jueves, 31 de mayo de 2012

Antiguo Teatro Cervantes (Colonia Santa Eulalia, entre Sax y Villena, Alicante)

Hace casi un año de aquello, pero todavía lo recuerdo como si fuese ese mismo día... En Julio del pasado año decidimos hacer una visita 'en profundidad' por la Colonia de Santa Eulalia, entre Sax y Villena. De hecho, todavía recordaréis la entrada en el Blog con las mejores fotografías que pudimos tomar esa mañana, la cual dedicamos expresamente a disfrutar de sus edificaciones. Sin embargo, las más valoradas como patrimonio histórico se encontraban cerradas a cal y canto... ¿Por qué? Seguramente para evitar que las personas que no sean capaces de tener en cuenta su valor las destrocen como reivindicación de alguna petición relacionada con la situación económica. A pesar de la desilusión, realizamos visitas superficiales a las plazas, la Fábrica de Harinas 'El Carmen', la ermita, el Teatro Cervantes o el Palacio de los Condes se alzaban ante la ilusión de nuestras cámaras, que se comportaban como si fuese la primera vez que se encontraban ante unas maravillas tales. 

Nos quedamos con unas ganas tremendas de acceder a algunas edificaciones... Entre ellas, el Teatro Cervantes o el Palacio de los Condes; y esas ganas nos han acompañado durante todo este tiempo. Hace unas semanas llegó a nuestros oídos que un grupo de aficionados había conseguido cruzar sus portales, así que no dudamos en seguir sus pasos: la Colonia de Santa Eulalia nos esperaba, y esta vez para tomar las mejores fotografías que jamás hubiésemos imaginado. De modo que el pasado sábado fue el gran día... Cargados con agua suficiente tomamos dirección Sax por la A-31, para acabar estacionando justo en la puerta más próxima a la taquilla del Teatro Cervantes, en el ala oeste, bajo la higuera que ahora ocupa el espacio. 

Un poquito de historia no vendría mal, por lo que conviene apuntar que se trata de una construcción de finales del siglo XIX, al igual que el resto de edificios, y posiblemente se abandonase antes de la década de 1940. De todos modos, y aunque se muestre derruido en parte, muchos de sus detalles siguen conservándose para nuestro deleite. Ya lo estuvimos comentando, pero es el típico edificio de planta cuadrada, estructurado a la italiana, con un amplio escenario de embocadura en concha, adornado con vistosas molduras y dos accesos a bambalinas en ambos lados. Sobre él se levantaba la caja, a fin de mejorar las acústica y colocar la maquinaria de la tramoya. Contaba, además, con un acceso principal orientado al este (sobre el cual está la única ventana) y una puerta lateral en el muro oeste, al lado de la cual se sitúa la taquilla.

Antes de intentar colarnos en su interior, dimos lo que llamamos una 'vuelta de reconocimiento', con el único fin de conocer un poco el percal y comprobar los posibles accesos, evitando riesgos innecesarios. Lo cierto es que ambas puertas permanecen cerradas y encadenadas, por lo que esa opción estaba eliminada antes de empezar. Supongo que hubiese sido demasiado fácil acceder por una de sus puertas, por lo que nuestra segunda alternativa estaba más que clara: la zona de bambalinas. 


La maleza dificulta con creces claramente el acceso a la parte trasera del teatro: la cantidad de arbustos y matorrales, con los consiguientes daños, implicaron una pérdida de tiempo considerable, pero finalmente lo conseguimos: estábamos sobre el escenario, observando las poleas que alzaban el telón hace más de un siglo, descendiendo por las escaleras de la zona de camerinos. Por desgracia, ahora es sólo un descampado: el acceso por esta vía aparece tapiado con bloques de hormigón que llegan más alto que cualquier persona bien crecida, cubriendo el resto con alambrada de metal oxidada. Los accesos por bambalinas también están sellados, pues por lo visto, muchos han sido los que ya han intentado acceder. Ahora, desembocan directamente en el exterior. 

