jueves, 28 de junio de 2012

Las Murallas de Ávila (Ávila)


Teníamos planeado salir a las 06:00 de la mañana de casa... Y, si bien es cierto que nos levantamos sobre esa hora, no salimos hasta cerca de las 08:00: había que preparar muchas cosas, pues el día se avecinaba largo y pesado... ¿Destino? Ávila... Alrededor de 7 horas de camino (sin contar las paradas) para contemplar ya no sólo su casco histórico sino el monumento mejor iluminado del mundo y, también, Patrimonio de la Humanidad: su Muralla Medieval. Me habían hablado maravillas de ella: su imponente perímetro, su altura, sus acabados o sus vistas desde las alturas eran sólo descripciones aproximadas de lo que puede significar verlas desde fuera y desde dentro. 


Tras varias paradas en áreas de áreas de servicio, a la que sumamos una (para comer) que prefiero desvelar en un futuro no muy lejano, recuerdo llegar a Ávila bien entrada la tarde. Conseguimos una habitación barata en un hotel a las afueras, frente a los famosos 'Cuatro Postes' (el hotel no podía tener otro nombre) y, lo primero que recuerdo, fue la sensación de frío: la temperatura había descendido unos 10 ó 15 grados de la costa al interior, sobre todo en invierno, y parecía que cortaba la piel. A pesar de ello, la habitación no podía tener mejores vistas... La muralla se alzaba ante nosotros desde una tercera planta a la que se ascendía a través de un ascensor acristalado. Todo un lujo para mis ojos, que no daban crédito a lo que tenían enfrente. 



A pesar de lo bonito del panorama, esa tarde no accedimos a la muralla... Consideramos que era mucho mejor ver, desde el ventanal, el juego de luces que el atardecer iba creando conforme pasaban las horas... Lo que sí no perdimos de vista fueron los famosos 'Cuatro Postes', ubicados a pocos metros del lugar donde nos alojamos (y desde donde tomamos algunas fotos), además de un Centro Comercial a las afueras donde conseguimos cuatro cosas para cenar y desayunar, y algunos libros que estaban bien de precio (el vicio acompaña allá donde vayamos). 


Regresamos al hotel bien entrada la noche, no sin antes fisgonear los edificios más significativos, al menos, por encima... Entre ellos, nos encontrábamos en la Puerta del Alcázar, el elemento más solemne de toda la muralla. La puerta de conforma con dos grandes torreones unidos por un puente que refuerza la defensa del acceso. Según cuentan, en la restauración de 1907, realizada por Repullés, se le dotó de almenas, imitando la Puerta de San Vicente, aunque no existe documentación alguna que avales que esta puerta contara con ellas en el pasado. Ya después, desde nuestro ventanal, pudimos tomar imágenes tan bellas como ésta, la que se puede divisar perfectamente el perímetro de la muralla, totalmente iluminado en una noche perfecta, sin nubes, bastante fría (había 5 grados bajo cero cuando regresamos) pero con un cielo totalmente raso. 


Recuerdo haber pasado mucho frío durante la noche (la calefacción nos jugó una mala pasada), pero amaneció más temprano a lo que estaba acostumbrada: los primeros rayos de sol se colaban por las rendijas del ventanal, apenas cubierto por un ligero visillo. No había nevado, pero las heladas de la noche nos regalaban imágenes como ésta, donde la niebla y la blancura de una Navidad que todavía se encontraba a pie de cañón nos saludaban de buena mañana. Ávila nos esperaba, y, dentro de la visita, su enorme muralla.



La muralla es el monumento más relevante de la ciudad, se puede acceder a buena parte de ella (1.400 metros de su longitud) y recorrer su adarve. Hay tres puntos de acceso: la Casa de las Carnicerías (cerca de la Catedral), la Puerta del Alcázar (Plaza Calvo Sotelo), y el Arco del Carmen (en la Plaza de Ronda Vieja, cerca del Archivo Histórico), siendo posible realizar un recorrido (con medios audiovisuales) entrando por uno de ellos y saliendo por otro, todo ello por el módico precio de 5€. En primer lugar, realizamos un recorrido exterior: tras aparcar el coche cerca de la Catedral, y revisar el tique de la ORA varias veces, comenzamos a rodear su perímetro, levantando la vista hacia la inmensa altura de sus almenas torreones. Todavía podía divisarse escarcha en el césped gracias a las heladas de la noche anterior... El sol brillaba, y el día era genial, sobre todo para los que estuviesen acostumbrados a tanto frío. 



