, los propios vecinos ayudaban en la obra y, gracias a ello, en 1917 se terminó de construir la primera planta, pero la obra continuó hasta que se proclamó la II República en España: en 1931 pasó a ser propiedad del Estado para concluirse, finalmente, en 1934. 


Una vez concluida la larga obra, comenzaron a trasladarse a los enfermos. El hospital contaba con 200 camas y 50 empleados, y, mientras en la planta superior se ubicaron los enfermos más graves (aislados) en la planta baja lo hicieron los menos graves, pudiendo dar, incluso, paseos por la sierra y ser visitados por los familiares, aunque tengo mis serias dudas de cuánto tardaría una familia normal en llegar hasta allí, fuera cual fuera su procedencia. Cuenta la historia que, normalmente, la mayoría de los enfermos acababa subiendo a la planta alta y muriendo tras una larga agonía, subiendo una vez a la semana el carro del sepulturero del Cementerio de Alhama para recoger los cadáveres. 


El edificio, además de sanatorio anti tuberculoso, también fue hospital para los vecinos de la zona (Aledo El Berro) que pasaban en él consulta. Eso sí, una vez en 1949 se descubre la estreptomicina, se produjo un cambio radical en el cuidado de enfermos con tuberculosis. Es por ello por lo que los elevados gastos de manutención de un edificio de tal envergadura llevan al Ministerio, en 1962, a declararlo como 'no rentable' y provocar su cierre. Un año después, se cuenta que el edificio pasó a ser una Escuela-Hogar para huérfanos y necesitados de la zona pero acabo cerrando para rehabilitarse su ala izquierda durante años 80 y reabrirse como Albergue Juvenil. Una vez más, y debido a lo inóspito de albegarse entre las ruinas de un hospital, en 1995 se echa el cierre, pero esta vez de manera definitiva. Desde 1997 carece de ningún tipo de vigilancia, por lo que el expolio y el vandalismo lo han acabado de destrozar y, aunque permanece totalmente vallado, existen formas de colarse entre sus entrañas. 


Esa tarde no estábamos solos allí, por lo que, y tras dar varias vueltas de reconocimiento y no encontrar ningún tipo de abertura decente en las vallas (apenas unos Cuartos de Baño en los exteriores), tomamos la sabia decisión de seguir a nuestros predecesores. Si ellos estaban dentro, sólo faltaba encontrar el lugar adecuado para no dañarnos a la hora de colarnos... Y así fue: una de las puertas principales tenía algunos destrozos que permitían el paso de una persona de tamaño normal sin apenas esfuerzo. 


Una vez dentro, pudimos ver claro lo que apenas nos atrevíamos a mirar a través de las vallas: su espectacular estructura, formada por tres alas de dos alturas y el sótano. Con los años, parece ser que se fueron añadiendo la Casa del Conserje, el Depósito de Cadáveres, los Velatorios, un Acueducto para recoger agua del deshielo, etc, aunque no tuvimos oportunidad de disfrutar de todo su esplendor (la noche ya cae antes que en pleno verano). 


Una vez dentro del recinto, comenzaron las prisas y la toma rápida de decisiones: había que priorizar sobre que partes atender, y optamos por la más reformada, dejando para el final las más decrépitas, por el peligro que podría suscitar el hecho de acabar con un escombro en la crisma. Rodeamos el complejo hasta toparnos con la entrada principal, de un tamaño descomunal y desde donde puede verse la cubierta a dos aguas y el torreón que hay en el centro, típico de las construcciones de la época. De hecho, de cara a la fachada principal, se levanta la escultura de Cristo. 


Actualmente y desde esa fachada principal pueden verse dos partes claramente diferenciadas: la zona 'nueva' (pintura más reciente o alguna reforma más notable) y la zona antigua, con la mayoría de las ventanas y puertas que dan al exterior tapiadas (incluso, algunas del interior, pero eso ya lo veremos más adelante). Lo cierto es que la primera impresión es escalofriante puesto que, además, tiene un parecido enorme a la más conocida del Hospital del Tórax, en Terrassa. Los destrozos son notables en general, y le dan un aire fantasmal, sobre todo cuando la luz comienza a disminuir, pues da la sensación de que cualquier aparición va a sucederse tras cualquier ventana, mientras nuestros ojos esperan ansiosos ese momento. 



Tomamos la entrada principal, ascendiendo a través de sus dañados escalones ante la atenta mirada de un grupo 'aterrado' que esperaba a que el resto de sus compañeros descendiese de las alturas. Ante nosotros se abrió un Recibidor de amplitud considerable, totalmente reformado (y destrozado), con carpintería de madera, mosaico de gres en el suelo y pintado en tonalidades muy juveniles: amarillos, marrones y azules. La mayoría de las puertas habían sido arrancadas, pero todavía se conservaban algunas abatibles, que pueden cruzarse para adentrarse en oscuros pasillos, también pintados en los mismos colores y que albergan numerosas habitaciones. Incluso, podemos encontrar un Salón de Actos, perfectamente preparado para albergar obras pequeñas, con bambalinas y escenario en alto, además de una bonita carpintería de madera en color rojo sangre. Los Cuartos de Baño todavía conservan parte de algún sanitario, todo también decorado en los mismos colores. 