Sólo quedaba un hueco en la alambrada y, aunque no accedimos al interior (peligro de arañazos infectados a la vista), sí contemplamos su interior con todo detalle, subidos a un par de bloques de hormigón. Pudimos así comprobar que fue un teatro construido concienzudamente... ¡Quién iba a decir que en un lugar tan apartado podía albergarse un tesoro como éste! Una verdadera joya de valor incalculable para los aficionados... Alrededor de la platea se levanta el palco y, en el centro de éste, coincidiendo con el vano de la única ventana, se sitúa el coro, donde se ubicaba la orquesta. En los muros norte y sur, a la altura de los palcos, se sitúan 16 vasos acústicos (8 por flanco), que servían para mejorar la acústica y evitar el rebote de sonido y ecos. Con todo ello, lo que sí tenemos claro es que la colonia, en su día, fue un lugar muy próspero, esplendoroso, con una economía sostenida por su propia producción. 


Tal y como vemos en las fotografías, la cubierta del patio de butacas se conserva relativamente intacta, y tengo la certeza de que muchos han conseguido caminar sobre ella a pesar de los crujidos del suelo. Comprobamos que está formada por vigas de madera y una estructura metálica en rojo y beige que recuerdan al andén de una estación de ferrocarril novecentista (¿imitaría la antigua estación de ferrocarril que albergaba la colonia?), mientras que la cubierta del escenario y toda la maquinaria de la escena se han perdido, por desgracia, con el paso de los años. Sin embargo, aún podemos divisar parte de su decoración, donde delicados detalles como patas de dragón o máscaras talladas todavía albergan un lugar en este teatro.

 

La decoración interior es verdaderamente exquisita: lo cierto es que las únicas pintadas son las que adornan cada una de sus paredes. Si aplicamos el zoom a nuestra Casio (nada del otro mundo) podemos comprobar como, a lo largo y ancho, se representan una serie de escenas cotidianas que nos trasladan a hace más de 100 años, cuando brillaba con fulgor. Si cerramos los ojos, podemos trasladarnos a una época donde los nobles, las fiestas, los jardines y las leyendas urbanas se concentraban en los palcos, entrando y saliendo, comprando sus localidades o aplaudiendo a los artistas que se hallarían donde en ese momento estábamos pisando nosotros, un siglo más tarde.


Nuestra observancia no había acabado: los retratos de cinco personajes ilustres se extendían por su interior tanto como los nidos de golondrinas.  En el centro, sobre el coro, se halla el retrato de Miguel de Cervantes, quien da el nombre al teatro y, en los laterales, se encuentran los de Manuel Linares Rivas, Jacinto Benavente, Ruperto Chapí y otro artista no identificado (el inexorable paso del tiempo no nos deja conocerle). Sus bustos continúan ahí, mirando de frente a todo aquel curioso que tome la iniciativa de acercarse hasta allí, simplemente por contemplar su pequeña 'habitación', donde llevan más de 70 años durmiendo.

Las molduras y una preciosa cenefa floral de lo más colorida rodean el recinto. Además, los frescos de paisajes representan, entre otros, la plaza principal de la Colonia de Santa Eulalia, la Fábrica de Alcoholes La Unión, el Palacio de los Condes, un Almacén, el lago artificial construido en las cercanías del Vinalopó y un tren de vapor llegando a la Estación de Ferrocarril de la Colonia. No tengo palabras para describir cada una de las sensaciones que, desde ese lugar, pueden sentirse... Uno acaba preguntándose, una y otra vez, cuántas habrán sido las personas que han pasado por allí... Cuántas las huellas que habrán dejado... Cuántas las parejas de enamorados que han paseado su amor... Cuántas lágrimas se habrán derramado o risas habrán provocado eco. 

