martes, 27 de marzo de 2012

Colonia Santa Eulalia

Amanece el día soleado... Fin de semana... Festivo... ¿Qué mejor forma que aprovecharlo que poniendo rumbo a algún lugar recóndito? La vida es muy corta como para desaprovecharla en tonterías... Nuestra siguiente visita se dirige al centro de la provincia, en concreto, a La Colonia Santa Eulalia,  pedanía cuya construcción se inició a finales del siglo XIX a raíz de la ley de colonias de 1868 dentro del marco del socialismo utópico (para los apasionados de la historia). Desgraciadamente, en la actualidad se encuentra semiabandonada, y con gran parte de sus edificios en avanzado estado de deterioro como consecuencia del paso de los años. Sin embargo, una productora valenciana la eligió como plató de exteriores para la popular serie de Canal9 'L'Alqueria Blanca', hecho que ha dado un importante impulso turístico y que ha favorecido que muchos curiosos nos acerquemos hasta las inmediaciones atraídos por la multiplicidad de historias de fantasmas que se cuentan de allí. 

La pedanía no tiene pérdida: la Avenida de Margot llega a su fin a la altura del Teatro Cervantes, donde decidimos estacionar y continuar nuestra 'investigación' a pie. 

En el portón principal del teatro, unos residentes me dieron los buenos días, supongo que altamente extrañados de recibir visitas. Es en ese momento cuando uno se pregunta si aquello no estaba semiabandonado, pero el pensamiento pasa pronto... Tras regalarles la mejor sonrisa, podemos alzar la vista y comprobar lo que se levantaba ante nuestros ojos: cerrado y a punto de derrumbarse se encuentra el Teatro Cervantes, aparentemente pequeño pero con unas dimensiones nada desconsiderables gracias a las vistas que se pueden disfrutar desde una de sus taquillas. 

Nos hallamos ante un teatro a la italiana, de planta cuadrada, con su patio de butacas y palco. Desgraciadamente, la escena está completamente derruida, y el acceso está sellado por diversas vallas, mientras la maleza ya ha adquirido una altura importante. Sin embargo, gran parte de la decoración interior, compuesta por frescos que muestran personajes ilustres, vistas de la Colonia, molduras y una cenefa central se pueden ver casi intactas gracias a los pequeños ventanales por los que todavía incide la luz. Echo de menos no haber conseguido entrar, ni siquiera por el bajoteatro, tapado con restos de 'botellón' de un fin de semana cualquiera... Las fotografías hablan por sí solas:


Tras rodear una serie de bodegas, almacenes y almazaras (incluso algunas casas de trabajadores) cuyo estado también está bastante acabado, se alza ante nosotros, serio y prepotente, un edificio de tres plantas bautizado como Fábrica de Harinas 'El Carmen.' A pesar de todo, su fachada exterior se encuentra bastante intacta, sin pintadas que degraden el patrimonio. Compuesto por una nave central y dos laterales anexas, la historia nos cuenta que, en la primera, se elaboraba la harina, y las laterales estaban destinadas a almacén de trigo y casa del molinero. Su fachada alterna los colores blanco del encalado y el rojo granate del ladrillo macizo, con una decoración en los alféizares propia de un estilo muy americano. 


Tampoco podemos acceder a la Fábrica de Harinas, aunque sí contemplar su interior derruido desde uno de los ventanales... Podemos comprobar, incluso, que hay precinto policial que ha sobrevolado hasta las viviendas ubicadas justo enfrente, perfectamente habitadas, por los vehículos aparcados a la entrada. Lo que sí podemos hacer es dar un rodeo por una de sus estrechas calles y comprobar cómo, en su parte trasera, la fábrica se alza todavía más imperante... Me pregunto cómo se verá de noche, con luna llena... ¿Qué sensación nos dará? Encontramos, bajo un árbol, un Citroën 2 CV abandonado a su suerte... Seguramente su propietario lo guardaba celosamente hasta fallecer, pues aparece cubierto con diversas lonas. 