No tardamos en coincidir con una de las Escaleras de ascenso-descenso y ¿cuál fue nuestro primer destino? Los Sótanos, un lugar donde verdaderamente reinaba la oscuridad. Fue necesario utilizar unas linternas para asegurar nuestros pasos, pues la luz apenas existía y nunca sabes si estás caminando sobre tierra firme... Desde luego, la temperatura había descendido y podía notarse. En mi caso, puedo confesar que sentí una sensación de agobio bastante grande, aumentada por los restos de incendios, la simulación de machas de sangre en puertas y suelo y, sobre todo, haber llegado hasta el Cuarto de Calderas, la habitación más oscura y menos ventilada que habíamos encontrado hasta el momento. Conserva bastante intacta la mayoría de la maquinaria, a pesar de los actos vandálicos que se han producido en general... ¿Cuál puede ser la razón? 


Si bien es cierto que la entrada era verdaderamente dificultosa, tomamos algunas fotografías en la zona más oscura del sanatorio, y donde más sensaciones pueden percibirse... A todo ello, podríamos sumar los ruidos sin explicación aparente y el hecho de encontrarnos ante la tapia destrozada que separa la parte reformada del antiguo e incómodo hospital para tuberculosos, justo en el pasillo donde nos hallábamos. No fui capaz de llegar hasta allí, era como si algo me hiciese frenarme en mi deseo por descubrir la construcción... Algo no muy positivo. Sentí un agobio tan ensordecedor como los pitidos de mis oídos, por lo que no tardé en dar media vuelta a una velocidad notable. 


En nuestro camino hacia la búsqueda de luz, encontramos el Montacargas que comunicaba las Plantas Superiores con los Sótanos, donde se hallarían las Cocinas o la Lavandería, entre otros servicios. Resulta un tanto peligroso, puesto que los huecos no están sellados y el metal aparece totalmente oxidado, por lo que no os recomiendo caminar en sus cercanías... 


Tomamos nuevamente las escaleras, esta vez para llegar a la planta baja y, por consiguiente, a la Primera Planta... También aterradora, a pesar de formar parte del Albergue Juvenil. Su construcción es verdaderamente original, puesto que los pasillos más próximos al exterior forman una curva muy atractiva a la vista, mientras los juegos de 'luz-oscuridad' nos regalan impresiones no muy cómodas. He de reconocer que la luz ya comenzaba a escasear para esos momentos, lo que dificultaba nuestros pasos y aumentaba nuestras sensaciones negativas entre la multitud de HabitacionesArmariosBaños y demás escondrijos, rociados de presunta sangre. 


La Última Planta quizá fue la más incómoda... A través de las puertas abatibles, un grupo de murciélagos se abalanza sobre cualquiera que se disponga a invadir su hábitat natural. Para todos aquellos que no estén acostumbrados a este tipo de animales, el sobresalto puede ser monumental hasta que uno logra encontrarlos y evitar hacer ruidos para volver a incomodarlos. Hay que tener en cuenta que estos animales pueden ser un cúmulo de enfermedades, por lo que es necesario tener especial cuidado... Y lo mismo digo con las palomas. 


Y por último, salimos al exterior en la Terraza... La noche había caído, y era más que evidente desde las alturas. Nuestra cámara apenas ya era capaz de captar las zonas altas de las edificaciones, y es entonces cuando uno se da cuenta de la enormidad del complejo y de lo poco que ha visitado. El hecho de salir al aire puro y dejar atrás las claustrofóbicas paredes del sanatorio suponía un respiro en nuestra peculiar visita. 


Bajamos rápidamente: quedaba mucho sanatorio por ver y apenas nada de luz, por lo que decidimos descender e introducirnos por la primera puerta que se abriera ante nosotros... Cualquier era válida. Y lo cierto es que dimos de bruces con una Zona Desconocida, bastante más decrépita que las anteriores... Puedo afirmar que la primera sensación que obtuve tras atravesar el último escalón no fue muy agradable: era como si algo nos invitase a abandonar el recinto y nosotros continuásemos invadiendo su terreno. Además, el sonido de nuestros propios pasos al caminar sobre los escombros erizaba la piel a esas alturas de la tarde-noche. 


Ante nosotros se alzaban numerosas Htabitaciones, laberínticas, todas comunicadas entre sí... Aunque las ventanas conservan la tonalidad azul, las paredes ya no están pintadas en colores amarillos. Además, la oscuridad influía en nuestra sensación de incomodidad, aumentada por todos esos sonidos de puertas y ventanas que cierran y golpean entre sí a pesar de no correr ni una gota de brisa. 


Ya no quedaba luz, por lo que procedimos a descender y a abandonar el recinto, mientras era invadido por un grupo de personas que tenía la intención de pasar la noche allí... Portaban sacos de dormir y mochilas bastante pesadas. Podía tratarse de militares... O, simplemente, de curiosos senderistas. Lo que teníamos claro era que no íbamos quedarnos allí para averiguarlo... 


Tras rodear el edificio, salimos por la misma puerta por la que entramos y fuimos a recoger el coche... El camino de vuelta a casa era verdaderamente largo, y sólo el GPS podía devolvernos al punto de partida. No dudaría en volver a visitarlo, para recorrer la parte hospitalaria y tomar fotografías tan inquietantes como algunas de las que os muestro... Las cámaras no pueden captar los sonidos, pero sí las sombras sin explicación que aparecen una y otra vez en la mayoría de las instantáneas. Inquietante, sin duda... Una verdadera joya para los amantes de este tipo de lugares.

2 comentarios:

  1. Totalmente espectacular... Lo desconocía. Impresiona semejante edificación abandonada y encima tratándose de un hospital...

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  2. Hace una semana volvimos hasta este lugar a realizar una visita y sesión fotográfica, con motivo del tercer aniversario del Blog. Permanece atento, ¡las fotos te van a encantar! :)

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