Un lugar maravilloso... De visita recomendada... No sabéis cuánto me gustaría que se recuperase, aunque es imposible... Sólo Dios sabe cuánto tiempo más podrá mantenerse en pie por sí solo o cuánto tardarán los vándalos en descubrirlo para arruinarlo. 

lunes, 28 de mayo de 2012

Antigua Fábrica de Óxidos Sintéticos (Redován, Alicante)

Una primera idea nos rondaba por la cabeza el pasado sábado... Indagando por la web, descubrí una serie de pueblos abandonados por la Vega Baja que, en principio, iban a ser nuestro destino. El recorrido no era complicado: entre Autovías y Nacionales recorrimos una distancia considerable mientras pasamos por San IsidroAlbateraCatralCallosa del Segura o La Murada en busca de algo que no encontramos o que, más bien, de abandonado tenía bien poco: Casicas El Raiguero, aunque poco habitados, de abandonados tenían poco, con la consiguiente desilusión que nos provocaba el hecho de haber llegado hasta allí para nada. Sin embargo, a pesar de que digan lo contrario, la vida está hecha de casualidades... ¡O no! Puede ser que esta casualidad la buscáramos... 


Con el paso de las horas y esa decepción de caballo, hicimos una pequeña parada a las afueras de Redován, muy cerca de Orihuela: algo nos había llamado la atención. ¿Qué eran aquellas ruinas repletas de óxido y de graffitis? ¿Una antigua Fábrica abandonada que la gente utiliza como vertedero municipal?  Verdaderamente indignante, pero tampoco estábamos equivocados: ante nosotros se alzaban los cimientos (o lo que quedaba de ellos) de lo que, en su día, había sido una fábrica de la cual no había nada que pudiera indicarnos cuál era su producción.


¿Una cosa muy llamativa? La enorme cobertura de óxido en suelo, paredes y restos de tejado, los cuales ya eran prácticamente inexistentes por la acción de los fenómenos meteorológicos (sobre todo, el viento): la mayor parte del espacio estaba cubierto por los restos del mismo además de multitud de basuras y residuos que dificultan el acceso a algunas zonas. Sin embargo, ello no nos impidió seguir indagando a qué podía ser debida esa coloración anaranjada que, incluso, se respiraba en el ambiente.



Las zonas más aisladas eran, posiblemente, las más limpias... Aún conservaban parte el tejado, pero nada de maquinaria podía revelarnos el destino de lo que allí se realizaba. Los rayos de sol se colaban por los huecos de la uralita, jugando con la luz y dándole a la tarde un bonito aspecto veraniego. El lugar en sí parece decirnos que lleva abandonado demasiado tiempo como para acordarse de cuál fue la actividad para la que fue construido... Ahora, sólo queda su esqueleto... El suyo y el del lugar que lo abastecía de electricidad para que su funcionamiento fuese óptimo.


Ahora, si nos adentramos en esas pequeñas casetas, lo que podemos encontrar son unos interiores totalmente derruidos, ya no sólo por el paso del tiempo sino por el vandalismo que allí ha podido cometerse... El hedor a humedad y otras sustancias invadía la estancia, la cual no tardamos en abandonar... Apenas quedaban unos tabiques derruidos y demasiada suciedad que era un poco insoportable: ahora, nuestro interés ahora tenía una nueva dirección.

De camino al coche, mientras cruzábamos la carretera, un pequeño edificio se levantaba tras la ya crecida maleza. Nos encontrábamos ante un Laboratorio, donde al parecer que se obtenían los compuestos químicos de los que luego se abastecía la fábrica en la que acabábamos de estar.



Conforme nos vamos acercando al mismo, podemos comprobar como el suelo ha cedido notablemente, dejando a entrever una especie de Sótanos para los que no localizamos, por desgracia, ningún acceso. Sin embargo, a escasos metros de la entrada, los altos matorrales escondían una especie de Montacargas que comunicaba tierra firme con esa muy escondida parte subterránea... No quedaba demasiado de él, pues la construcción, aunque muy llamativa, ha sido derrumbada casi por completo. Si nos asomamos, podemos comprobar cómo, de algún modo, podía accederse a esa zona tan cotizada por los curiosos, ahora restringida y muy inestable. Sólo nos quedaba caminar con sumo cuidado, evitando que el suelo pudiese desprenderse bajo nuestros pies mientras intentábamos acceder al laboratorio.