No podemos olvidar que nos hallamos ante una cerca militar románica que rodea el casco antiguo de la ciudad de Ávila, en la Comunidad Autónoma de Castilla y León, siendo declarada, junto al casco antiguo y las iglesias situadas extramuros, Patrimonio de la Humanidad. Las murallas, en general, son un factor activo muy importante en la conformación del urbanismo de la ciudad e, históricamente, han participado en la distribución del espacio urbano entre los diversos grupos sociales: la muralla representaba la separación entre el "espacio salvaje" y el "civilizado." En el campo, la tierra llana, vivían los campesinos que era la clase social más baja que mantenían a la ciudad, incluyendo los costes de la construcción de esta muralla. Su carácter militar es eminentemente defensivo, y se mantuvo aún con las reformas realizadas en el siglo XIV que la reforzaron.


En total, la muralla tiene un perímetro de 2.516 metros, a los que sumamos sus 2.500 almenas, sus 88 cubos torreones y las 9 puertas. Ocupa una superficie de 33 hectáreas y conforma un rectángulo orientado de este a oeste. Sus muros tienen 3 m de grosor y 12 de altura, y las vistas desde las alturas no tienen precio: cada una de las edificaciones situadas tanto en su interior como en el exterior pueden contemplarse con un detalle casi perfecto. Hay que comentar que, para su trazado, se aprovecharon los desniveles del terreno, por lo que no se construyeron ni taludes ni contrafuertes, y eso puede observarse desde la distancia.



Existen algunas poternas portillos cegados y, de las 9 puertas mencionadas, las dos más impresionantes por sus defensas son la del Alcázar y la de San Vicente. Ambas están situadas en el lienzo este, sobre terreno llano, y por tratarse de la zona de más fácil acceso y por tanto más expuesta al ataque es la mejor fortificada del recinto. Para su construcción, se aprovecharon materiales procedentes de la necrópolis romana, de algunas construcciones civiles así como de las viejas murallas romana y visigótica. La piedra es puro granito, gris y negro, dependiendo del origen de la misma. También se utilizaron el ladrillo, el mortero y la cal.



Aunque desde la conquista romana de la ciudad existía una muralla o cerca, la actual muralla data de la segunda mitad del siglo XII. Esta cronología está basada en su morfología y en diferentes datos: la muralla romana debía de ser de un perímetro inferior, basándonos en que las murallas de León tenían un perímetro de 1.700 metros y esa ciudad era más importante que Ávila. Además, se ha demostrado la existencia de dos sectores originales de la muralla romana primitiva, encajadas en el cuerpo de la muralla construida en la Edad Media en el Arco de San Vicente.


No debemos olvidar que es propiedad del Estado Español en su totalidad, y está gestionada por el Excmo. Ayuntamiento de Ávila. Algunos tramos, es decir, los que coinciden con algunos edificios como Palacios Iglesias (entre ellas, la Catedral) son privados, por lo que el acceso no está permitido. Sin embargo, uno tiene la posibilidad de tomar instantáneas como la que vemos a continuación, que recoge varios de los monumentos más significativos de la ciudad: la muralla, sus torreones, algunos edificios religiosos, culminando con el perfil de la Catedral al fondo, todo ello rodeado de un sol radiante. 