Nos acercamos a la Plaza Principal, pasando por el Casino y el Economato... Allí, unos ancianos disfrutan del sol alegremente, mientras se dedican a observar a los desconocidos. Allí se alza, cerrada, la Ermita de Santa Eulalia, de construcción sencilla, nada llamativa, en tonalidades amarillo y blanco y que se terminó el 24 de Febrero de 1891, dado que la original databa de 1609 y ya amenazaba ruina pese a las reformas. Se trata de una edificación de planta rectangular y cubierta a dos aguas que se apoya en contrafuertes laterales. La cobertura interior es de bóveda de cañón con arcos fajones y en la fachada se alza una espadaña con campana, aunque el interior no hubo posibilidad de verlo, puesto que tiene el día de misa predeterminado. 


Fue necesario saltar el precintado de la Plaza Principal para acercarse al resto de edificios, pues se encuentra totalmente en reformas. Formando un ángulo de 180º, se hallan dos edificios más en ese rincón: el primero de ellos, el Palacio de los Condes (1898). Con un estilo combinado que va desde el modernismo hasta la arquitectura industrial de la época, se alza uno de los edificios mejor conservados de la colonia. En la fachada principal se encuentra el principal elemento decorativo: un relieve inscrito en un fronto semicircular en el que hay esculpidas alegorías de la agricultura y la industria separadas por un ángel con las alas extendidas, una decoración tremenda a la que sumamos las cuidadas cornisas o las rejas de los balcones, que proyectan unas sombras espectaculares cuando cae el ocaso. En la fachada también se hallan las armas del conde. 


En su interior, aunque no pudimos verlo, existen 12 habitaciones, patio central, salón, despacho y biblioteca. Está rodeado de jardines con motivos Sezession y esculturas de estilo clásico, y si nos dirigimos a la izquierda del edificio, tras las vallas vemos algo que nos deja atónitos: entre la maleza, que nos muestra el alto grado del descuide, la fachada conserva una serie de figuras talladas que logran abrir los ojos como platos, puesto que quizá nos hallemos ante la parte mejor conservada. 

A la derecha del palacio, se alza un edificio de gran altura con una inscripción que todavía puede distinguirse sobre la puerta principal: Fábrica de Alcoholes 'La Unión.' Aunque está totalmente cerrada por el riesgo de desplomes, una de sus ventanas ha sido derruida y, con un poco de esfuerzo, se puede acceder al interior, convertido en basurero. El edificio se encuentra adosado a la bodega y con una característica chimenea cuadrangular. En ella se destiló el coñac Santa Eulalia hasta 1936, cuando la colonia ya estaba en plena decadencia.

Poco más nos queda para ver en La Colonia de Santa Eulalia, un lugar donde el paso del tiempo ha hecho una mella considerable. La sensación fantasmal de la que muchos hablan no resulta del todo llamativa, aunque los lugares en cuestión son apasionantes... Por  desgracia, no es posible acceder ya a ninguno de ellos por el peligro que suscitan, pero las fachadas se alzan imperantes ante nuestros ojos una vez nos hallamos delante.

Os invito, por tanto, a echar una mañana visitando este lugar... Es precioso. 

viernes, 16 de marzo de 2012

Preventorio Antituberculoso de Aigües

Hay lugares que se merecen una visita de 24 horas... De hecho, el día se queda corto para contemplar sus formas, reconocer sus olores o escuchar los sonidos que nos agolpan desde sus entrañas. ¿Cuáles son las formas que proyectará su fachada en el ocaso? ¿Qué se sentirá al estar delante de la puerta principal? Dos son las veces que he decidido poner rumbo hacia Aigües, un pequeñísimo municipio que alberga, además de aguas termales (de ahí viene su nombre), una de las edificaciones más codiciadas entre los 'cazafantasmas.' El Preventorio Antituberculoso (más conocido, simplemente, como El Preventorio) constituyó, en sus inicios, el famoso Hotel Miramar, una especie de hotel-balneario para la gente más pudiente, y que acabó destinándose a hospital antituberculoso de niños a partir de la Guerra Civil, dado que la epidemia de 1936 asolaba el país. 