Las escaleras de acceso al mismo aparecen, además de oxidadas, totalmente destrozadas... El suelo sobre el que se asientan, además, era altamente inestable, por lo que había que pisar con sumo cuidado. Del lugar en sí, decir que su aspecto era desolador: mesas, compuestos, libros de química de los '80 por los suelos... A la derecha de la estancia, el techo había caído y entraba la luz del sol, que remarcaba la coloración anaranjada  de sus paredes... A la izquierda, enormes mesas esperando combinaciones químicas en sus probetas... Un completo peligro al alcance de cualquiera.



El suelo aparecía completamente lleno de agujeros y, en cualquier momento, podías encontrar como tu pie cedía bajo un viejo libro abandonado a su suerte. Los ventanales ya no existían, pues habían sido apedreados, y seguramente este lugar había sido preferido por bandas para pasar un rato 'agradable' una noche cualquiera de sábado. Podríamos, sin duda, afirmar que la construcción data de los años '60 ó '70, ya no por su estado, sino por el cálculo estimado de la actividad económica que pudo llevar hasta los años '80, de cuando vienen fechados la mayoría de los libros.

Una vez habiendo descendido del Laboratorio, nos dirigimos a una llamativa construcción contigua: las Oficinas de este 'negocio.' La construcción tuvo lugar más o menos en la misma época, y por su aspecto, podríamos decir que, al igual que el Laboratorio, lleva abandonada mucho menos tiempo que la Fábrica, de la que ya no quedan ni los cimientos.



Como la puerta de entrada está abierta, no dudamos en cruzar el umbral... Eso sí, teniendo precaución con las ramas espinadas de la enredadera que cubre todo el porche delantero, las cuales se adentran hasta el interior. Una vez dentro, se alza ante nosotros una especie de Entrada de donde no quedan ni las lamparas... Todo el material ha sido saqueado y, por no haber, no hay ni ventanal... Por lo visto, al fondo de la estancia, toda ella decorada como si de un patio andaluz se tratase, había una caja fuerte, de la que tan sólo queda el hueco.


Si nos adentramos un poco más, la decoración con azulejos azules y blancos continúa hasta donde nos alcanza la vista, precediendo estancias repletas de escombros y sacos llenos de lo que parece ser que allí se fabricaba y comercializaba: óxidos sintéticos. Mientras, unas Escaleras que todavía se tienen en pie nos invitan a subir a una segunda planta, a la vez que pisamos cientos de cheques bancarios y demás documentación importante que parece haber sido olvidada por completo cuando la empresa se decidió a echar el cierre. Aunque un poco inestables, las escaleras, en principio, aguantaban perfectamente el peso de dos personas... Eso sí, siempre subiendo pegado a la pared, para evitar accidentes.


Una vez arriba, la cantidad de estancias era incontable. La mayoría de ellas albergaba documentación importante que había sido revuelta con ganas por parte de los curiosos, mientas las estanterías yacían sobre ellas, caídas y destrozadas: escrituras de compra-venta, datos contables y disquetes de 5 1/4 se hacen compañía entre sí con el típico teléfono de oficina, de enormes y numerosas teclas, mientras un colchón descansa sobre ellos, sin entender si quiera qué narices hace ahí.



La zona quizá más interesante la constituye una especie de Almacén de compuestos químicos, que ocupa múltiples estancias a las que se accede de una forma casi laberíntica. Será por la curiosidad que suscita o por la sensación de peligro ante lo que se está observando, pero nuestra cámara no podía dejar de fotografiar unas estanterías repletas de pequeños tarros con lo que cualquier niño denominaría 'polvos de colores.' Y es que, de eso se trataba: las baldas amontonan decenas o cientos de botes de plástico numerados y codificados, cada uno de ellos con una sustancia diferente y que, como ya he reiterado previamente, podría resultar muy peligroso dejar abandonado al libre albedrío. Las paredes aparecen literalmente oxidadas, con la suciedad propia del paso del tiempo y de los sacos que allí se almacenan.