Tardamos aproximadamente dos horas en realizar el recorrido, y no pudimos completar los 1.400 metros accesibles... A pesar de ello, disfrutamos de una fría mañana navideña, buscando el sol mientras  llenábamos las tarjetas de nuestras cámaras de fotos de un material que continúo revisando con cariño. La descripción que os regalo de las murallas de Ávila es bastante genérica... Aún así, espero que os guste... Sobre todo a ti, mi fuente de inspiración.

domingo, 24 de junio de 2012

Catedral de Santa María (Segovia)

Hoy me viene a la cabeza la belleza de ciertos lugares que hemos visitado juntos... Sobre todo, recuerdo esa escapada de dos días que hicimos por el noroeste de España, pasando frío pero estando juntos, que era lo más importante. Ahora, no estás aquí para compartir estos recuerdos conmigo, pero tengo la esperanza de que, estés donde estés, pienses en todo lo que hemos vivido juntos y desees, tanto como yo, que pase pronto este tiempo y volvamos a compartir lo que más nos gusta... Visitar 'lugares con encanto.' Además, dado que, anteriormente, hemos hablado y descrito arquitectura, voy a seguir en la misma línea, contemplando la hermosura y la elegancia de la más conocida como 'la Dama de las Catedrales.' Ésta no podría ser otra que la Catedral de Santa María, ubicada en el casco histórico de Segovia, una de esas ciudades que derrochan encanto por sí solas. 


Nuestro primer contacto con la Catedral fue bien entrada la noche, en concreto, sobre las 23:00 del pasado 6 de Enero. Los niños se agolpaban en la plaza mayor, siguiendo los pasos de la cabalgata de los Reyes Magos, saltando y gritando sin pensar en el frío... Mientras, nosotros buscábamos un sitio para cenar algo rápido. He de decir que conservo vagos recuerdos por el cansancio, pero lo que sí tengo claro es que esta construcción me embriagó como si de un perfume se tratase... Era, simplemente, preciosa... Todavía puedo percibir la sensación que sentí ante el edificio gótico más grande que había tenido ante mí hasta la fecha.


De nombre completo Santa Iglesia Catedral de Nuestra Señora de la Asunción y de San Frutos de Segovia, y más conocida como la 'Dama de las Catedrales' por sus dimensiones y su elegancia, es una catedral construida entre los siglos XVI y XVIII, de estilo gótico con algunos rasgos renacentistas. La catedral de Segovia es una de las catedrales góticas más tardías de España y de Europa, erigida en pleno siglo XVI (1525-1577), cuando en la mayor parte de Europa ya se difundía la arquitectura renacentista.



Todos los detalles vistos desde la oscuridad de la noche eran muy diferentes a los contemplados a plena luz del día. La iluminación que rodea el edificio incidía en los rincones adecuados, jugando con las luces y las sombras, resaltando, cómo no, ese aspecto oscurantista del Siglo XVI cuya hermosura tiene un valor incalculable. Lo primero que pensé cuando la tuve delante fue su enorme parecido con la parisina Catedral de Notre Dame, ya no sólo por el aspecto de sus bóvedas arcos, sino por la enorme cantidad de gárgolas que rodean el edificio, trasladándonos a una época en la que sólo la fe en Dios podía salvar el mundo de maldad y dolor. 


Fue una experiencia emocionante y, a pesar de que el tiempo acompañaba (aunque las temperaturas estaban bajo cero no nevaba) no pudimos seguir con nuestro rodeo, y pospusimos la visita para el día siguiente, cuando nuestras despejadas mentes pudiesen valorar de verdad lo que teníamos delante de nosotros. 


Por la mañana hacía tanto frío que los acontecimientos se disipan en mi cabeza... Mi cuerpo no estaba acostumbrado a temperaturas tan bajas (es lo que tiene ser de la costa). Sin embargo, las fotografías me ayudan a ordenarlos, y a comprobar cómo, en apenas dos horas, visitamos el casco histórico de la ciudad, desde el Acueducto hasta los más remotos edificios religiosos, comenzando, cómo no, por la actual Catedral, construida entre 1525 y 1577 para sustituir el templo románico semidestruido en las guerras de las comunidades (año 516). Para su edificación fue necesario derribar más de cien casas, incluso el Convento de Santa Clara. Juan Gil de Hontañón sería el encargado de la edificación, finalizando los trabajos su hijo Rodrigo, tomando como modelo la Catedral de Salamanca y formando, ambas, ese estilo gótico tardío del siglo XVI con rasgos renacentistas.