Numerosos son los curiosos que se desplazan cada día (sobre todo, en fines de semana) a un enclave de gran belleza paisajística como éste. La construcción, mayoritariamente de estilo victoriano (bastante romántico para algunos observadores) se alza, seria y distante, en pleno Cabezón de Oro... Y digo distante porque así lo aparenta: es completamente señorial, y da la sensación de que es capaz de mirar por encima del hombro. ¡Qué cosas, diréis! Pues no... Entre la multitud de sensaciones que una persona es capaz de experimentar cuando pone un pie en tierra, una de ellas es que el edificio te observa como ajeno que eres. Además, la sensación de aparcar el coche pegado a la fachada principal es un lujo que todos aquellos que valoramos lo que tenemos deberíamos disfrutar... 


Una vez estacionados en la parte delantera, en concreto, en el ala oeste, podemos contemplar que parte del edificio ya ha sido derribado debido a que los actos vandálicos han deteriorado su estructura. Sin embargo, y con cámara en mano, podemos captar parte de las pequeñas casas alejadas del balneario para quienes no quisieran estar cerca del bullicio, las cuales conservan, además de parte de la cerámica inicial en las paredes, objetos tales como parte de una enorme lavadora de la época, claramente dañada por el paso del tiempo y por las manos del hombre. 


Si continuamos dando un rodeo a la estructura principal, podemos divisar la decoración victoriana de la fachada, con una mampostería espectacular cubriendo los ángulos rectos. Desde luego, el ingeniero y arquitecto Pedro García Faria no escatimó en detalles cuando, en 1838, decidió levantar la edificación principal, que es la que hoy se conserva. Las rejas de hierro forjado aparecen cargadas de detalles oxidados nada despreciables, y cada ventana está situada estrategicamente donde debe estar, con el tamaño adecuado y la cobertura idónea. 

Algo realmente espeluznante es lo que os describo ahora... Desde la puerta principal, y sin necesidad de adentrarnos en sus entrañas, podemos distinguir un pasillo realmente oscuro y frío, que se divide a derecha e izquierda. Al final del mismo, y como si de un filme de terror se tratase, divisamos una puerta totalmente cerrada, con tablones de madera clavados que impiden el acceso más allá de lo visible... Una sensación que es capaz de erizar la piel a cualquiera que se encuentre en esta situación. 

Si atendemos al tejado, construido en 'dos aguas' al igual que en las mejores casas de cuento, podemos comprobar que, aún con el paso del tiempo, se conservan pequeñas cruces en su parte central, poco deterioradas (seguramente porque los vándalos no han llegado tan alto). Muy poco apreciable desde abajo son los azulejos con estrellas de cuatro colores que recorren la parte inferior de la cornisa de toda la construcción... Una estrella de ocho puntas perfecta sobre un fondo blanco colocados a lo largo del bajo-techo sin escatimar en cantidad. Algunos de ellos ya habían caído por causas meteorológicas, y mucha fue la tentación de no traer un pedazo para el recuerdo, pero preferí no hacerlo. 


La parte trasera del edificio quizá sea la más deteriorada... La más oculta de las miradas ajenas y la de más difícil acceso, puesto que la maleza cubre gran parte de, si ya no camino, la parte que se destina a que los visitantes se desenvuelvan a su aire. Para acceder a la puerta principal hay que utilizar un pasillo apuntalado de metal, color rojo oxidado, que se tambalea a cada paso dado. Como si una fuerza mayor te atrajera, es necesario evitar sucumbir a la sensación que, continuamente, te invita a atravesar el umbral de esa puerta... Por más que brille el sol en el exterior (aquel día de invierno hacía una temperatura de lo más agradable), la sensación de frío que se siente cuando uno se encuentra a apenas dos metros de la entrada es un tanto extraña. Ese es el momento idóneo para hacer dos cosas: dejarse llevar por las sensaciones o, simplemente, permanecer fuera y no adentrarse en la dimensión que nos ofrece. Desde ese ángulo podemos, perfectamente, ver el interior de la sala principal... Las paredes todavía continúan pintadas del verde original, y a cerámica que recubre las paredes es más modernista de lo que nunca me hubiese imaginado, con unas tonalidades trapeadas en colores marrón, beige y burdeos nada discretas, cosa que me parece sorprendente para el siglo del que estamos hablando. Si adentramos nuestra mirada hacia el interior, podemos distinguir una gran sala iluminada desde el otro lado (lugar donde se han llevado a cabo las investigaciones esotéricas más conocidas)... Posiblemente se tratase de una especie de recepción o sala de espera, donde los más acomodados esperaban a que, por ejemplo, una habitación fuese liberada. 