Si dejamos atrás la enorme cantidad de residuos y nos movemos un poco más, podemos llegar al área de Despachos o, al menos, lo que se puede deducir. No es se conserve un mobiliario intacto ni se puedan hacer grandes deducciones, pero por la mesa de escritorio que allí yace, podemos concluir que pudiese tratarse del despacho del jefe. Además, el suelo es diferente y, además de ser la zona que mejores vistas nos regala (un ventana con balcón propio en la zona central de la segunda planta), posee un cuarto de baño propio, con unos azulejos nada despreciables pero que ya ha sido por completo destrozado.



No había mucho más por ver, por lo que sólo nos quedaba retroceder todo lo caminado y volver al exterior, a respirar aire puro nuevamente, dejando atrás el hedor a compuestos químicos y paso de los años. Sin embargo, y desde la parte más ubicada al oriente de la construcción, éramos capaces de distinguir unas pequeñas Casetas, por lo que no dudamos en acercarnos, con la esperanza de que se tratase del acceso a los Sótanos que teníamos pendiente visitar. Sin embargo, y a pesar de que no conseguimos, el vistazo valió la pena:


Lo más probable es que nos encontrásemos en el interior de unos Hornos, de los cuáles no entendimos su finalidad... ¿Cuál podría ser? Ni idea, pero paredes y techos aparecen carbonizados sobre ese tono naranja arcilloso que caracteriza la mayoría de lo visitado esa tarde. En un principio, pensamos que podía tratarse de alguna broma de juventud, quienes podrían haber prendido fuego a la zona, pero resulta imposible por la dirección de las llamas o el área en el que aparecen (no se trata de perímetros marcados, sino de todo el espacio).


Hasta aquí llego nuestra visita, puesto que no conseguimos acceder a las 'catacumbas.' Para los amantes de los lugares abandonados, puede resultar interesante... Sólo una recomendación: llevad siempre a mano un par de guantes de látex, pues nunca sabéis cuándo vais a necesitarlos. 

miércoles, 23 de mayo de 2012

Antiguo Hotel-Spa 'Villa de Catral' (Catral, Alicante)

Hace unos meses descubrimos un lugar que había sido abandonado recientemente... Hicimos un recorrido corto, por miedo a ser descubiertos, y tomamos unas cuantas fotografías, viendo el estado tan deplorable en el que estaba quedando gracias al vandalismo. Supongo que mi nivel de indignación fue tan alto que almacené las fotografías en una carpeta y las olvidé por completo... Sin embargo, ayer, echando un vistazo a la Hemeroteca de un diario local, aparecían un par de noticias del Hotel-Spa Villa de Catral, y entonces fue cuando recordé que había estado allí... ¡Qué cosas! Me repetí una y mil veces a mí misma por qué no lo visité antes, cuando todo el material todavía se encontraba en perfectas condiciones, al alcance de mis fotografías, y no cuando se ha convertido en una pocilga, vertedero municipal y continuo foco de robos con fuerza de los objetos que se puedan vender. 

Una vez atravesamos la puerta de entrada principal, comprobamos que lo que una vez fueron puertas automáticas de cristal con una serigrafía más propia de los hoteles de las películas, ahora sólo eran vidrios destrozados en un suelo que es necesario pisar para poder llegar a la Recepción. Allí, el paisaje era desolador: las pintadas cubren todo el espacio posible, los techos han sido totalmente arrancados para hurtar el material eléctrico y poco queda del mobiliario, que se encuentra en derredor, por los suelos, destrozado entre vidrios y materiales varios. 