El templo presenta planta de cruz latina, con tres navescrucero girola, a la que se abren capillas pentagonales. Las medidas son espectaculares ante nuestros ojos: 50 metros de anchura y 105 de longitud, elevándose sus bóvedas hasta los 33 metros. Entre los contrafuertes también encontramos capillas. El antiguo claustro románico se encuentra adosado a la nueva catedral, siendo trasladado piedra a piedra en 1524.



No pudimos evitar la tentación, y acabamos adentrándonos en sus muros... Además de buscar bonitos rincones, se hacía necesario resguardarse del frío o, al menos, del aire gélido que corría. La sensación que allí se siente no guarda parecido con ninguna otra: por un lado, el frío... Hacía tanto o más frío que en la calle, cosa que podemos achacar a los materiales de construcción. Por otro, la oscuridad... La luz apenas accede a través de las vidrieras y, dada su alta ubicación, se harían necesarias muchas más para suprimir ese efecto de tétrico y lóbrego tan característico de lo gótico. Destacaríamos, sin duda, sus hermosas ventanas, de complicada y fina tracería calada (cosa que puede verse tanto desde el interior como desde el exterior), así como la extraordinaria calidad de los numerosos vitrales, de numerosos y vivos colores, que consiguen unos llamativos juegos de color si los contemplamos con detenimiento. El interior, además, muestra una notable unidad de estilo (gótico tardío), excepto en la cúpula de 1630, y presenta un aspecto imponente y sobrio.




Sus impresionantes bóvedas góticas se elevan a 33 metros de altitud, lo que hace que, cuando uno alza la mirada, ésta se pierda en la inmensidad de tanta altura y belleza juntas en un mismo espacio. La imagen de ver esas bóvedas, unidas unas a otras, enlazando pasillos en forma circular nunca la voy a olvidar... La arquitectura de la época era, sin duda, más hermosa que cualquiera de las posteriores. Además, el crucero está cubierto con una cúpula finalizada por Pedro de Brizuela en el siglo XVII. La poderosa torre alcanza casi los 90 metros y, el actual chapitel de piedra que corona la torre, data de 1614, erigido luego de un gran incendio originado por una tormenta eléctrica. El chapitel original enteramente gótico construido de madera de caoba americana, de estructura piramidal alcanzaba la mayor altura de España.



Las capillas de la Catedral destacan también ya no sólo por su belleza, sino por su ornamentación: figuras talladas con expresiones de dolor, colores metalizados (dorados, preferentemente), combinados con esa sensación de oscuridad tan llamativa... Entre ellas destacan la del Santísimo Sancramento, con un magnífico retablo de José de Churriguera, así como las de San Andrés, con el tríptico flamenco del Descendimiento de Ambrosius Benson; y la del Descendimiento con extraordinario Cristo Yacente, de Gregorio Fernández. El retablo del altar mayor, obra de Francisco Sabatini, está dedicado a la Virgen de la Paz, mientras le adornan esculturas de los santos segovianos San Frutos, San Geroteo, San Valentín y Santa Engracia. El coro conserva los sitiales góticos de la antigua catedral y está flanqueado por dos grandes órganos barrocos, del siglo XVIII. 



Las fotografías no son de extrema calidad: de manera oficial, en los interiores de estos edificios no se pueden tomar fotografías debido a que el flash puede dañar los materiales de construcción. Las pocas con las que cuento están hechas sin flash, por lo que los detalles no pueden apreciarse con claridad...


De nuevo en el exterior, continuamos rodeando la edificación, esta vez fotografiando la parte trasera, cerrada al público... Posiblemente, se abra sólo para ocasiones importantes, como un matrimonio, y el resto del año permanecerá cerrada a cal y canto. Sin embargo, ello no nos impidió observar la escalinata de acceso, flaqueada por enormes figuras sobre columnas, todo ello rodeado por una reja muy llamativa, negra (cómo no), con unos motivos muy acertados.