Ya en los exteriores, deberíamos destacar la antigua capilla, ahora mismo destrozada y de la que apenas quedan los cimientos. Todavía podemos identificar el altar, aunque ya muy difuso, frente a la parte trasera del edificio... Quizá también se perciba alguna columna relacionada con este antiguo lugar de culto, pero poco queda al respecto, por desgracia, en comparación con una antigua postal que todavía conservo y cuyas estructuras se ven genial.

Deberíamos, también, hacer hincapié en los túneles subterráneos que se comunican con el interior del edificio... Algunos de ellos han sido ya sepultados, para evitar accidentes, pero a la derecha de la capilla todavía se conserva uno cuyas estructuras permanecen casi intactas. Aunque con alguna roca demolida que impediría caminar por su interior correctamente, lo cierto es que cualquier persona de altura media podría desplazarse por su interior con la espalda encorvada sin problemas. 


El viaje de hoy ha llegado a su fin... Como podéis comprobar, muchos son los rincones a los que gente 'normal' tenemos acceso sin necesidad de grandes inversiones. Son lugares con historia, quizá encantados... No lo sabemos. Muchas son las leyendas urbanas que circulan en torno al Preventorio de Aigües y muchos son los que han intentando verificarlas... Yo, por lo pronto, me quedo con lo bueno: nos hallamos ante un edificio que, desgraciadamente, se ha echado a perder con el paso de los años y cuyo propietario actual debería pensar seriamente en rehabilitar. 

Tengo pendiente realizar una nueva visita... Este tipo de lugares necesita más de 24 horas para disfrutarse al máximo.

jueves, 15 de marzo de 2012

Los Paraísos Perdidos

Ya lo decía Iván Ferreiro en una de sus letras... "Deja de llorar por los paraísos perdidos... Nunca los tuvimos porque nunca fueron míos... Solamente están en tu cabeza." En este caso, los paraísos perdidos sí están a nuestro alcance: no sólo están en nuestra cabeza sino que los podemos ver y tocar... Podemos sentir su energía, percibir cuántas han sido las personas que, a lo largo de muchos siglos, han visitado su estructura y aspirar el olor a antigüedad que los rodea. 

He de reconocer que la fotografía es una de nuestras pasiones... La cosa apenas queda en una afición amateur con una cámara de fotos del montón, pero si lo unimos al hobbie de visitar 'lugares con encanto', totalmente recónditos y olvidados en la historia, el resultado está claro. Nos hallamos ante un proyecto que llevo un tiempo queriendo iniciar, para mostrar al público una de las cosas que más me gustan, que es esa amalgama uniforme formada por la visita al sitio en cuestión y la toma de instantáneas: "Excursiones para Normales" es un punto de encuentro donde se recogen las sensaciones que pueden experimentarse al visitar lugares 'normales' a los que puede acceder cualquier persona 'normal'... No es necesario un gasto excesivo (a veces no es necesario el gasto siquiera) para disfrutar de todo lo que nos puede ofrecer un casco histórico, un edificio abandonado o un monumento cualquiera.  

Subíos de copiloto en nuestro coche y... ¡Emprendamos un viaje! Será largo y, cuanto antes comencemos, antes llegaremos... :)