El Hotel-Spa Villa de Catral está ubicado en un enclave perfecto, en la Vega Baja alicantina (Catral), en una zona que goza de una situación privilegiada en la provincia de Alicante, a 45 km tanto de Alicante como de Murcia. Perfectamente comunicado tanto con la Autovía como con el centro del pueblo, contaba con un total de 66 habitaciones: 65 dobles, 2 adaptadas y una suite, todo ello por no hablar de su piscina descubierta, su terraza de verano, sus jardines o el propio Spa, que contaba con una serie de servicios para los clientes más selectos. 

Sin embargo, ya no estamos hablando del lujoso hotel de cuatro estrellas que, hasta hace escasos 3 años gozaba de una clientela fija y adinerada: desde que sus 30 trabajadores decidieron echar el cierre por la falta de suministros de todo tipo y por no percibir sus salarios, este lugar ha sido un completo foco de robos y pillajes, favorecidos ya no sólo por su ubicación recóndita en un polígono industrial donde el acceso se logra por caminos de poca monta, sino  por el alto degrade que sufren sus instalaciones gracias a los actos rebeldes de la juventud, que lo han transformado en un edificio ruinoso que ya ha pasado a manos del Ayuntamiento para su posible subasta. Hasta ese momento, seremos telespectadores de cómo un lugar tan valorado se transforma en un foco de basuras, daños y falta de materiales. 

Para empezar, es imposible acceder a la zona del Spa, ubicada en los sótanos. Si bien es cierto que podemos observarlo desde el exterior debido a la falta de cristales (todos ellos han sido destrozados), este mismo hecho ha provocado una inundación de la zona debido a las recientes lluvias... Es por ello por lo que el nivel del agua asciende demasiado alto como para que cualquier curioso esté dispuesto a nadar para descubrir la Piscina Lúdica, la Sauna Finlandesa, la Ducha de Sensaciones o el Jacuzzi. De todos modos, tanto desde el exterior como por el hueco de la escalera pueden contemplarse los restos junto con mesas y sillas varias, alguna de ellas de cristal templado. 


No quisimos tomar riesgos innecesarios, por lo que seguimos nuestra expedición por el interior del mismo... Cables que conducían electricidad se balanceaban sobre los enormes charcos presentes en la Recepción ante nuestros atónitos ojos, mientras nuestros pies continuaban pisando cientos de vidrios ínfimos procedentes de los cristales. El bonito suelo de mármol y sus paredes pintadas en verde ya no transmiten tranquilidad: cualquier peligro puede acecharte si cruzas el umbral, y eso lo tuvimos claro desde el principio. A pesar de ello, trajimos, para recordar nuestra visita, alguna tarjeta de visita abandonada a su suerte o alguna carta de menús del restaurante, que aparecían a montones en los rincones de la zona. 


Puesto que el acceso a los sótanos era totalmente imposible, no dudamos en ascender a la Primera Planta utilizando las escaleras. Fue necesario cuidar por dónde pisábamos, pues el hueco del ascensor estaba más que presente a la puerta del acceso a las habitaciones... La máquina en cuestión ya no estaba allí... En su lugar, una puerta de habitación cubre el hueco para evitar defenestraciones... Por lo menos, el que hizo desaparecer el ascensor pensó en los futuros visitantes.

El interior del pasillo que conduce a las habitaciones está totalmente calcinado debido a un incendio que se produjo hace unos 7 meses y cuyas causas nunca se determinaron. La mayoría de los techos se vieron desprendidos por las llamas, y el estado de las instalaciones en general es deplorable... La mayor parte de mobiliario impide el acceso a las habitaciones y, si uno se digna a entrar en ellas, podrá comprobar que todo ha sido desvalijado: desde las puertas de armarios hasta los saneamientos e, incluso, el suelo melaminado que cubría  todas las instalaciones ha ido y continúa despareciendo pese a la vigilancia por parte de la Policía Local. Es lamentable ver cómo los colchones han sido destrozados, sustraídos u orinados, ya sea en una habitación doble o en la adaptada a personas con discapacidad. Parece ser que los conductos de ventilación del hotel consiguieron propagar las llamas, que, a su vez, avanzaron con gran velocidad atacando sobre todo la segunda planta, nuestro siguiente destino.