Nuestra visita llegó hasta aquí... Hacía demasiado frío, todavía quedaba mucho por ver y no nos quedaba tiempo, pues esa misma noche teníamos que dormir en Elche... Y así fue. Conservo bonitos recuerdos de esa escapada... Si bien es cierto que comimos mal y dormimos peor, descubrimos maravillas como ésta... Te quiero. 

martes, 19 de junio de 2012

Estilo Ecléctico: Fincas 'El Pino' y 'San Clemente' (Alicante)


Hace unos días realizamos una visita un tanto diferente... Lo cierto es que la huerta alicantina esconde secretos muy bien guardados, relacionados sobre todo con el estilo de sus construcciones. A lo largo de los siglos se ha evolucionado notablemente ya no sólo en los materiales utilizados, sino en las formas, las ventanas o los tejados... Las viviendas han variado su estilo desde las torres de defensa (siglos  XVI y XVII) hasta las casas de labor (siglos XVII y XVIII), incluyendo las villas residenciales (siglos XVIII y XIX), distinguiendo entre ellas dos estilos claramente diferenciados: el neoclásico y el que hoy nos ocupa: el ecléctico. Es por ello por lo que nuestro 'Punto B' quedó fijado en la Finca El Pino, una de las pocas que continúan en pie a pesar del expolio y los derrumbes provocados por su abandono. 

Un poco de historia no vendría mal para situarnos... Lo cierto es que las casas de labor se mantuvieron incluso después del siglo XVIII, pero algunas se adaptan a los nuevos gustos residenciales propios del éxito económico de principios del XIX. Surge entonces otro tipo de viviendas, de nueva construcción o reformadas, con una forma más característicamente 'cúbica.' Son casas de verano, es decir, los propietarios suelen acudir para pasar las vacaciones de los meses más calurosos, quedando el cuidado permanente de la vivienda al cargo de unos caseros que residen en un alero de la planta baja.


Ubicada justo enfrente de la gasolinera de la Santa Faz y situada al final del camino de un vivero, flanqueado por palmeras y olivos moribundos, encontramos la solitaria Finca El Pino, sin duda una de las edificaciones más singulares de toda la desaparecida Huerta de Alicante. En principio, no tiene pérdida, pero como da un poco de 'cosa' acceder directamente por el camino, buscamos un camino anexo por el polígono industrial. Comentamos que fue levantada a finales del siglo XIX siguiendo el estilo ecléctico y presenta una planta de cruz griega, con uno de sus brazos ligeramente más corto que el resto, donde se sitúa la escalera. Las reformas de años posteriores trasladaron la cocina del sótano a un anexo levantado en la primera planta.

Por desgracia, no pudimos acceder, quedando pendiente una visita más exhaustiva en un futuro: unos 35 ó 40 jóvenes habían cruzado sus coches en el camino y se encontraban en el porche, sentados, armando jaleo y, tal cual puedo deducir, continuar degradando la propiedad privada. Es por ello por lo que contamos con unas escasas y patéticas fotografías de la fachada, pero os derivo al siguiente enlace, para que os vayáis haciendo una idea de lo que pretendíamos encontrar. 


Puestos a continuar nuestra ruta por la huerta alicantina, nuestra siguiente parada se realizó en la Finca San Clemente, ubicada en Vistahermosa (Alicante), junto a la entrada de la autovía (Salida 6 de la A-7 - Avda. de Denia). En esta ocasión, el acceso es mucho peor, puesto que se encuentra abandonada a su suerte en una completa confluencia de carreteras generales... Es por ello por lo que estacionamos el vehículo a la altura de la empresa de autobuses, a unos 60 metros, y continuamos el resto a pie. He de reconocer que la maleza ha alcanzado ya una altura considerable, e impide desenvolverse con normalidad por la encadenada senda que nos lleva hasta la misma puerta.


En general, este tipo de edificaciones constan de un sólo edificio, con bodega en el semisótano, y tres plantas. De estilo claramente eclecticista, podemos comprobar la enorme mezcla de estilos arquitectónicos en su desarrollo: nos hallamos ante lo que nunca fue considerado un estilo particular en sí mismo, sino un conjunto de rasgos tomados de diversas fuentes y estilos. Una gran variedad de influencias (principalmente de elementos de estilos diferentes históricos en la arquitectura, la pintura, y las artes gráficas y decorativas) caracterizan un estilo ecléctico más presente en nuestras tierras de lo que creemos. 