Mientras ascendemos, volvemos a comprobar la ausencia de cristales en ventanales sin ninguna protección, lo que podría provocar cualquier accidente en menos de nada. El estado de la Segunda Planta, además de lo peligroso del hueco del ascensor, es mucho más patético que el de la anterior: el fuego lo ha devastado todo y, a pesar de que los techos se han desprendido, no hay posibilidad de derrumbe... Sin embargo, yo no estaría tan segura. Nuestra curiosidad nos llevó a investigar el interior de una habitación cualquiera... Ésta todavía conservaba su baño y el cabezal de la cama, con las mesitas aplicadas. El mobiliario, todo en color wengé, era un símbolo de distinción y una seña de identidad en este hotel, uno de los más lujosos de la zona (4 estrellas). Los enchufes ya no estaban, pero las puertas de los armarios empotrados todavía seguían sobre las guías... Además, si se abrían, todavía en su interior estaba la típica caja fuerte además de las tasas de la lavandería, bajo algunas olvidadas perchas. 


Sólo quedaba un destino... Y, si bien es cierto que el acceso se complicaba, no podíamos dejar la visita a medias llegados a ese punto. Además, la Tercera y última Planta es la que más secretos alberga. Una vez allí, lo que teníamos delante era tan genial como desolador: la única Suite del hotel, con una iluminación estratégica y con todo en perfecto equilibrio, actualmente se encuentra destrozada. La pintura de las paredes, en tono rosa palo (seguramente para asociarlo a las parejas de enamorados), aparece ya descolorida y poco se puede apreciar de ella... El mobiliario está destrozado alrededor y del baño, de un tamaño más que considerable, no queda nada. 


La luz de la mañana se colaba, tímida, por los pequeños ventanales del tejado de la Suite, que al fin y al cabo tiene forma de buhardilla americana... Además, para tener más en cuenta la calidad de lo allí empleado podríamos mencionar el hecho de que tuviese una maqueta del propio hotel... Apenas quedan unos cuantos edificios y, el resto, se encuentra tirado por la habitación, pero es en ese momento cuando uno se da cuenta de la enorme cantidad de personas que habrá pasado por sus habitaciones. 

La Suite, como todas, poseía una Terraza... O lo que queda de ella. Podemos comprobar que, incluso, se ha levantado un muro, seguramente para impedir el paso al otro lado por el estado ruinoso. Allí arriba, además de destrozos varios, podemos encontrar la documentación de todas aquellas personas que pasaron por este lugar... Muchos de los datos se perderían con el incendio, pero el resto siguen ahí, con la tinta de los folios perdiéndose por los efectos del agua y el sol. 


Una vez arriba, tan sólo quedaba descender para volver a ver la luz del sol desde fuera...  Evitando, por supuesto, los peligros nuevamente. En nuestro descenso por las escaleras de la cara opuesta, seguimos viendo la inundación y el vertedero en el que se ha convertido lo que en su día configuró uno de los Spa más famosos de la provincia.  


Ya de nuevo en la Recepción, procedemos a despedirnos del lugar... Allí encontramos a un grupo elevado  de 'artistas urbanos' que se disponían a continuar coloreando las pocas paredes que allí quedaban sin ensuciar con sus firmas, quienes nos recomendaban tener cuidado con la gente que podría esconderse en las partes más altas. Continuamos caminando por encima de cristales y restos de espejos para llegar hasta el exterior atravesando lo que posiblemente fuere el Restaurante o la Sala de Congresos... Para los que les interese saberlo, no queda mobiliario... Ni una miserable silla, apenas la soledad.  

No tengo claro si recomendaros una visita... Tampoco sé por qué el Ayuntamiento no se ha planteado la recuperación de un hotel con tantas posibilidades como el Villa de Catral. Ahora sólo queda de él la ruina en lo que se ha convertido.