Una vez cruzado el sendero se alzaba ante nosotros la Finca San Clemente, de un tamaño monumental, y allí podemos comprobar lo que muchos dicen: nos recuerda a la famosa saga 'Psicosis'... ¿Y a quién no? Su ubicación, sus formas, la oscuridad que suscita... La maleza que la rodea, hace el resto: sus muros aparecen rodeados de arbustos y matorrales de gran tamaño, que cubren la mayoría de los accesos y un gran número de ventanas, dándole un aire oscuro y aterrador... De hecho, resulta imposible no imaginarse la época de bonanza de una edificación de estas características, metiéndose en la piel de un personaje de época, imaginando cómo sería adentrarse en su recibidor, subir y bajar por sus escaleras o descender a sus sótanos. 



La Finca San Clemente tiene claras influencias francesas que pueden distinguirse, perfectamente, en el remate de carpintería en cubiertas. Los tejados, aunque dañados considerablemente por el paso del tiempo, continúan siendo perceptibles al final de la tercera planta. Nos recuerdan, en este caso, a los caserones franceses de finales del siglo XIX, cuando los más pudientes podían permitirse el lujo de construir semejantes villas residenciales para, únicamente, pasar los veranos, mientras terceras personas se hacían cargo del cuidado de sus jardines y la limpieza de la misma en el resto del año. Destacamos, a su vez, la torreta superior, también muy francesa, con la única finalidad de iluminar el hueco de la escalera y que la tercera planta no fuese tan oscura como en el estilo neoclásico. 



La planta de la construcción sigue siendo la misma que en la Finca el Pino, pero con una notable diferencia: aunque nos hallamos ante una cruz griega, los cuatro brazos son de igual tamaño, lo que nos lleva a suponer que no hubieron reformas posteriores a su construcción. La coloración de la fachada, en tonos marrones, no ha perdido su tonalidad a pesar de las humedades... De hecho, el filtro sepia de la cámara resalta las luces y las sombras y da lugar a maravillas como la que os presento más abajo... Todos los contornos se ven mejorados por el efecto, teniendo en cuenta el importante papel que juegan los cielos nublados o el hecho de que estuviese atardeciendo. El ramaje ubicado a la izquierda hace que nos recuerde a la típica escena de cine de terror de los '80, creando una sombra sobre el balcón que nos eriza la piel.



Destacaremos algunos aspectos más... En la parte delantera podemos encontrar una caseta para perros, de construcción mucho más reciente, por el estado de los ladrillos y del cemento utilizado. También destacar el estado de la carpintería de puertas y ventanas, la cual debía ser de una calidad considerable... A pesar del paso de los años y de que algunas piezas ya se han destruido, las que van quedando se conservan lo suficientemente intactas para ser percibidas por el objetivo de nuestra cámara. El color cerezo, además, combina perfectamente con el color de las fachadas, convirtiendo la casa en el escenario perfecto para el rodaje de películas de terror o de época. De hecho, podría reconocer que se respira el mismo ambiente que en la Colonia de Santa Eulalia, sobre todo en los edificios de carácter genérico.  


Este tipo de casas se pueden encontrar a lo largo de la línea que en parte también seguirá el tranvía, especialmente entre Santa Faz–San Juan (Finca Clavería -desaparecida-, Finca San ClementeFinca Abril Finca Marco). Además, destacar que también se buscan promontorios elevados, ya que favorece la panorámica (Finca El Pino, junto a Finca RuaiaFinca Alcaraz, etc.). En San Juan se encuentra la Finca Manzaneta, frente a Finca La Concepción.

No pudimos acceder a su interior, pues está cerrada a cal y canto en todos sus accesos... Entendemos que, aunque abandonada, sus propietarios o herederos no la tienen olvidada, sin contar a los vecinos que de los alrededores, siempre pendientes a posibles vándalos (cosa que entiendo).


Cuando vuelvas, nos queda pendiente un segundo recorrido por la Huerta de Alicante, a la espera de encontrar joyas como ésta y de poder fotografiarlas. Te esperaré...